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Amor propio: el compromiso sagrado
Dr. Pinkie Feinstein
Capítulo 1: El origen, la causa y el camino hacia todo lugar
El amor propio es una de las tareas más importantes en la vida del ser humano y uno de los desafíos más significativos que se puedan imaginar. Todo lo que una persona posee, todo lo que podrá hacer, cambiar y afrontar, se deriva del nivel de amor propio que tenga.
El amor propio es el hogar interior, el motor principal, la base desde la cual se parte hacia cualquier lugar y la condición para la existencia de cualquier otra forma de amor que una persona desee sentir y profundizar.
Este libro abordará diversos aspectos del concepto de “amor propio” con el objetivo de acercar a las lectoras y a los lectores, así como a quienes escuchan, a la verdad sobre el amor propio, y más aún, a la capacidad de sostener con uno mismo una relación basada en cantidades crecientes de amor limpio, auténtico, valiente y no negociable.
El amor propio es un desafío universal. Cuantas más personas se amen verdaderamente a sí mismas, más se reducirán las guerras, la pobreza, las dificultades, la contaminación ambiental, las enfermedades, el sufrimiento y el dolor.
Cuanto más se amen las personas, más tranquilas estarán, más enfocadas en lo que realmente es necesario para su desarrollo, y menos ocupadas en luchas innecesarias o en causarse daño a sí mismas y a su entorno.
Iniciamos este camino con la pregunta más compleja y, sin embargo, tan importante: ¿qué es el amor?
Es una pregunta difícil de responder y quizá ni siquiera sea posible dar una respuesta completa y definitiva. Aun así, esta pregunta y las reflexiones que despierta son fundamentales en el camino del ser humano hacia su verdad, hacia su salud mental y hacia su capacidad de construir dentro de sí un espacio que le permita transitar la vida de una manera más placentera y satisfactoria.
En lo profundo de nuestro ser, no necesitamos realmente esta pregunta, porque ya sabemos muy bien qué es el amor. El problema es que aquello que existe dentro de nosotros no siempre nos resulta accesible y no forma parte del conjunto de herramientas que utilizamos en la vida cotidiana.
En lo más hondo hay en nosotros una sabiduría amplia, antigua, profunda y sin límites. En lo profundo sabemos todo lo que necesitamos saber sobre el amor. Sin embargo, cuando estamos aquí, en esta tierra, en esta vida, tenemos una clara tendencia a olvidar lo que nuestro corazón sabio ya sabe. En su lugar, generamos dudas, miedos y una variedad de comportamientos y formas de pensamiento que nos alejan considerablemente de aquello que está allí, en silencio, detrás del ruido, profundamente inscrito en nuestro ADN emocional.
Y esta es precisamente la razón por la cual decidimos dedicar tantos recursos a conocer el amor propio, a practicarlo, a aplicarlo, a comprenderlo, a incrementarlo y a fortalecerlo.
Lo hacemos porque solo a partir de la experiencia del amor propio podremos recordar y reconectarnos con el amor original que habita en nuestro interior, que nos trajo hasta aquí y que nos acompaña en silencio, entre bastidores, desde el día de nuestro nacimiento hasta nuestra despedida de este ciclo de vida.
Si el amor es importante para ti, entonces el amor propio debería ser tu objetivo número uno, porque solo a través del amor propio es posible entrar en contacto, de manera clara y sin interferencias, con la esencia original, poderosa, ilimitada y llena de energía de la que está hecho el amor.
Aquí, como seres humanos, como seres mortales, tenemos limitaciones que nos permiten vivir en este mundo, pero que también restringen la profundidad de la experiencia que somos capaces de sostener. Una de las “consecuencias secundarias” de estas limitaciones es un gran alejamiento de nuestra capacidad para contener, sostener y trabajar con el amor.
La única manera de reducir en cierta medida estas limitaciones, sin alterar el equilibrio emocional existente ni el funcionamiento necesario para la vida cotidiana, es a través del cultivo gradual y constante del amor propio, mediante la práctica, la renovación de creencias fundamentales, la aplicación concreta y, una y otra vez, la práctica.
El amor propio nos permite atravesar cambios al ritmo adecuado y renovar nuestras capacidades emocionales sin experimentar desestabilización ni sacudidas profundas.
El amor, o su ausencia, es el origen, la causa y el camino de todo, incluso cuando esto no es evidente a primera vista. En el fondo de nuestro corazón nos levantamos cada mañana para buscar nuestro amor, trabajamos por él, nos encontramos con personas por él, nos alimentamos en su búsqueda, cambiamos de casa en su búsqueda e incluso modificamos nuestro estado familiar si eso es lo que se necesita para continuar el camino hacia el amor.
El amor también está relacionado de manera negativa con la forma en que suceden las cosas, debido al alejamiento de él y a su carencia. Con un alto grado de certeza, se puede suponer que todo aquello en la vida del individuo y de la comunidad que está relacionado con el daño, la enfermedad, el sufrimiento, los conflictos, los estancamientos o las complicaciones de distintos tipos, tiene su origen en la falta de amor.
Cuando el amor está presente, las cosas fluyen mejor y tienden a desarrollarse, a cambiar para bien, a renovarse y a mejorar. Cuando el amor falta, ocurre lo contrario: esfuerzo excesivo, obsesividad, malentendidos, falta de escucha, falta de empatía, un enfoque excesivo en lo que genera miedo y, finalmente, manifestaciones de violencia entre la persona y su entorno, entre la persona y los animales y, por supuesto, entre personas.
De aquí se deriva una responsabilidad profunda del ser humano: conocer el amor desde dentro, desde el lugar más auténtico y limpio posible.
Una persona que no puede amarse a sí misma limita su capacidad de amar a los demás. Una persona que no puede amarse a sí misma limita su capacidad de dar a otros desde un lugar correcto, saludable y fortalecedor. Una persona que tiene dificultades para amarse a sí misma espera que el entorno sienta como ella y, de algún modo, influye en los demás para que tampoco se amen a sí mismos.
Si tienes un deseo que anhelas realizar, el amor propio es el primer recurso que querrás convocar para aumentar tus posibilidades de éxito en tu nuevo camino.
Si hay aspectos que necesitas cambiar, el amor propio es la fuerza de apoyo y de estabilidad que te permitirá superar las resistencias al cambio y te otorgará el impulso y el optimismo necesarios para hacer lo correcto, a pesar de los temores y de la incertidumbre.
Aunque en este momento pueda sonar un poco poco claro o incluso poco lógico, te invito a sentir esta posibilidad: el amor es el origen, la causa y el camino hacia todo lugar.
Nuestra mente lógica exige, y con razón, pruebas y explicaciones precisas para aceptar distintos supuestos, declaraciones o visiones del mundo. En este momento, en el que deseamos cultivar el amor propio porque nos resulta evidente que es lo correcto, podemos permitirnos un tiempo de pausa, al menos por ahora, y contemplar una idea que no siempre cuenta con un respaldo científico completo: el amor es el origen, la causa y el camino hacia todo lugar.
Esto significa que el amor te envió hasta aquí para leerme o escucharme. Significa que el amor te llevó adonde estás, incluso a aquellos lugares supuestamente no deseados o considerados poco agradables. El amor es la razón por la que nos encontramos aquí y también la causa silenciosa y oculta de todo lo demás que sucede, o de todo aquello que se desmorona, ya sea por su ausencia o por su influencia benéfica, que permite que lo que ya no está vigente se disuelva y se transforme.
El amor es el camino y la ruta hacia una vida mejor, y quizá esto ya lo sepas. Sin embargo, lo que convierte al amor en una herramienta práctica y en una fuerza accesible para el ser humano es el amor propio.
El amor propio es tu pase de entrada al espacio más saludable y sabio que existe en la tierra. Es tuyo, es nuestro, y estamos aquí para hacer que forme parte inseparable de nuestras vidas y también de la vida de quienes están cerca de nosotros.
Práctica
Sonrisas frente al espejo 1
Una de las herramientas más importantes para devolver el amor propio a la persona. Debido a su gran importancia y eficacia, la práctica de sonreír frente al espejo aparecerá muchas veces a lo largo del libro, tanto en los ejercicios como en algunos capítulos de lectura.
El espejo representa el encuentro de la persona consigo misma y la forma en que se relaciona emocionalmente con ella. Te recomiendo practicar sonrisas frente al espejo. Por ahora nos conformaremos con sonrisas breves, sonrisas tímidas, sonrisas superficiales, sonrisas sencillas, para comenzar a acostumbrarnos, para empezar a recordar.
Comunicación interna
Un espacio inmenso para la práctica y el cambio en el amor propio.
¿Cuál es el lenguaje que utilizas en tu diálogo contigo mismo o contigo misma? Dediquemos atención a examinar este tema. ¿Las expresiones de amor forman parte de la manera en que te hablas?
Cuidado personal
¿Qué es lo que necesitas ahora, algo que sea accesible y que, sin embargo, no te has brindado desde hace demasiado tiempo?
¿Qué gesto amable hacia ti podría dibujar una sonrisa en tu rostro en estos días?
Capítulo 2: ¿Cómo se llama tu Dios?
El concepto de “Dios”, en determinados contextos, puede convertirse en una fuente de tensiones, discusiones, malentendidos e incluso de violencia entre las personas.
Hay quienes tienen una visión del mundo laica y prefieren incorporar menos los conceptos de “Dios” o “divinidad” en sus pensamientos, en su lenguaje o en aquello con lo que tienden a vincularse. Algunos de ellos son muy firmes y categóricos en su rechazo a introducir asuntos que siquiera les recuerden una referencia con un matiz teológico. Hay otras personas cuya concepción de la divinidad no está realmente definida y que no descartan nada. También hay quienes se definen a sí mismos como “religiosos” de algún tipo, y de ello se deriva en gran medida su visión del mundo respecto al concepto de “Dios”.
Y hay personas, entre las cuales me incluyo, que ven el concepto de “Dios” como una visión del mundo profundamente personal y privada, que no sigue reglas específicas ni definiciones precisas sobre cómo “Dios” debería ser, y que tampoco se expresa necesariamente a través de prácticas como oraciones o rituales.
Pero, aparentemente al menos, no estamos aquí para ocuparnos de estos temas. Estamos aquí para preparar el terreno para el cultivo del amor propio de la manera más profunda y beneficiosa posible.
En el camino hacia allí nos preguntamos “¿qué es el amor?”, y no siempre sabemos dar una respuesta detallada y precisa. En el camino procuraremos abrir el corazón y no cerrarlo. Procuraremos ampliar nuestro espacio interior al explorar nuestros propios conceptos de amor y los conceptos de amor en general. Procuraremos alejarnos de mitos limitantes, de prejuicios restrictivos y de estereotipos que solo perpetúan nuestros miedos.
Entonces, ¿por qué Dios entra en esta conversación? ¿Cuál es el papel de este concepto que representa aquello que es más grande y más amplio que nosotros, cuando profundizamos en la reflexión sobre el amor y nos preparamos para un camino que nos brinda los fundamentos del amor propio?
La respuesta es, en verdad, muy sencilla, sencilla y desafiante a la vez.
Por ahora, quiero proponerte algo que quizá ya hayas escuchado antes, pero que es importante revisar para afinar nuestros conceptos de amor. Quiero invitarte a vincular el concepto de “Dios” con el concepto de “amor”, y a suponer, solo a los fines de nuestra conversación y de nuestro crecimiento, que en gran medida estos dos conceptos son uno solo. Dios es amor y el amor es Dios.
Y efectivamente, muchas veces el amor, al igual que Dios, es percibido como algo más grande que la vida misma. Con frecuencia parece que el amor nunca se alcanza del todo y que es difícil sostenerlo durante mucho tiempo. El amor, como Dios, puede encontrarse casi en cualquier lugar, si lo buscamos y si observamos con suficiente atención.
También en tu enemigo hay amor, y también en quien ahora está enojado contigo, se ha alejado de ti, te ha despreciado, te ha herido, se ha sentido herido por ti o simplemente ha desaparecido. En todos ellos habita algún tipo de amor, y es posible encontrarlo si abrimos el corazón, lo suavizamos un poco y nos permitimos relajar la tensión emocional que se ha construido frente a ciertas personas.
El amor, como Dios, trasciende fronteras y no se encuentra solo en los seres humanos. Hay amor entre los animales, e incluso las plantas responden de manera positiva a las expresiones de amor. El amor, como Dios, es en gran medida infinito, no tiene principio ni fin. Estaba aquí antes que nosotros y permanecerá aquí después de nosotros.
El amor, como Dios, es un concepto muy difícil de comprender y en torno a él giran innumerables opiniones. El amor, como Dios, interesa a millones de personas y representa, al igual que el concepto de “Dios”, una aspiración humana hacia algo más elevado, más amplio, más grande y más abarcador.
Para algunas personas, el amor puede representar el lugar donde el caos que caracteriza la vida humana en la Tierra adquiere proporciones, una explicación más simple y una orientación sobre el camino correcto. De manera similar, para muchas personas funcionan también los conceptos de divinidad. Necesitamos amor, y probablemente necesitamos algún tipo de Dios propio, ya sea que esto nos parezca lógico o que lo consideremos una gran e ingenua invención.
Seguiremos ampliando este concepto, que con el tiempo puede ayudarnos mucho en nuestro camino hacia el fortalecimiento del amor propio. Esta detención en los temas de divinidad y de Dios no tiene como objetivo convencer, influir o presentar una forma u otra como la supuestamente correcta para relacionarse con este concepto tan sensible y cargado que es Dios.
Existen intelectuales laicos que presentan la creencia en Dios como una especie de creación de un “amigo imaginario”. Esta postura a veces contiene un tono de condescendencia o de desprecio, y en otras ocasiones refleja la incomodidad de personas muy inteligentes cuando se encuentran con conceptos que no encajan con la manera en que comprenden sus vidas y la realidad en general. Estos conceptos son percibidos por ellos como carentes de fundamento y, por lo tanto, innecesarios.
Pero para nosotros, en este viaje, el “amigo imaginario” es una de las herramientas más importantes y esenciales para comprender qué es el amor y para crecer, a partir de él, hacia un amor propio que se expande, se fortalece y se consolida como una de las herramientas de sanación personal más valiosas que una persona puede darse a sí misma.
Para nosotros, independientemente de nuestras creencias, el concepto de un “amigo imaginario” que vive dentro de nosotros y nos ama de manera incondicional y creciente, un “amigo” con quien podemos consultar, a quien podemos llorar, y tal vez, a medida que nos desarrollamos, incluso escuchar sus palabras de amor, solo sirve para promover nuestros propios intereses y para abrir nuestro corazón a los conceptos del amor.
Entonces, ¿cómo se llama tu Dios?
¿Es un Dios suave y envolvente? ¿Es un Dios que te conoce plenamente, con todas tus partes, y que aun así te ama, te sostiene, te contiene, te acepta y te nutre?
Creo que la capacidad de sentir amor es también la capacidad de sentir al Dios que habita en nuestro interior, lo maravilloso, lo universal, lo infinito y lo inmenso que existe en algún lugar dentro de nosotros. A medida que avancemos hacia el amor propio, será ese mismo Dios interior quien, a través de nuestras acciones y pensamientos, expresará un amor total y sin límites hacia nosotros. Su amor por nosotros será como el amor de un padre o una madre que se deleita en su hijo y hace todo lo posible por brindarle las condiciones necesarias para un crecimiento significativo y una vida plena.
Todo esto es válido independientemente de tus creencias o de tu falta de creencias. No depende de que seas laico, tradicional, ultraortodoxo o ateo para desafiar al alma en la comparación entre los conceptos de “amor” y “Dios”.
Lo queramos o no, nuestra alma ha tocado muchas veces los asuntos de Dios y ha construido para sí alguna forma de visión del mundo. En algún lugar dentro de nosotros siempre existirá un diálogo sobre este tema, y muchas preguntas seguirán surgiendo, y así debe ser.
No estamos obligados a seguir haciéndonos preguntas sobre la integración de este concepto supuestamente religioso en el camino hacia el cultivo del amor propio. Podemos olvidarlo y seguir adelante, y eso estará perfectamente bien y no dañará el proceso. Pero hay entre nosotros personas que necesitan enfoque y comparación entre el sentimiento más maravilloso de todos y aquello que representa lo que es más grande que el ser humano. Para ellas, conviene que esta pregunta, que conduce silenciosamente al reconocimiento del amor, siga siendo formulada: ¿cómo se llama tu Dios?
Práctica
Sonrisas frente al espejo 2
¿Quién es la persona que encuentras varias veces al día frente al espejo?
¿Esa persona necesita un trato especial?
¿Qué sucede cuando esa persona es descuidada y no recibe una atención amorosa?
Intentemos prolongar la sonrisa frente al espejo durante diez segundos y veamos qué ocurre.
Comunicación interna
¿Qué te parecería, incluso si tu estado de ánimo no es especialmente agradable, acostumbrarte a decirte expresiones directas de amor?
¿Cómo se siente el alma cuando la frase “te amo” se pronuncia dentro de ella más veces a lo largo del día?
Cuidado personal
¿Hay algo que, gracias a tus intenciones de amor propio, podrías reducir, disminuir o incluso dejar en el futuro cercano?
¿Qué cosa que te daña ya no es necesaria y puedes decidir evitar en la medida de lo posible, porque eliges amarte?
Capítulo 3: Cumbres del placer, aquí y ahora
Una de las cosas que más ocupa a los seres humanos es el placer. Freud escribió extensamente sobre el papel decisivo del placer y sobre su búsqueda en la vida humana y en la sensación de estabilidad emocional. Él vio el placer como un factor ligado principalmente a la satisfacción de impulsos básicos, sobre todo en el ámbito de la sexualidad. Sin embargo, el ser humano está mucho más desarrollado que el animal, y puede recibir y generar placer también a partir de fuentes diversas y profundas que no se limitan a la satisfacción de los deseos del cuerpo.
Para el ser humano, una de las fuentes más puras, saludables y limpias de placer se encuentra en la experiencia plena y poderosa que surge del contacto interno con el sentimiento del amor. Probablemente no exista un placer más importante y significativo para una persona que aquel que está ligado al sentimiento más deseado sobre la faz de la tierra. El amor propio, desde esta perspectiva, es una capacidad única que existe dentro del ser humano para conectarse con fuentes de placer que habitan en el interior del individuo, incluso antes de unirse a otra persona, antes de tocar o ser tocado, antes de hablar, de establecer un vínculo, de saborear, de palpar o de besar.
No existen suficientes palabras para describir el placer tan elevado, satisfactorio y sanador que acompaña a los momentos en los que una persona logra, de manera auténtica, limpia, simple y directa, amarse a sí misma. En esos momentos, la persona se calma del hambre de otras necesidades relacionadas con la búsqueda de placer y de tranquilidad mental. En esos momentos, la persona se conecta consigo misma y se despide de toda sensación de carencia, preocupación, temor o angustia. El placer del amor propio es inconmensurable, sin precedentes y no comparable con ningún otro tipo de placer. Sin embargo, para acceder a este placer es necesario recorrer un camino significativo que coloque al amor propio en el lugar que le corresponde y que fomente su práctica y su cultivo.
Cuando una persona comienza a reconocer el amor que existe en ella hacia sí misma, no tiene límites. Esta sensación de amor propio es como una especie de aire agradable y dulce que se expande desde el interior, calienta el cuerpo y el alma, consuela cada rincón de dolor y borra toda frustración derivada de la falta de amor o de atención por parte del entorno. Cuando una persona comienza a realizar la capacidad natural de amarse a sí misma, sin desperdiciar recursos en la necesidad de agradar a los demás o de compartir con ellos partes de su placer privado, se convierte en dueña de su placer, en alguien que siente un control positivo sobre su capacidad de enriquecer su vida y de generar alegría desde la nada.
Es importante señalar ya en las primeras etapas del proceso que el amor propio no separa ni aísla a la persona de su entorno, ni vuelve innecesarias las maravillosas fuentes de placer que el entorno ofrece, como el contacto con otra persona, los vínculos amorosos y el placer sensorial en todas sus formas. Todo lo contrario. El amor propio permite experimentar todo esto desde un lugar más estable, más poderoso y con una mayor capacidad de contener placer y satisfacción sin caer en la adicción, la dependencia, el distanciamiento o el miedo.
Cuanto más una persona practica el amor propio y cuanto más logra experimentarlo de manera plena, más aprende a reconocerlo como una fuente y una base para todos los demás tipos de placer. El amor propio enseña a la persona a experimentar plenamente, a perder límites de forma precisa sin perder el control, y a regresar a la base estable y madura una vez que la intensidad del placer se disipa y se desvanece.
Aquí es importante enfatizar la relevancia de la sonrisa frente al espejo. Sonreír al espejo es una acción aparentemente simple, una acción que encierra enormes dosis de placer si nos entregamos a ella y la repetimos a pesar del cinismo y del temor, a pesar de las dudas y de los prejuicios. La sonrisa frente al espejo puede mostrarle a la persona, de manera inmediata y clara, el nivel de amor propio que existe en ese momento, o el grado de capacidad para cultivarlo y fortalecerlo. Pero es importante destacar que la sonrisa frente al espejo también puede desarrollar esta capacidad, independientemente de su nivel actual.
Sonreír al espejo puede ayudarnos enormemente a convertirnos en personas que realmente se aman a sí mismas. Una sonrisa simple, sin gran dificultad, hacia nosotros mismos, a través del espejo. Y mucho placer. Cuando se sonríe al espejo durante unos pocos segundos, es posible sentir una sensación ligeramente agradable, pero no mucho más que eso. Cuando se sonríe durante quince o veinte segundos consecutivos, las resistencias comienzan a disiparse. Así de simple.
Cuando se sonríe al espejo durante treinta segundos o más, la autocrítica excesiva, la necesidad de huir y otros miedos se desvanecen, y en cierto momento comienzan a aparecer corrientes de placer del amor propio. La persona empieza a recordar emocionalmente que existe amor dentro de ella, y entonces puede conectarse con el hecho de que ese amor es una especie de flujo vital que renueva el optimismo, la esperanza, la autocompasión, el humor y la calma interior.
Cuando se sonríe al espejo durante al menos un minuto completo de manera continua, incluyendo volver a sonreír si la sonrisa se debilita, puede surgir una emoción auténtica y muy significativa, una emoción que a menudo se busca durante largos períodos en muchos lugares distintos y sin demasiado éxito. En el fondo, eso es lo que buscamos sin darnos cuenta. Buscamos esos momentos de conexión plena y perfecta en los que el alma siente que ha llegado a casa, que está completa y estable, y que no tiene ninguna razón para estar en tensión, en preocupación o en inquietud.
Cuanto más el arte y la habilidad del amor propio se convierten en un compromiso más profundo y práctico en la vida de una persona, más comprende la enorme importancia del placer y la capacidad de acceder a él con mayor frecuencia y con una calidad superior. Una persona que se ama a sí misma se permite, con toda legitimidad, tiempos de placer frecuentes y accesibles. Una persona que se ama a sí misma no se enreda en sentimientos de culpa por disfrutar de su vida más que antes, ni hace cálculos internos comparándose con el grado de placer que experimentan otras personas.
Una persona que reconoce el lugar del amor propio en la experiencia del placer comprende, por fin, que privarse del placer no servirá a los demás, y que lo único que puede hacer por ellos es alentarlos a encontrar también su propio amor propio. Muchísimas personas tienen dificultades para interiorizar este mensaje claro, simple y tan significativo, la necesidad de aumentar las experiencias de placer positivo en la vida cotidiana como condición para una vida más saludable, satisfactoria y fortalecedora.
Cuando una persona experimenta placer positivo, su cuerpo se reorganiza, se sana, se calma, se equilibra y se renueva. Una persona que no puede concederse cantidades crecientes de placer es una persona que sufre más, que vive más contraída y que es más vulnerable. Al elegir el camino del amor propio, un camino exigente que requiere una decisión adulta y constante de darse y cultivarse a uno mismo, se elige también un camino con menos dolor, menos sufrimiento y muchas más posibilidades de alegría y de liberación de conflictos prolongados.
Y este es el propósito, encontrar dentro de nosotros y en nosotros mismos el placer especial que surge al reactivar y realizar el amor que ya existe en nuestro interior, independientemente de la presencia de otra persona, independientemente de lo que demos a alguien o de lo que recibamos de alguien. El amor propio brota desde dentro, se fortalece gracias a nuestras iniciativas de amor propio, nos llena de un placer adecuado que no conduce a la caída ni a la decepción, y nos enseña cómo experimentar los aspectos positivos de la vida de una manera correcta y nutritiva.
La vida humana está llena de posibilidades de placer negativo, relacionadas con adicciones y con el daño. Con frecuencia descubrimos que la tendencia hacia experiencias de placer negativo está estrechamente vinculada a la falta de amor propio. Esta carencia lleva a la persona a sentirse siempre dependiente del entorno para experimentar placer, y a carecer de confianza en su capacidad para sentir una satisfacción estable y duradera.
Las sonrisas frente al espejo, repetidas y progresivamente prolongadas, comienzan a devolver a la persona su capacidad de placer positivo, un placer que siempre estará disponible y cuyo efecto podrá reforzarse y potenciarse de vez en cuando. Esto es el amor propio, y esta es la razón de todo esfuerzo que dediquemos a alcanzarlo y a desarrollarlo, desde ahora y para siempre.
Práctica
Sonrisas frente al espejo 3
¿Por qué un gesto tan pequeño es tan importante? Porque crea realidad, porque establece realidad. El espejo nos recuerda que estamos presentes y que tenemos emociones. El espejo también refleja nuestras máscaras. ¿Cuántas veces al día sonreíste al espejo?
Comunicación interna Carta de amor propio 1
El amor propio es una habilidad aplicada. ¿Qué te parece escribir ahora una carta de amor y de aprecio hacia ti mismo o hacia ti misma, de tu puño y letra, de media página a una página? Esta carta contendrá únicamente apoyo, amor, comprensión y empatía hacia ti.
Honrar tus anhelos
¿De qué cosas en tu vida has sentido nostalgia pero has dejado de atender últimamente? ¿Qué puedes devolver ahora a tu vida desde el amor propio, sin grandes esfuerzos?
Capítulo 4: Narcisismo, egoísmo y todas las demás tonterías
Antes de abordar en detalle los conceptos erróneos, distorsionados y confusos sobre el amor propio, así como los numerosos estereotipos y prejuicios en torno a una de las cosas más maravillosas que una persona puede hacer por sí misma, quiero decir algo que no es en absoluto evidente, que no es lo suficientemente conocido ni reconocido, y de lo que no se habla lo suficiente.
Existe un miedo personal y colectivo al amor propio. A este miedo se le pueden dar explicaciones parciales, pero algunas de sus dimensiones permanecen poco claras y quizá solo puedan comprenderse a través de una mirada espiritual y amplia del fenómeno. Antes de intentar comprender este miedo, necesitamos observarlo, reconocerlo, admitir su existencia y no huir de él ni de sus consecuencias de gran alcance.
Los seres humanos temen amarse a sí mismos. Los seres humanos aprenden a retraerse del amor hacia sí mismos. Las personas temen hacer lo más importante y decisivo de sus vidas, fortalecer sus emociones positivas, en primer lugar hacia sí mismas, hacia la persona más importante de sus vidas.
Este miedo, que ciertamente puede investigarse y trabajarse, cuando no está suficientemente expuesto ni se convierte en objeto de conciencia y de trabajo, determina en gran medida la forma y la calidad de la vida de una persona sin que esta lo advierta. La falta de amor propio conduce a una especie de adicción en la que la persona ni siquiera es consciente de esa carencia, y vive en círculos estrechos de limitación y frustración mientras cree que no es posible vivir de una manera más beneficiosa.
El miedo al amor propio moldea a personas que no son en absoluto conscientes de la posibilidad de esta experiencia, y mucho menos del camino para fortalecerla, cultivarla y utilizarla como una herramienta maravillosa para afrontar mejor los desafíos de la vida.
Este es el momento de explicar y enfatizar que, precisamente en nuestros momentos más difíciles, frustrantes y bajos, tenemos la capacidad de apoyarnos en el amor propio para mejorar la situación, no solo en ese instante, sino también como una forma de mejorar la manera en que enfrentaremos situaciones futuras, gracias al precedente que creamos cuando nos brindamos un poco de atención positiva en el corazón de una crisis. El alma recuerda favorablemente pequeños gestos de amor, como una sonrisa furtiva frente al espejo, precisamente cuando estamos enojados, tristes o incluso desesperados. Ese pequeño esfuerzo por devolvernos amor propio queda registrado en el sistema, fortalece a la persona a largo plazo y acorta la duración de la crisis actual.
Sin embargo, mientras temamos el amor propio y, a partir de ese miedo, permanezcamos ignorantes y carentes de comprensión sobre él, el amor propio no estará a nuestro alcance y sufriremos más por cada conflicto, cada malentendido y cada fricción que de todos modos surgirán entre nosotros y lo que la vida nos presenta. Debemos abordar este miedo tanto mediante explicaciones como a través de la práctica misma del amor propio, ya que allí donde existe amor, el miedo no tiene posibilidad alguna de existir.
Entonces, ¿qué es el narcisismo?
El narcisismo es un fenómeno emocional descrito hace muchos años y también vinculado a un mito literario, el del joven que se enamoró profundamente de sí mismo y, al ver su reflejo en el río, intentó acercarse tanto a él que terminó ahogándose. Es posible comprender que este mito es también una proyección de los miedos humanos al amor propio, una proyección que genera distorsiones, exageraciones e imprecisiones.
El narcisista es una persona vacía por dentro. Es una persona dolorida, carente, en la que casi no hay amor ni confianza en el amor. El narcisista se encuentra en una angustia tan profunda y con una carencia tan grande de amor o de autoestima, que se inventa una historia en la que él o ella es maravilloso, encantador y significativo. El narcisista busca e incluso exige una atención excesiva de los demás y se comporta con una importancia personal exagerada no porque tenga mucho amor propio, sino exactamente por lo contrario, debido a su profunda y permanente carencia.
Los narcisistas son el peor ejemplo de amor propio y también una de las razones por las que tememos tanto amarnos a nosotros mismos, por miedo a convertirnos también en personas así.
Pero ocurrirá exactamente lo contrario. Cuanto más nos amemos, más llenos nos sentiremos, más tranquilos, más relajados, más seguros y menos necesitados de la aprobación social para existir, para sentirnos valiosos o para sentirnos queridos.
Quien desea alejarse de su propio narcisismo, porque en cada uno de nosotros hay un poco, puede hacer una sola cosa, practicar y fortalecer el amor propio, aprender a llenarnos de emociones positivas y luminosas desde dentro, desde la fuente abundante que siempre ha existido en nuestro interior.
Así, el amor propio no solo no es narcisismo, sino que representa exactamente su opuesto. El narcisista es una persona que sufre de vacío emocional. En cambio, una persona que se ama a sí misma disfruta de una plenitud emocional y de una mayor capacidad para afrontar los desafíos de la vida de manera más eficaz y creativa.
¿Y qué hay entre el amor propio y el egoísmo?
¿Cuántas veces nos hemos escuchado a nosotros mismos, o a otros, reprochar o ser reprochados por actos o decisiones que tienen un tinte de egoísmo, es decir, una preocupación excesiva por nuestros propios intereses, a veces incluso antes que por los intereses de los demás?
Pues bien, esta es una de las mayores mentiras que nos hemos contado, especialmente a nivel social. Es una mentira que difumina la realidad emocional auténtica de cada persona, una mentira que sirve a una necesidad social distorsionada de mantener a todos los miembros del grupo o de la tribu fieles a los códigos sociales, a costa de descuidar sus necesidades personales.
Según muchas concepciones, de este modo la sociedad puede seguir existiendo gracias a la contribución constante de personas que supuestamente prefieren el bien colectivo por encima de su propio bien. Este es el mensaje a nivel público, familiar y grupal sobre lo que se supone que debe ser, lo que es correcto que sea y lo que está prohibido que sea. Y no lo es. Es una tontería, una tontería distorsionada e incluso peligrosa.
Porque toda persona, en cualquier lugar y en cualquier situación, es ante todo egoísta. Todo ser humano está diseñado para pensar primero en sí mismo, y eso es correcto y apropiado. Una madre que se sacrifica por sus hijos lo hace porque, de lo contrario, no podría mirarse a sí misma a los ojos en el espejo. Actúa según sus valores.
Toda persona, incluso el más altruista y el mayor voluntario, hace todo lo que hace por sí misma, bajo el manto de la contribución al entorno. Lo hace porque así es correcto y adecuado para ella, porque eso es lo que le permite sentirse una buena persona y porque es lo que su alma desea hacer. Es su elección, y siempre está motivada por necesidades y valores egoístas, y no hay nada de malo en ello.
Podemos observar este mismo tema desde una perspectiva aún más importante y práctica. Si la sociedad en la que vivimos, o cualquier grupo de referencia, realmente desea nuestro bienestar, debería ayudarnos a fortalecer y desarrollar nuestro amor propio. Si la sociedad que ha cultivado en nosotros el miedo al egoísmo realmente quiere que la sirvamos de la mejor manera, que no nos alejemos ni la abandonemos y que le demos lo mejor de nosotros, debería dejar de exigirnos pruebas constantes de lealtad y consideración hacia los demás, y en su lugar alentarnos a una mayor autoestima, a una mayor consideración hacia nosotros mismos, a una mayor compasión hacia nosotros mismos y a una mayor comprensión de nosotros mismos.
Solo entonces el resultado será mucho mejor. Una persona que se ama a sí misma siente plenitud, satisfacción y deseo de dar, de ayudar y de influir positivamente. Una persona así aporta su energía a los demás con alegría, sin sacrificar sus propias necesidades. Una persona así, egoísta en el sentido positivo de la palabra, es la mejor persona para sí misma, para su familia y para la sociedad en la que vive.
Es una persona que comprende la profundidad del amor propio y es la persona que todos quisiéramos ser, alguien que canaliza correctamente las emociones positivas hacia el interior y, desde allí, puede florecer maravillosamente hacia el exterior.
Práctica
Auto admiración
Un concepto que puede sonar aterrador, infantil o inapropiado. Sin embargo, en lo profundo, todos deseamos sentirnos admirados de vez en cuando. De hecho, lo necesitamos. Escribe al menos cinco frases que comiencen con las palabras “Realmente te admiro por…” Y si resulta difícil o incómodo, escribe aún más.
Detenerse y descansar cuando es necesario
Muchos de nosotros llevamos un estilo de vida excesivamente exigente, a veces sin una razón justificada. Parte de ello es una huida de nosotros mismos. Para amarnos a nosotros mismos necesitamos reunir el coraje de encontrarnos con nosotros, detenernos, descansar, observar la vida durante diez minutos sin hacer nada en particular, y quizá sentir un leve cosquilleo de amor propio que emerge por sí solo.
¿Quiénes son las personas con las que te sientes más cómodo contigo mismo o contigo misma? ¿Pasas suficiente tiempo en relación con ellas? ¿Quiénes son las personas con las que te sientes menos cómodo contigo mismo o contigo misma? ¿Te desgastas al exponerte en exceso a ellas? ¿Qué dice tu amor propio al respecto?
Capítulo 5: ¿Quien se ama a sí mismo no ama realmente a los demás?
Todo lo contrario. Exactamente lo contrario.
Quien no se ama a sí mismo expresa sentimientos hacia los demás desde un vacío relativo, desde una incomprensión básica de la experiencia del amor y, muchas veces, desde motivaciones ocultas que no tienen ninguna relación real con el amor. Parece que para la mayoría de las personas resulta más cómodo amar a otra persona que amarse a sí mismas. Esta es una norma social que aleja a las personas del conocimiento, de las herramientas y de la comprensión de la importancia del amor propio.
El amor propio es la base de todo tipo de amor. Es la raíz, la carga fundamental y el ejemplo interno de la esencia del amor, de sus leyes y de las posibilidades que lo atraviesan. Todo ello toma forma y dirección cuando el cultivo del amor propio se convierte en un objetivo importante en la vida de una persona.
Una persona que no dedica atención, enfoque, práctica y motivación al amor propio se encontrará, de una manera u otra, involucrada en acciones, relaciones, acuerdos o situaciones que la dañan una y otra vez. La razón es simple. No existe un vacío en la psique humana. Allí donde falta el amor propio se crea una especie de pozo emocional que rápidamente se convierte en una fuente de emociones negativas que inevitablemente arrastran a la persona por caminos de dolor y sufrimiento. La ausencia de amor propio implica dificultad para valorarse, dificultad para nutrirse, dificultad para apoyarse, dificultad para creer en uno mismo, y mucho más.
La carencia de amor propio conduce inevitablemente a un daño progresivo en la imagen que la persona tiene de sí misma y, como consecuencia, a una implicación creciente en el deterioro de su calidad de vida en el plano de la salud, de la familia, de la economía, del trabajo o en otros ámbitos. La persona lleva sus carencias a cada lugar al que va y a cada contacto que establece con los demás.
Cuando una persona así desea amar a otra y desarrollar una relación con ella, se ve obligada a gastar demasiados recursos en lidiar con la falta de amor propio y con todas sus consecuencias. A esa persona le queda muy poco para ofrecer y, naturalmente, su capacidad de brindar amor de manera plena y estable a otra persona se ve seriamente afectada.
Y no nos confundamos. Personas con una baja conciencia del amor propio, con una aplicación limitada de este y con una presencia débil del mismo, pueden mostrar a veces una gran entrega y una amplia capacidad de dar dentro de una relación. Personas dispuestas a dar de sí mismas e incluso a sacrificarse por otra, mientras que al mismo tiempo su nivel de autoestima es bajo y es percibido como poco importante o innecesario. Estas personas terminarán causando daño tanto a sí mismas como a quienes entran en contacto con ellas en lo que supuestamente se llama amor.
La persona carente de amor propio expresará esta carencia, de una forma u otra, en cualquier lugar al que llegue. Nunca podrá ocultar por completo ese gran vacío, y tanto ella como los demás sufrirán por ello. Llamar amor a una relación de este tipo representa un problema fundamental en la comprensión de la psique humana y de su manera de vincularse con el entorno.
En contraste, la persona que se ama a sí misma cada vez más, que persevera en las sonrisas frente al espejo, en un diálogo interno cargado de amor, apoyo y tolerancia, que mantiene la práctica del apoyo personal y de actividades que nutren el yo, llega a una relación enriquecida por un contenido interno vinculado al amor, al trabajo interior que este requiere, a su lenguaje auténtico y a las experiencias especiales que trae consigo cuando la persona lo encuentra dentro de sí.
Es cierto que quien desarrolla su amor propio puede, en ocasiones, no resultar complaciente e incluso mostrarse firme. Puede negarse a aquello que muchas otras personas aceptarían hacer o tolerar, cuando las situaciones no están alineadas con sus valores internos sobre lo que es apropiado y lo que no lo es. Puede considerar irrelevantes ciertas normas y maneras habituales de hacer las cosas cuando no están sincronizadas con su amor propio y con la exigencia interna de coherencia entre sus necesidades personales y lo que sucede en los espacios en los que participa.
Por ello, personas para quienes el amor propio es un concepto extraño o amenazante pueden percibir a quienes consideran el amor propio un valor central como personas que no los aman realmente ni les prestan la atención debida. A veces incluso los ven como personas poco normales o ajenas a lo que consideran gente razonable.
En personas en las que el amor propio no está cultivado ni valorado, no puede existir un amor interpersonal genuino mientras estén centradas en sus propias carencias y coloquen sus necesidades en lo más alto de su escala de prioridades. Estas personas se quejarán de que, supuestamente, ustedes no las aman. Entonces deberán decidir si vale la pena permanecer en relación con personas para quienes su camino de sanación y cambio no resulta importante ni esencial.
Cuando el amor propio se desarrolla, comienzan a producirse muchos cambios positivos, a un ritmo y con un estilo adecuados para cada persona. El amor propio hace que, con el tiempo, la persona ame más amplios aspectos de su entorno, porque el amor que crece en su interior tiende naturalmente a expandirse hacia afuera. La persona se vuelve colmada de amor y amiga cercana de él, porque lo alberga dentro de sí y es capaz de encontrarse con él, sentirlo y apoyarse en él, sin depender de la presencia de otra persona, de su aprobación o de su satisfacción.
A medida que el amor propio se desarrolla y ocupa un lugar cada vez más amplio en la personalidad, va reemplazando gradualmente los miedos, las vacilaciones, las dudas y la tendencia tan extendida al auto daño a través de estilos de vida poco nutritivos y poco amorosos. Se convierte en una experiencia personal, privada e irremovible. El amor propio puede reactivarse rápidamente y fortalecerse mediante la atención y algunas acciones simples. Constituye una fuente de nutrición excelente y una herramienta perfecta para ayudar a afrontar los desafíos de la vida.
¿Dónde surge la confusión? Allí donde las personas esperan que quienes entran en una relación íntima con ellas dependan de ellas. Muchas veces, sin admitirlo, deseamos que quien nos ama no tenga una columna vertebral demasiado firme, ni opiniones demasiado claras, ni deseos demasiado definidos.
Pero esto no es más que confusión y distorsión de conceptos. Precisamente las personas que entran en una relación íntima con una buena conexión consigo mismas y con límites claros sobre lo que permiten en los espacios en los que participan, son aquellas con quienes es posible construir una relación nutritiva, capaz de florecer y prosperar.
Estas personas pueden amar más, porque contienen dentro de sí una abundancia de amor y no dependen del otro para encontrarlo. Pueden disfrutar más del amor que llega a sus vidas y nunca temen desperdiciar sus recursos amorosos, porque saben que pueden renovarlos en cualquier momento que lo elijan.
Práctica
Riesgos del amor propio
Hay cosas en la vida que solo pueden moverse si asumimos algún tipo de riesgo. A veces, si los llamamos riesgos del amor propio, resultan menos amenazantes. ¿Cuáles son los riesgos del amor propio que podrían ponerse en marcha ahora, por ti y para ti?
Amar mis rarezas
Cada persona tiene sus propias rarezas y las conoce mejor que nadie. A veces nos generan vergüenza, a veces son la única manera de salir de situaciones difíciles. ¿Cuáles de tus rarezas son especialmente necesarias ahora y pueden expresarse desde el amor propio y el respeto por tu verdad?
Expresiones de valoración personal
No es obvio que necesitemos valoración de manera constante. Quien desea amarse más debe reconocer esta necesidad y satisfacerla con mayor frecuencia. Completa la frase “Realmente te valoro, querida, por…” doce veces seguidas, cada día, durante tres días. También puedes decírtelo simplemente a ti misma, y mejor aún, durante una sonrisa frente al espejo.
Capítulo 6: Distancia familiar, social y ambiental. ¿De verdad?
Una de las cuestiones que más preocupa a las personas que temen aumentar el amor propio en sus vidas, sean conscientes de ello o no, es la posibilidad de que el fortalecimiento del vínculo con uno mismo provoque distanciamiento e incluso rupturas con personas cercanas, con la familia, con los amigos y con el entorno. Según esta visión, aparentemente, el amor propio tiene un “precio”: perder o dañar relaciones que nos han acompañado durante mucho tiempo.
¿Por qué llegamos a pensar, temer o suponer que un aumento del amor propio implica alejamiento, separación o incluso ruptura? ¿Cuál es la relación entre estas ideas? ¿Cómo llega la mente humana, tan sofisticada, a conclusiones que le impiden una y otra vez disfrutar de los regalos más importantes de la vida, regalos que llegan cuando más amor fluye en el interior de la persona?
Probablemente esto se deba a los códigos internos que estructuran muchas de las relaciones en las que crecimos o que nos rodean. Si observamos con atención, en casi todos los ámbitos encontramos expectativas e incluso exigencias de que la persona renuncie a partes de sus necesidades, deseos, aspiraciones y preferencias como condición para que exista una sociedad, para que una familia se mantenga unida o para que una amistad no se disuelva.
Es cierto que hay una parte de verdad en esta visión y en esta manera habitual de entender y vivir las relaciones. Mientras una persona no sea capaz de negociar de manera eficaz, de escuchar las necesidades del entorno y de actuar en consecuencia, no podrá participar en relaciones significativas, nutritivas y estables. La importancia del compromiso, de la escucha tolerante de las diferencias y de la búsqueda de un modo en el que varias personas puedan compartir un mismo espacio sin que ello ocurra a costa de alguna de ellas, constituye la base para la existencia de un grupo y de un sistema social.
Sin embargo, cuando estas exigencias se vuelven excesivas y cruzan el límite de la persona, anulando su camino, su voz singular y su enfoque personal ante la vida, el marco familiar se vuelve hostil al desarrollo del individuo. Esta situación, de la que generalmente las personas no son conscientes, tiene un costo muy alto para la relación de la persona consigo misma, que se deteriora con el tiempo. Y peor aún: también los sistemas sociales en los que el individuo va olvidando su camino único y el mensaje que solo él puede ofrecer a sí mismo y a su entorno sufren un daño crónico, afectando la calidad del marco social, su estabilidad y su capacidad para enfrentar distintos desafíos.
Efectivamente, existen situaciones en las que, como resultado de un desarrollo saludable que una persona atraviesa, de un proceso de crecimiento y de toma de conciencia, deja de renunciar a lo que es importante para ella y adopta una forma de vida más atenta y amorosa hacia sus verdaderas prioridades. En estos casos, pueden producirse cambios en determinadas relaciones. Personas cercanas que tienen dificultades para contener el cambio y reconocer lo positivo y beneficioso que trae consigo, pueden reaccionar con miedo y responder de manera poco amable, e incluso alejarse, al menos de forma temporal.
A veces, cuando el amor propio se fortalece y se vuelve presente y constante, algunas personas con las que manteníamos cierto tipo de vínculo se vuelven de repente menos relevantes, porque estar con ellas resulta menos agradable, menos nutritivo, menos favorable para el proceso de desarrollo, e incluso simplemente aburrido. En el marco del desarrollo del amor propio, podemos encontrarnos siendo más auténticos y más valientes, y desde allí modificar ciertos tipos de relaciones o vínculos que se revelan como contradictorios con el camino del alma hacia la sanación, el cambio positivo, el crecimiento y el autodescubrimiento.
Pero en la mayoría de los casos, ya sea de inmediato o con el paso del tiempo, ocurre exactamente lo contrario. Cuanto más una persona se ama a sí misma, más fácil le resulta ser tolerante con los aspectos menos armoniosos de su familia, de sus amigos, de sus vecinos y de sus colegas. El amor propio le otorga un espacio interno de flexibilidad y creatividad que va reemplazando gradualmente los lugares donde antes existían bloqueos o conflictos prolongados con ciertas personas cercanas.
Cuanto más el amor propio se desarrolla y se vuelve estable y consistente, más las personas del entorno “ceden” ante él y aprenden a resistirse menos a los cambios que la persona experimenta. Al fin y al cabo, si alguien nos ama de verdad, ¿por qué habría de temer que nos sintamos mejor con nosotros mismos y que representemos de manera más clara nuestros intereses genuinos? Y, por otro lado, ¿qué tiene de malo que personas que no pueden tolerar vernos más tranquilos y más felices se distancien y se refugien en sus creencias rígidas sobre lo que se supone que una persona puede o no puede decirse a sí misma o hacer consigo misma?
El amor, en todas sus formas saludables y nutritivas, nunca puede ser algo “malo”. El amor es la encarnación del bien, la fuente del bien y la expresión del bien en la Tierra. El amor es el camino hacia el bien, es la respuesta del bien y es la vía segura hacia una vida mejor. El amor es el logro más elevado, el consuelo más eficaz, la esencia de la confianza personal, el componente más importante de la salud mental y física, y la mejor fuente de sanación y cambio.
A largo plazo, a medida que el amor propio se desarrolla en la persona y en su entorno, los vínculos interpersonales se vuelven más positivos, más directos y más abiertos. Una persona que se ama a sí misma y que es capaz de aceptar también sus aspectos menos agradables y menos estéticos, desarrolla dentro de sí la capacidad de contener, amar y aceptar con comprensión y tolerancia los aspectos más bloqueados, menos amables y menos agradables de los demás. Una persona así es un recurso valioso para su entorno, mientras sigue colocándose a sí misma en el primer lugar de sus prioridades, y al mismo tiempo es capaz de ofrecer más regalos y una influencia positiva en su entorno.
Al cultivar nuestro amor propio, que es sin duda el compromiso más grande que enfrenta una persona adulta, debemos mirar de frente una realidad algo dolorosa pero inevitable: existen personas que temen profundamente cualquier fenómeno, expresión o estado de ánimo relacionado con el fortalecimiento del vínculo interno. Estas personas pueden encontrarse en nuestra familia, entre nuestros amigos, en el trabajo y en otros espacios que habitamos. Comprenden muy poco qué es realmente el amor propio, si es que lo comprenden en absoluto, y están atrapadas en prejuicios que las separan del mejor regalo que podrían hacerse a sí mismas.
Estas personas pueden expresar su postura de forma directa o indirecta, y algunas de ellas pueden ser importantes y queridas para nosotros. Representan un desafío significativo en el camino hacia el fortalecimiento del amor propio y hacia la construcción de una relación interna basada en el compromiso con la escucha, la tolerancia, la empatía y el apoyo. Pueden ayudarnos a confrontar mejor nuestros bloqueos y nuestros temores frente a un amor propio más profundo. Constituyen una especie de prueba en la que el alma nos examina para ver hasta qué punto estamos decididos a convertirnos en personas que realmente se aman a sí mismas, o si aún no estamos preparados para ello.
Sin embargo, como ya se ha dicho, la mayoría de los temores o de los problemas potenciales no llegan a materializarse. El amor propio genera principalmente cambios beneficiosos, incluso si en el camino impulsa alguna ruptura o cierre que llevaba mucho tiempo pendiente pero que se había evitado por miedo al cambio y al crecimiento. El amor propio fortalece a las familias, disuelve conflictos, vuelve innecesarias las guerras del ego y ayuda a la persona a moverse en los espacios sociales con una menor dependencia de los demás y de su capacidad de brindarnos atención o amor.
El amor propio es una de las herramientas más importantes para la estabilidad de cualquier estructura social, y este es un hecho que muchas personas aún no han internalizado. Aquí estamos aprendiendo cómo puede funcionar, y este mensaje podremos transmitirlo más adelante, desde el amor propio saludable y en desarrollo que descubriremos y cultivaremos dentro de nosotros.
Práctica
Huir con amor
En muchos contextos, el concepto de “huida” se percibe como una señal de debilidad o de incapacidad para enfrentar situaciones en las que, supuestamente, habría que resistir a pesar de la dificultad. Sin embargo, a veces es necesario huir para salvarnos, y cuanto antes, mejor. Y si realmente nos amamos a nosotros mismos, eso es lo que debemos hacer. ¿Hay algo en tu vida de lo que valdría la pena huir desde un amor auténtico hacia ti?
Apoyo en momentos de herida
Las ofensas forman parte inseparable de la vida, especialmente en relaciones cercanas. A veces, lo único que puede ayudarnos a sanar de heridas personales dolorosas es aumentar el amor propio precisamente en los primeros momentos después de que ocurre el hecho. ¿Recuerdas alguna ofensa en la que, si hubieras respondido desde el amor propio, la situación habría mejorado?
¿Qué te falta en tu hogar y te haría bien?
El amor propio implica una mejora constante de la calidad de vida, incluso en los detalles pequeños. Mira a tu alrededor, justo ahora. ¿Qué podría cambiar o añadirse en tu hogar para que te sientas mejor contigo mismo o contigo misma? ¿Qué cambios son fáciles de hacer desde el amor, muy pronto?
Capítulo 7: ¿Qué hiciste hoy por ti, de verdad?
El amor propio es un proyecto, y así debe ser visto siempre. El amor propio es un modo de vida al que una persona se compromete, se entrega y al que dedica atención, tiempo disponible e intención consciente. El amor propio es una relación de pareja en toda regla, y como en cualquier relación que deseamos que crezca y florezca, debemos invertir en ella de manera constante, mantenerla, fortalecerla, nutrirla y cuidarla.
El amor propio, el vínculo de una persona consigo misma, es un espacio que solo puede desarrollarse y sostenerse si se realiza un trabajo adecuado de manera regular, un trabajo que transforma la teoría en práctica, la fantasía en realidad y el desafío en un hecho aplicable y existente. El amor propio es algo que se hace. Se inicia de manera correcta, se responde de manera correcta, se decide de manera correcta, se elige de manera correcta, todo a la luz del amor propio, para él y como resultado de su orientación. El amor propio nunca puede mantenerse solo como una buena idea o como un enfoque recomendado para la vida. El amor propio sucede, se intensifica, se construye y se realiza a través de acciones claras, mediante una influencia concreta sobre la realidad que estimula a las fuerzas del alma a amar desde dentro aquello que existe.
Lo alentador es que el trabajo necesario para sostener, nutrir y fortalecer el amor propio es bastante sencillo, e incluso puede decirse, sorprendentemente sencillo. Tan sencillo que resulta impactante ver cuántas personas invierten enormes cantidades de energía en caminos y espacios que les aportan muy poco beneficio, cuando con una inversión mucho menor en el cultivo del amor propio obtendrían resultados mucho más significativos.
Si te dijeran que es imprescindible sonreír al espejo todos los días para prevenir enfermedades graves e incluso quizá alargar tu expectativa de vida, ¿te comprometerías con este trabajo tan simple de sonreír al espejo, un trabajo que no requiere casi ningún esfuerzo más allá de activar durante unos instantes algunos músculos alrededor de los labios?
Sabemos que conviene cepillarse los dientes antes de dormir. ¿Por qué? Porque nos dijeron que así protegeríamos nuestros dientes. El cepillado se ha convertido en una norma, y hoy resulta difícil encontrar a alguien que sea capaz de irse a dormir sin cepillarse los dientes. ¿Y qué nos desafía más? ¿Cepillarnos los dientes o sonreírnos frente al espejo? ¿Cepillarnos los dientes o decirnos palabras de amor de manera diaria y comprometida?
Cuanto más profundizamos en este tema, mayor puede ser el asombro. Al fin y al cabo, no existe nada más importante para una persona que sentirse bien consigo misma y con su vida en general. Más aún, no existe nada más importante que buscar dentro de uno mismo la sensación dulce y victoriosa del amor. Y sin embargo, la persona casi no hace nada para sentirse mejor consigo misma y casi no hace nada para intensificar las experiencias de amor que viven dentro de ella.
¿Y por qué? En primer lugar, porque no es consciente de esta posibilidad ni de la enorme eficacia de la práctica del amor propio. Y en segundo lugar, porque tiene miedo. Las personas tienen miedo de sonreírse a sí mismas frente al espejo y miedo de decirse palabras de amor. Se han acostumbrado a reducir todo lo relacionado con las expresiones de amor o con las sensaciones de amor a un espacio muy limitado y dirigido solo a personas muy específicas. Les resulta amenazante expresar y generar amor hacia sí mismas, y esto les parece innecesario o incluso extraño. Sin embargo, seguimos cepillándonos los dientes cada mañana y cada noche, porque así es como se debe hacer.
El amor propio es algo que se hace y después se siente. El amor propio no se expresa solo en el trabajo de las sonrisas frente al espejo, y sí, ciertamente resulta extraño unir un concepto como trabajo con uno como sonrisas, pero es aún más extraño sentirse mal por no hacer el trabajo del amor propio. El amor propio se expresa también en el reconocimiento personal, en el apoyo hacia uno mismo, en el perdón personal, en el diálogo interno amoroso, en la valoración personal y en el respaldo interno. Todo esto debe realizarse de manera física y concreta. Es decir, el reconocimiento, el perdón, la valoración y el respaldo se realizan de un modo que los sentidos puedan captar, ya sea mediante el diálogo interno audible, para poder escucharnos, o mediante la escritura, para poder leer nuestras propias palabras.
En un entorno que espera constantemente de nosotros que hagamos cosas por la familia, por el trabajo y por la sociedad, suele reducirse el principio esencial según el cual una persona debe hacer cosas por sí misma, llenarse y fortalecerse, para poder ofrecer algo significativo a los demás. Al final de cada día, una persona debe preguntarse qué hice hoy por mí.
Esta pregunta debe formularse con honestidad y valentía. Debe exigir una respuesta seria, adecuada y directa que describa lo que realmente ocurrió a lo largo del día. Cuando una persona hace algo por sí misma, no puede olvidarlo, y sin duda lo recordará al final de ese mismo día. El amor propio no es un estado pasajero que pasa por debajo del radar de nuestra conciencia. El amor propio deja una huella clara y genera un recuerdo positivo y lleno de esperanza.
Entonces, ¿qué hiciste hoy por ti? ¿Cuánto invertiste en aquello que ahora mismo necesitas más que nada? ¿Hasta qué punto defendiste tus principios frente a factores que intentaron reprimirlos? ¿Te ocupaste de un tema que había sido descuidado durante mucho tiempo y que te impedía avanzar hacia un lugar mejor? ¿Te negaste hoy a algo que ya no es correcto ni adecuado para ti? ¿Elegiste hoy un camino distinto, por ti? ¿Probaste cosas que te interesan simplemente porque te interesan?
No muchas personas comprenden en profundidad cuán importante es actuar en favor de uno mismo para la salud mental y para la salud de cualquier marco social imaginable. Cuando una persona no hace lo suficiente por sí misma, entra en un estado de abandono personal. De allí el camino hacia concesiones excesivas y compromisos dañinos es muy corto, y estos la alejan de lo que realmente es importante para ella. Este abandono personal, que se manifiesta en la reducción de acciones en favor del yo, es bastante común e incluso se considera una especie de norma cultural.
Pero no tiene por qué ser nuestro camino. Somos portadores de luz que demuestran cómo es posible vivir mejor y de manera más saludable. Somos quienes se empeñan en explorar el amor que habita en su interior, quienes no renuncian a iniciativas y acciones destinadas a nutrir el yo, quienes no temen que otros los llamen egoístas o narcisistas. Somos quienes se miran a los ojos cada día y preguntan qué hice hoy por mí, cómo se expresó hoy el amor propio en mi vida y, finalmente, qué pienso hacer mañana por mí.
Estas preguntas cultivan el amor propio y le otorgan legitimidad y validez. Son parte de los materiales más importantes de este viaje.
Práctica
Ir contra la corriente
Hay situaciones en las que el amor propio significa desviarse de lo aceptado y de lo esperado por la sociedad que nos rodea. Hay momentos en los que amarme a mí mismo significa ir contra la corriente, a pesar de las reacciones incómodas del entorno. Toma una gran dosis de amor propio y comprueba si ha llegado el momento de iniciar tu pequeña rebelión, con amor.
Caminar conmigo, estar conmigo en la naturaleza
No hace falta explicar ni añadir demasiadas palabras. Caminar a solas en la naturaleza es una de las herramientas más importantes para cultivar el amor propio. Y que no haya malentendidos, a solas, contigo mismo o contigo misma.
Identificar el esfuerzo innecesario
¿En el trabajo? ¿En casa? ¿Dónde se encuentran los esfuerzos innecesarios que te desgastan una y otra vez? Si permitieras que fluyera un poco más de amor propio, consideración personal y cuidado personal, ¿en qué lugares podrías reducir algunos porcentajes de esfuerzo y respetar más las fuerzas reales de las que dispones hoy?
Capítulo 8: El trabajo que vale la pena hacer para no tener que hacer un trabajo más duro
Este es uno de los mensajes más importantes y, al mismo tiempo, más confusos con los que es necesario encontrarse y enfrentarse en este camino. Resulta asombroso comprobar que, por un lado, este mensaje es tan verdadero y tan esencial, y por otro lado, es muy raro encontrar personas que vivan de acuerdo con él o que aprovechen las posibilidades tan significativas de mejora en la calidad de vida que acompañan su aplicación.
Este mensaje viene a presentar una de las paradojas más importantes de la vida humana y a explicar la manera en que conservamos nuestros problemas, quedamos atrapados en estados de sufrimiento innecesario y nos alejamos de las posibilidades de cambio sanador, desarrollo y crecimiento. Mientras este mensaje no sea internalizado y aplicado en la práctica, la persona permanecerá demasiado lejos de sus fuerzas naturales para sanarse a sí misma y para extraer de sí misma lo mejor que su cuerpo y su alma son capaces de ofrecer.
No es sencillo entregarse de manera constante y comprometida al trabajo del amor propio. Se trata de un desafío que exige que la persona reúna dentro de sí, en cada momento posible, la fuerza para sonreírse frente al espejo incluso cuando la situación no es agradable o no parece adecuada para sonreír. Se trata de crear un nuevo hábito, un lenguaje interno que regrese una y otra vez para nutrir a la persona con contenidos de amor, aliento, apoyo, reconocimiento, confianza y esperanza. Es un trabajo. Es una iniciativa. Es un esfuerzo consciente.
El diálogo interno de amor propio es algo que se hace y que se elige hacer una y otra vez. Podemos renunciar a él y permitir que las voces críticas y hostiles se apoderen de nuestra conciencia. Pero es importante saber que también podemos actuar de otra manera. Podemos introducir en nuestro interior nuevas voces de ternura, de contención, de tolerancia y de empatía, voces que poco a poco ocuparán más y más espacio en nuestro mundo interno y lo transformarán en un espacio nutritivo y seguro en el que podremos descansar, recuperarnos, reorganizarnos, renovarnos y mejorar en cualquier ámbito que deseemos.
El trabajo necesario para sostener y aumentar el amor propio, un trabajo que nunca termina y que seguirá siendo desafiante y no siempre cómodo, es el trabajo que vale la pena hacer, colocándolo en lo más alto de nuestras prioridades. La razón es simple y clara y aun así, a pesar de todas las explicaciones convincentes, con frecuencia preferimos olvidar este trabajo y las razones sólidas para realizarlo, razones que todos aceptarían.
¿Por qué es recomendable hacer este trabajo, que al comienzo puede resultar incómodo, un trabajo que preserva, cultiva y fortalece el amor propio? Simplemente porque cualquier otra forma de sostener la vida será más dura, más dolorosa, más complicada, más aburrida y más decepcionante.
Sencillo, ¿no?
Cuando nos amamos a nosotros mismos, casi todo en nuestra vida se vuelve más posible, más fluido, más interesante, más creativo y más estimulante. Esto sucede cuando hacemos fluir el amor desde nuestro interior hacia nuestro interior. La energía del amor incrementa su circulación dentro de nosotros, y junto con ella llegan la calidez, el optimismo, la pasión, la esperanza, el entusiasmo y muchas otras cosas buenas.
Cuando nos amamos a nosotros mismos, los problemas se transforman en desafíos y las situaciones estancadas se convierten en temas a tratar y a cambiar de inmediato. Cuando no nos amamos a nosotros mismos, nuestra confianza personal es baja, nuestra autoimagen se ve dañada y nos sometemos al cinismo, a la desconfianza, al conservadurismo excesivo, a los miedos, a las normas y a las expectativas del entorno. Y al final, la vida es mucho más difícil cuando nos amamos menos.
¿Y por qué, a pesar de que los hechos son claros, la mayoría de las personas evita hacer el trabajo relativamente sencillo de cultivar y fortalecer el amor propio de manera constante?
También esta pregunta tiene, lamentablemente, una respuesta bastante simple, una respuesta profesional, clara y precisa, que muchas personas no conocen ni son conscientes de sus consecuencias tan importantes.
Cuando nos alejamos de nosotros mismos y de nuestra capacidad innata de amarnos, somos arrastrados, sin haberlo elegido, a espacios internos que no difieren mucho de cualquier adicción imaginable. De aquí se desprende que no solo evitamos practicar y nutrir el amor dentro de nosotros, sino que también nos volvemos adictos a este estado, al estado de no amor propio, al estado de desconocimiento de la capacidad de sostener dentro de nosotros una relación nutritiva y de apoyo, al estado de alienación respecto de los pilares fundamentales de todo tipo de amor.
Y este es el mensaje. Vale la pena realizar de manera constante y comprometida el trabajo del amor propio y afrontar los momentos en los que su aplicación resulta más desafiante, porque cualquier otra forma de sostener la vida es más dolorosa, más dura y más complicada, incluso si al comienzo parece más fácil y más cómoda.
Cuando nos amamos menos, nos vemos obligados a huir de nosotros mismos. Porque si no existe dentro de nosotros un lugar en el que sea agradable estar, ¿no sería lógico que quisiéramos huir de nosotros mismos durante la mayor parte del día?
Hay quienes huyen hacia el exceso de trabajo. Hay quienes huyen hacia la alimentación excesiva. Hay quienes huyen hacia problemas en las relaciones. Hay quienes huyen hacia el uso excesivo de sustancias que adormecen la experiencia de la vida. Hay quienes huyen hacia otros tipos de daño personal y adicciones. Hay quienes huyen hacia la frustración, la falta de realización personal, la ira, el desgaste, el resentimiento, el cinismo, el pesimismo y el agotamiento.
Así es como funciona, y la elección está completamente en nuestras manos. O hacemos el trabajo necesario para sostener y cultivar el amor propio, o la vida se vuelve más difícil y menos gratificante. O hacemos el trabajo correcto, o la vida se convierte en un trabajo más duro y con menos recompensa.
Y este es el mensaje, y es tan importante. El amor propio es la forma más económica, eficaz y confiable de sostener un estilo de vida saludable y placentero. Evitar el trabajo del amor propio, y como se señaló en el capítulo anterior, el amor propio es algo que se siente después de hacerlo, convierte la vida en todo aquello que hubiéramos preferido que no ocurriera. Si no hacemos el trabajo del amor propio, nos convertimos en esclavos de una baja calidad de vida, esclavos que deben esforzarse mucho más que en aquellos lugares donde el trabajo del amor propio se realiza de manera constante.
La elección, al final, es tuya, pero los hechos deben estar claros. Elige el amor propio y entrégate a su trabajo, o todo será más difícil y más doloroso. La elección es tuya, la sonrisa es tuya, las palabras son tuyas. Ha llegado el momento de elegir correctamente. Ha llegado el momento de un amor propio que crece gracias al trabajo adecuado que hacemos por él.
Práctica
Enfrentar la ira hacia uno mismo
La ira hacia uno mismo no siempre puede evitarse, a pesar de mucha práctica y conciencia personal. Sin embargo, sí podemos enfrentarla con herramientas de amor propio. Podemos dividirnos en dos partes, la parte enojada y la parte amorosa, comprensiva y contenedora. Cuanto más amor y ternura brindemos a la parte enojada que vive en nosotros, más rápido se calmará y menos necesidad sentirá de expresarse. ¿Eres capaz de perdonarte por los momentos de ira hacia ti mismo que ocurrieron y por los que ocurrirán en el futuro? Si es así, completa doce veces la frase “Cuando me brinde amor en un conflicto conmigo mismo, entonces…”
Permitir el llanto
Y a veces simplemente dan ganas de llorar, y es legítimo. Conviene derramar cada vez más amor propio que proteja, resguarde y cuide nuestra alma mientras nos permitimos liberar el dolor a través de las lágrimas, que no siempre necesitan provenir de una fuente específica o de una razón clara.
Sonrisas frente al espejo 4
No renuncies a este gesto pequeño y enorme a la vez. Treinta segundos continuos de sonrisa frente al espejo liberan sustancias sanadoras en el cerebro y devuelven el alma a casa. Y si es un minuto completo, bueno, primero pruébalo y luego hablamos.
Capítulo 9: Es tu deber, no hay otro camino
El amor propio es un deber hacia uno mismo. La persona está obligada a amarse a sí misma, a menos que prefiera vivir una vida de sufrimiento y dificultad que podría haberse evitado si se hubiera comprometido con la más alta obligación hacia lo más importante que se pueda imaginar, y que no crea dependencia de otra persona: el amor propio, el amor interior, la simpatía hacia uno mismo, la empatía hacia uno mismo y todo lo que se deriva de ellas.
Una persona que no acepta el amor propio como un compromiso se condena a una vida de descuido hacia sí misma. No hay, ni habrá, una manera mejor de describir esta situación. No importa lo que tengamos en la vida desde cualquier punto de vista: trabajo, familia, pareja, lugar de residencia, bienes, amistades, todo eso siempre seguirá siendo insuficiente y no del todo satisfactorio. Algo esencial y fundamental siempre faltará, como una especie de pozo emocional. En ausencia de amor propio, la vida queda estéril de la chispa especial que puede crear y darle a la persona un sentido profundo y una razón verdadera para su existencia.
¿Por qué debemos usar la palabra deber cuando tratamos un tema espiritual, suave, emocionante e importante como el amor? ¿Cómo puede esta palabra, que cierra y quizás amenaza, conectarse con una de las acciones más sutiles y elevadas en las que una persona puede participar?
La respuesta es simple: así es como funciona. Si no nos comprometemos con el amor propio de manera profunda y plena, es probable que nos encontremos prisioneros de todo lo que no es amor propio: duda de uno mismo, anulación de uno mismo, cinismo hacia uno mismo, falta de compasión hacia uno mismo, rigidez hacia uno mismo e incluso daño hacia uno mismo.
La persona no tiene ni tendrá un amigo tan cercano como ella misma. Lo último que puede desaparecer, abandonar, morir, desvanecerse o decepcionar a una persona es ella misma. No hay adónde huir de uno mismo, aunque uno viaje al fin del mundo. Uno mismo seguirá llegando allí con uno. Todo lo demás en la vida es solo un añadido, un añadido importante, sí, pero siempre vinculado a la relación que la persona tiene consigo misma.
Más aún: la vida de una persona es un reflejo de la relación que tiene consigo misma. Mientras no haya paz interior, comprensión hacia uno mismo, una caricia interior y una escucha interior, la persona no podrá recibir paz, comprensión, caricia o escucha de ningún factor externo. Lo que no existe dentro no puede reconocer algo similar cuando llega desde fuera. Toda la vida de la persona depende de la relación que tiene consigo misma. Todo lo que una persona tiene es un producto de lo que sucede dentro. Todo lo que le falta a una persona es un producto de carencias dentro. Todo lo exterior es un reflejo de lo interior.
Nosotros, los seres humanos, somos verdaderos campeones a la hora de señalar con el dedo acusador a las circunstancias de nuestra vida, a nuestros enemigos, a nuestro país, a los precios altos, a la mala suerte, a quien nos robó, nos cortó el paso, no nos tuvo en cuenta, no pensó en nosotros y no nos dio un lugar adecuado. Podemos enumerar, de manera admirable, un gran paquete de razones por las cuales nuestra vida no se acomoda debido a todo tipo de factores que supuestamente no dependen de nosotros.
Pero el amor propio siempre será la causa principal de la forma de vida de una persona adulta. Porque lo que está afuera es siempre un reflejo de lo que está adentro. Siempre. Entonces no empecemos a reprocharnos. Por lo general sabemos hacerlo bastante bien, pero no tiene ninguna utilidad. No. Los reproches no son lo que puede generar un cambio o sanar un estado no armónico.
Lo que puede sanar es solo el amor, y es preferible que se llene y se intensifique dentro del núcleo del que salen y crecen todas las cosas. Desde la semilla del yo, desde el comienzo de los comienzos de cada persona. Dentro de ella, consigo misma, en su interioridad, en su silencio y en su verdad. Solo cuando allí, en los espacios interiores, habita un amor que va creciendo y desarrollándose, pueden también cambiar para bien las demás cosas, que no son más que productos de los comportamientos y pensamientos de la persona.
Por eso es tu deber. No es una cuestión de elección, a menos que, como se dijo, no tengas ningún interés en una vida de crecimiento, de alegría verdadera, de sanar lo que duele y de realización personal. Si estas cosas son realmente importantes para ti, vale la pena comenzar hoy el camino a casa, el trabajo correcto que crea la realidad saludable en la que el amor se entiende primero dentro, se siente primero dentro, se desarrolla primero dentro, y luego madura para salir hacia afuera, en cualquier forma en la que la persona desee tocar y participar en el mundo exterior.
Hay momentos en la vida de una persona en los que debe dejar de preguntar, dejar de dudar, dejar de dar vueltas y dejar de preguntarse. Hay situaciones en las que debemos relacionarnos con ciertas cosas de manera tajante, clara e intransigente. No hay, ni habrá, nada más importante para una persona que la posibilidad de experimentar amor dentro de sí, en su interioridad, y desde allí llevarlo hacia afuera a cualquier lugar que desee. No hay discusión sobre esto y no debería haberla. No hay dudas ni vacilaciones. Este es el tipo de cosas sobre las que una persona debe decidir de manera inequívoca, porque no hay otra posibilidad.
Cuando estamos en una relación de pareja íntima, está claro para ambas partes que cada una siente amor por la otra. No hay otra manera. Si hubiera una pregunta sobre el lugar del amor entre una pareja, expresaría una contradicción interna y un debilitamiento de los fundamentos de la conexión cercana entre seres humanos. Si no hay amor, no hay vínculo íntimo significativo, no tiene existencia ni horizonte. Y más aún, un vínculo así constituye un daño continuo y una erosión de la capacidad humana de disfrutar de las profundidades de la intimidad y de todas las cosas buenas que trae consigo.
Todos estaremos siempre en una relación íntima con nosotros mismos. El nivel de esa intimidad no tiene precedentes y no puede describirse ni explicarse. Vivimos dentro de nosotros, con nosotros, al lado de nosotros y alrededor de nosotros. Estamos todo el tiempo con nosotros mismos y no hay otra manera. Estamos en una pareja interior desde el momento en que nacemos hasta el momento en que terminamos este ciclo actual. ¿Es posible que esta intimidad no se base en un amor significativo y creciente? ¿Existe acaso otra manera?
Por eso es tu deber, porque en toda etapa de tu vida tu presencia permanecerá pegada a ti. Tu imagen insistirá en volver a aparecer cada vez que tu mirada se encuentre con el espejo. No tendrás otra manera de atravesar los bloqueos y las barreras que se construyeron a tu alrededor en el camino hacia una vida mejor, hacia la realización personal y hacia la sanación de lo que duele. No habrá otro camino que construir dentro de ti una infraestructura de amor, un amor que no depende de un factor externo, un amor que se inventa a sí mismo desde sí mismo, y que es tuyo, y solo tú tienes plena y exclusiva propiedad sobre él.
El amor propio no es un añadido simpático ni un lujo solo cuando hay tiempo libre después de todas las cosas supuestamente más importantes. El amor propio es el oxígeno del alma que se desarrolla y es la oportunidad del alma que se recupera de enfrentar lo que realmente duele. Acercarse a esta vida exigente sin reservas de amor propio significa trabajar demasiado, obtener resultados demasiado pobres y vivir en círculos de adicción y apego a un sufrimiento completamente innecesario.
Por eso es tu deber no renunciar, y activar mecanismos de amor propio incluso si es difícil y no es cómodo. Hay que ver el cultivo del amor propio como un gran compromiso, el más grande que existe, porque ningún otro compromiso dará fruto si el amor propio no está en la cima de la escala de prioridades. Primero amar desde dentro, y entonces será mucho más fácil amar e incluso a veces sufrir a las personas cercanas. Cuando hay algo tan hermoso dentro de nosotros, ningún evento externo, aunque sea duro, nos vencerá, no nos derrumbará ni nos desestabilizará. Porque dentro nos espera un amor completo: nuestro amor hacia nosotros mismos.
Práctica
Comprar un pequeño regalo para mí
Un pequeño regalo que simbolice atención hacia mí, que permita refrescar las fuerzas del amor propio: una piedra bonita, un pequeño detalle para la ropa, una joya discreta, algo que toque el corazón y que no requiera un gran gasto. ¿Qué podrías regalarte pronto?
Amarme a mí mismo en un momento de ofensa
A veces, en esos momentos que cortan el alma, cuando alguien importante y querido nos dice lo incorrecto, no presta atención, o es arbitrario y poco amable, conviene elegir una estrategia de amor propio como respuesta inicial a la herida. Recuerda: una parte significativa de toda ofensa es un tipo de autodaño que intensifica el hecho desagradable que ocurrió. Así que primero trataremos esa parte, y muchas veces ese tratamiento será suficiente para atravesar mejor el evento y también para fortalecer la confianza personal.
Atreverme a soñar
Todos tenemos algún tipo de futuro, y grandes partes de él se determinan según nuestro estado de ánimo justo ahora. Cuando miramos hacia el futuro y nos atrevemos a soñar desde el amor propio, podemos abrir canales que ahora nos cuesta creer que serán posibles y disponibles para nosotros. ¿Estás dispuesto o dispuesta a atreverte a soñar con algo que necesitas, que te falta o que ahora parece difícil de alcanzar? ¿Listo o lista para soñar desde el amor hacia ti mismo o hacia ti misma?
Capítulo 10: Yo y yo mismo, ¿cómo es nuestra relación de pareja?
Una de las maneras más importantes y esenciales de comprender el amor propio y la razón por la que buscamos darle atención es reconocer el hecho de que una persona vive, en todo momento, en una especie de pareja interior. Yo vivo conmigo mismo; cada persona vive consigo misma.
Cada vez que se menciona una expresión como esta, o similar, la relación hacia ella se repite, porque en muchos sentidos las acciones pueden percibirse como cerradas o carentes de sentido. La persona habla consigo misma, la persona vive consigo misma, la persona se informa a sí misma, la persona se escucha a sí misma, se enfada consigo misma, sale a pasear consigo misma, reflexiona consigo misma, y más.
Independientemente de nuestra percepción espiritual o psicológica, parece que casi toda persona admitirá, al final, que existe emocionalmente en un espacio en el que hay una sensación de dos, si no más. Ya sea que se trate de dos partes o de dos aspectos de la personalidad que de alguna manera pueden comunicarse entre sí, o de que no podemos vivir de otra manera que no sea mediante una comunicación interior entre dos lados, el resultado será el mismo. La persona está en una relación de pareja consigo misma.
Y de manera sorprendente y conmovedora, muchos aspectos de lo que percibimos como la forma correcta de mantener una relación de pareja son muy válidos también para esa pareja de una persona consigo misma. Casi todo lo que se necesita para sostener un vínculo de pareja esencial, estable y floreciente se necesita también para cultivar el vínculo de la persona consigo misma, un vínculo que también debe existir en armonía, en diálogo, en fertilización mutua, en cooperación y en crecimiento.
Pero antes de profundizar en las comparaciones entre las relaciones con otra persona externa y las relaciones con nosotros mismos, conviene aclarar esta concepción, este hecho de que dentro de nosotros siempre existe comunicación. Nos gusta hablar con nosotros mismos, aunque socialmente no se considere del todo normal que una persona se hable en voz alta. Ocultamos, en muchos sentidos, el hecho de que estamos en una relación compleja con nosotros mismos. Ocultamos del entorno las discusiones internas, los desacuerdos, las negociaciones que llevamos a cabo con nosotros mismos, nuestras reacciones hacia nosotros mismos en ciertas situaciones, en ciertos eventos o en cierta compañía.
Por lo tanto, es posible, al menos para los fines de este debate, ver a cada persona como una especie de dúo, una pareja, dos. Cada persona se ve desde afuera como un individuo, pero en lo profundo esa persona está en contacto constante consigo misma. Está en vínculo, en comunicación, en referencia, y muy a menudo también en un estado de huida de sí misma.
A veces, cuando decimos que realmente huimos de nosotros mismos, ¿a qué nos referimos? ¿Quién huye de quién? ¿Hay aquí dos figuras? ¿Con cuál de ellas nos identificamos más? ¿Acaso olvidamos por un momento que esas dos figuras son en realidad nosotros?
Si llevamos este asunto un paso más adelante, podremos estimar con bastante seguridad que una persona vive consigo misma en una especie de relación de pareja continua. Y más aún, esa relación a menudo produce inquietud, ruido interior, preocupaciones, miedos, frenos, complicaciones y dolores. No en vano se ha dicho muchas veces que la persona de la que una persona más teme es ella misma. Ella y sus remordimientos, ella y su culpa, ella y sus expectativas excesivas, ella y su crítica excesiva. Ella frente a todo tipo de factores que están dentro de ella, en el otro lado, en la otra figura que vive dentro de la persona y cuya existencia no puede ignorarse. Nunca.
Ahora volveremos al vínculo importante entre lo que percibimos como una relación de pareja correcta y lo que ocurre dentro de la persona, entre ella y su compañero, ella misma. El amor propio encaja exactamente en ese lugar y viene a generar un cambio profundo, fundamental y de largo plazo sin igual. Pero esto solo puede suceder cuando entendemos que siempre estamos en una relación con nosotros mismos. No hay un solo momento en que esa relación se duerma o se tome un descanso. Esto ocurre siempre, quizá desde nuestro nacimiento. Está vivo, existe y tiene tanta influencia. Debemos reconocerlo y comprobar si tenemos miedos de ocuparnos de ello.
Cuando estamos de acuerdo con estos dos principios, primero que la persona está en una experiencia de pareja consigo misma en todo momento, y segundo que se trata de un vínculo con muchos puntos de contacto con lo que percibimos que ocurre o debería ocurrir en una relación con otra persona, entonces podremos comprender y aplicar el amor propio dentro de nosotros y actuar de una manera que cambie la esencia de nuestro sistema emocional, nuestra capacidad de afrontar desafíos y nuestro nivel de creatividad.
Comenzaremos con el espejo. Aparentemente un evento banal, cotidiano y no esencial. El encuentro conmigo mismo frente al espejo.
¿Por qué la mayoría de las personas no se ven a sí mismas de manera positiva cuando se encuentran con su imagen en el espejo? ¿Será porque les resulta demasiado difícil mirar de manera honesta y directa su relación consigo mismas? ¿Será porque les resulta incómodo recordar, a través de esa mirada al presente, que su relación consigo mismas no es buena? ¿Por qué es tan complicado ser suaves, amables, pacientes y contenedores cuando nos vemos a nosotros mismos? ¿Por qué nos cuesta tolerar nuestra apariencia, quiénes somos, nuestra verdad? ¿Por qué nos avergonzamos cuando nos sonreímos frente al espejo? ¿Por qué muchos de nosotros preferimos encontrar defectos en nuestra imagen en lugar de darnos una sensación de seguridad, fe, apoyo y reconocimiento? ¿Por qué tanta gente prefiere conservar una relación desgastante consigo misma y se asusta ante la posibilidad de que habite dentro de ella una paz y una quietud esenciales?
Cuanto más profundicemos en este tema y tratemos de entender qué ocurre entre nosotros y nosotros mismos, seguramente descubriremos que, en silencio y entre bastidores, se esconde un dolor sordo, un dolor emocional, antiguo y constante, que se despierta cuando profundizamos la mirada hacia nosotros mismos y tratamos de acercarnos un poco más.
Cuanto más profundicemos en este tema, probablemente descubriremos que existen recuerdos emocionales de los que tratamos de escapar durante todos nuestros años como adultos, porque nos resulta demasiado difícil ocuparnos de ellos y volver a sentirlos. Probablemente tememos que esos recuerdos puedan dañar nuestro funcionamiento y nuestra calidad de vida. Mirarnos en el espejo y sonreír puede hacer que dejemos de escapar, dejemos de escondernos y dejemos de rodearnos a nosotros mismos y a lo que sentimos. Esto significa que debemos estar dispuestos a vivir también experiencias no simples que pueden aflorar, sobre todo en el período inicial, cuando practiquemos devolver el amor al espacio de pareja que existe dentro de nosotros.
Por ello, tu relación de pareja contigo mismo, esa relación que está a punto de desarrollarse de manera significativa a medida que el amor propio entre en vigor y en actividad continua en ti, está ahora en el centro de atención y te llama a revisarla, tocarla y acercarte a ella exactamente כפי esperamos de nosotros mismos comportarnos en una relación con una persona que nos importa especialmente.
Por eso, el amor propio te exigirá ser más considerado o considerada contigo mismo o contigo misma. El amor propio te exigirá ponerte de tu lado, apoyar primero tu versión y no expresarte nunca de manera negativa hacia ti, exactamente como con alguien a quien amamos mucho. El amor propio te exigirá reconocerte más, darte más tiempo de calidad contigo. El amor propio te exigirá ser más honesto u honesta contigo, como en una relación con alguien a quien amamos especialmente. El amor propio te exigirá detenerte, sentarte contigo y respirar. El amor propio te exigirá decirte, así sin más, en medio del día, te amo. El amor propio te exigirá cortejarte, comprarte flores y abrazarte.
Esto es amor propio. Y cuando lo tocamos y lo activamos, es irreversible. Y otra vez, recordatorio, lo que percibimos como yo no es otra cosa que nosotros. Y ese nosotros es algo que queremos hacer mejor, más placentero y más satisfactorio.
Práctica
Ser la mamá de mí mismo o de mí misma
A veces necesitamos energía materna para seguir adelante. A veces esa energía nos llegará de un amigo o una amiga que sabe brindar ese tipo de atención, y a veces solo podrá llegar de nosotros mismos. ¿Puedes ser más la mamá de ti mismo o de ti misma en los próximos días? ¿Qué te darás y qué te dirás como la mamá muy amorosa de ti?
Ser el papá de mí mismo o de mí misma
Cada persona tiene su padre interior, con el que se puede establecer contacto y encontrarse mediante una atención adecuada y un aumento del amor propio. ¿Qué es lo que más necesitas recibir ahora de tu padre interior? ¿Qué orientación, qué guía y qué liderazgo de un padre benevolente podrían ayudarte en estos días? Conviene escribir las ideas que surjan aquí y no solo pensarlas.
Una carta para mí mismo o para mí misma
Una carta real, física. No un correo electrónico ni un mensaje. Una carta. Una carta llena de amor, reconocimiento, respeto, valoración, cariño y apoyo. Se escribe a mano, se pone en un sobre, se va al correo y se envía a uno mismo. Después de unos días llegará. Léela. Una gran emoción.
Capítulo 11: Cultivar el vínculo y todo lo que ello implica
Las parejas están destinadas a cultivarse mutuamente. Este es su rol dentro de la relación, y cuando ese cultivo no ocurre de manera más o menos constante, ello refleja un problema en el vínculo, un problema que puede dañar los cimientos de la relación hasta destruirla, a menos que se produzca un cambio.
Y lo mismo ocurre con la persona consigo misma. La persona está obligada a cultivarse, de lo contrario, el vínculo que tiene consigo misma se irá debilitando, retrocediendo hacia versiones menos buenas, menos saludables y menos agradables de la relación de una persona consigo misma.
Pero antes de profundizar en esta visión del mundo, conviene aclarar el concepto de “cultivo”, para asegurarnos de que, más o menos, nos referimos a lo mismo cuando hablamos de él.
El cultivo es un tipo de intervención que otorga influencia e inspiración para el desarrollo, para cambios positivos, para el crecimiento y la mejora. Quien experimenta cultivo amplía sus capacidades y posibilidades de llegar a lugares a los que no podría llegar sin ese cultivo. El cultivo posee características de continuidad y constancia. No puede ocurrir solo de vez en cuando. Debe reflejar un estado mental, una disposición interior de deseo de ayudar a la persona a extraer lo mejor de sí misma, sin presión ni exigencia de un desarrollo demasiado rápido o de un crecimiento que exceda lo que la persona puede sostener en un momento dado.
También es posible ver el cultivo como una especie de envoltura protectora y nutritiva, una suerte de útero que mejora las condiciones del entorno y cuida que se adapten a las necesidades de desarrollo de la persona. El cultivo requiere intención, atención, disposición y, por supuesto, amor.
Se puede cultivar a quien está dispuesto a recibir el cultivo. Se puede cultivar a quien acepta atravesar cambios y enfrentarse a sus puntos débiles. Se puede cultivar a quien está dispuesto a recibir ayuda, pero que al mismo tiempo no desarrollará una dependencia excesiva ni se anulará a sí mismo para obtener las manifestaciones de ese cultivo. El cultivo no beneficia solo a quien es cultivado. En condiciones óptimas, también quien cultiva se beneficia del proceso y disfruta de sus resultados.
Y ahora debemos formular una pregunta esencial, profunda e importante, que resuena de manera significativa con los fundamentos del amor propio en cada persona.
¿Estoy dispuesto a pasar por un proceso de cultivo?
¿Estoy dispuesta a pasar por un proceso de cultivo?
¿Existe en mí la disposición y el amor propio suficientes como para recibir ayuda, aporte, inspiración y un impulso hacia cambios positivos, crecimiento y transformación?
¿Estás dispuesto a pasar por un proceso de cultivo?
¿Estás dispuesta a pasar por un proceso de cultivo?
Y no, no conviene responder esta pregunta con rapidez.
Es recomendable detenerse un momento, hacer una pausa y revisar. Mientras no haya en nosotros suficiente amor propio, nuestra capacidad de recibir cultivo no es elevada. Una persona dispuesta a recibir cultivo es una persona que siente que merece. Una persona así está dispuesta a colocarse en el centro de la atención, a declarar su derecho innato y constante a recibir todo lo que necesita para sentirse mejor, ser feliz, realizarse y liberarse de aquello que la bloquea.
El amor propio se mide exactamente aquí, y se pone a prueba, entre otras cosas, en este punto.
Demasiadas personas están convencidas de que no merecen recibir en sus vidas mucho más de lo que tienen actualmente. Demasiadas personas tienen dificultades para atravesar un proceso de cultivo que podría llegar a ellas con relativa facilidad y sin una inversión excesiva de recursos, solo porque su amor hacia sí mismas no está desarrollado y no se encuentra en lo más alto de la escala de prioridades.
¿Hay en ti suficiente amor hacia ti mismo o hacia ti misma como para atravesar un proceso de cultivo? Y si la respuesta es sí, ¿te queda claro que quien debe brindarte ese cultivo y crear la atmósfera adecuada para ello eres tú mismo o tú misma?
Y aún más. ¿Existe en ti la disposición a asumir el compromiso del autocultivo? ¿Te queda claro que se trata de un compromiso a largo plazo, que debe tomarse con seriedad, aprenderse en profundidad y al que hay que entregarse? ¿Estamos realmente dispuestos al autocultivo?
No es obligatorio responder todas estas preguntas de inmediato. Su propósito principal es activar los músculos del amor propio dentro de nosotros. La disposición y la capacidad de cultivarnos se construyen con el tiempo, se aclaran a lo largo del camino y se transforman en herramientas disponibles y prácticas.
Por ahora, todo lo que debemos hacer es formular las preguntas y explorar el tema del autocultivo con mayor profundidad.
Mientras nos permitimos examinar estas preguntas incisivas, con el tiempo podremos observar todo lo que implica el autocultivo, el trabajo del amor propio que es necesario realizar para convertir esta idea y esta visión del mundo en una realidad viva y existente.
¿Cómo te cultivarás más?
¿Cuáles son los caminos que necesitas para tu autocultivo?
Antes de responder a esta pregunta, conviene detenerse y ser cautelosos, porque las respuestas se encuentran en ti, y solo en ti. Lo que es bueno para otros no necesariamente es bueno para ti. Lo que impulsa a otros no necesariamente te impulsa a ti. Lo que otros necesitan para desarrollarse no es seguro que sea lo que tú necesitas para desarrollarte. Tu camino de cultivo te pertenece solo a ti, incluso si en este momento no está del todo claro.
¿Y qué puede ayudarte a conocer mejor tu propio camino de cultivo?
Quizás ya lo hayas adivinado: el amor propio. Solo el amor propio. Un amor propio que incluya fidelidad hacia uno mismo, escucha interna, comprensión interna y preferencia por uno mismo te orientará hacia el camino correcto, hacia tus formas de cultivo, hacia tus verdaderas pasiones, hacia los procesos de cambio que son adecuados para ti y solo para ti.
Cuanto más nos amamos de la manera correcta y saludable, con una atención reiterada a nuestra necesidad de apoyo interno, sonrisa frente al espejo, consideración hacia nosotros mismos y una palabra amable hacia nosotros mismos con frecuencia, más fácil nos resulta sentir qué es lo correcto para nosotros, qué merecemos, qué nos corresponde y qué resulta interesante para nuestra alma.
Es posible que tu cultivo esté relacionado con el cierre de ciertos patrones y hábitos. ¿Cómo podemos descubrirlo? ¿Cómo podemos saber qué conviene, o si conviene, detener?
Desde el amor propio se aprende eso. Desde el amor propio aprendemos a confiar en nuestras voces internas y a criticarlas menos. Desde el amor propio descubrimos nuestra necesidad y nuestro derecho básico a un cultivo amplio y profundo, un cultivo que no tiene por qué producirse a expensas de otras personas, pero cuya ausencia deja claro que nuestra alma permanece hambrienta y en dificultad. Desde el amor propio comprendemos que sin cultivo somos más débiles, más vulnerables y menos felices.
Entonces, ¿cuál es tu rol? Tu rol es cultivar el vínculo contigo mismo o contigo misma y verlo como un proyecto de gran importancia. Debes permitirte un poco más cada día. Esforzarte por ti. Detener los esfuerzos excesivos y considerarte más. Suavizar la crítica, ampliar la tolerancia hacia ti y hablarte de manera más amable y delicada.
Desde aquí, todo comenzará a desarrollarse. Desde aquí, el camino hacia el autocultivo se abre de par en par y se vuelve más práctico y más tangible.
Práctica
Negarse
Para algunas personas, esta acción básica, que nos protege de aquello que no es correcto para nosotros, resulta demasiado difícil y amenazante. ¿En qué lugares y frente a quiénes aún te cuesta decir “no”? Si pensáramos desde el amor propio, ¿podríamos fortalecer aunque sea un poco los músculos de la negación?
Aceptar
De manera similar y en relación directa con la negación, a veces debemos atrevernos a decir “sí” a una idea, a una propuesta o a una oportunidad. Desde un aumento del amor propio, ¿cuál podría ser el próximo “sí” que te otorgue nuevo sabor y nueva energía?
Despedirse
Desde el amor propio, a veces debemos decir basta y elegir terminar algo, porque continuar causaría un daño personal. ¿De qué es importante que te despidas en el período cercano, con amor y desde una preocupación genuina por tu integridad emocional?
Capítulo 12: Alentar, apoyar y reconocer, incluso y especialmente cuando es difícil
Este capítulo representa, en gran medida, una de las partes más importantes, desafiantes y complejas del amor propio. El tema que abordaremos aquí expresa aspectos menos brillantes, menos sensacionales y menos “atractivos” del amor propio. Representa nuestros momentos menos agradables, los momentos dolorosos, grises, deprimidos y generadores de ansiedad.
Dentro de estos espacios no fáciles, donde la vida se vuelve más dura, pesada y complicada, examinaremos el rol crucial del amor propio. Dentro de los lugares más difíciles por los que una persona debe atravesar, pensaremos juntos cómo el amor propio puede cambiar el panorama cuando se lo utiliza con valentía, incluso con las pocas fuerzas emocionales que quedan.
Cuando estamos en momentos difíciles, cuando la realidad choca con nosotros y sacude nuestra estabilidad, cuando casi todo se complica, cambia y se estropea, una de las últimas cosas en las que probablemente pensaremos será el amor propio. En esos momentos, donde el dolor, el miedo, la preocupación, la inquietud y la frustración son tan presentes, no es sencillo para una persona, e incluso puede resultar casi imposible, encontrar dentro de sí puntos de suavidad, empatía y comprensión hacia sí misma.
Pero son precisamente esos los momentos en los que el amor propio es tan necesario como el aire para respirar.
Son exactamente esos momentos en los que olvidamos lo bueno, lo alentador, lo optimista y lo exitoso de nuestras vidas. Son esos momentos en los que, además de la dificultad, añadimos una crítica excesiva hacia nosotros mismos, una desesperanza que excede los límites del evento, un pesimismo que distorsiona la imagen y un enfoque excesivo en lo problemático, mientras descuidamos casi por completo otros aspectos de nuestra alma que podrían ayudarnos, estabilizarnos y ofrecernos una perspectiva más saludable frente al desafío que tenemos delante.
Y son precisamente esos momentos en los que el amor propio es tan importante y puede cambiar la realidad.
Así es como funciona. Cuando nos sentimos muy mal o cuando las cosas avanzan en direcciones que no deseamos, se crea dentro de nosotros, en paralelo a la experiencia desagradable, una atmósfera de distanciamiento interno que puede llegar incluso a la autoalienación. Esta atmósfera no es una obligación de la realidad ni está necesariamente relacionada con lo que sucede afuera. Más aún, esta atmósfera solo intensifica la dificultad, la prolonga, la exagera y reduce nuestra capacidad de afrontarla de manera creativa. Y peor aún, nos empuja a conductas que se parecen mucho a las de las personas con adicciones, conductas que incluyen la repetición de errores del pasado, la tendencia al daño personal y una permanencia excesiva en el dolor.
Cuando en esos momentos logramos, aunque sea por un instante, detener el arrastre, pararnos frente al espejo, sonreír levemente y decir algo como: “Sí, ahora es difícil, pero aun así te amo”, producimos un cambio profundo y de largo alcance, un cambio que con el tiempo puede dotarnos de herramientas que nos saquen de los círculos repetitivos de dolor, frustración y conductas que inevitablemente nos llevan a lugares no deseados.
Es importante señalar que, en la mayoría de los casos, un gesto de amor propio realizado en medio de una crisis no cambiará de manera inmediata las sensaciones. A veces sentiremos cierto alivio o una pequeña mejora en la atmósfera interna. Pero muchas veces no ocurrirá nada esencial en el momento. El dolor y la dificultad tienen su propio ciclo de vida y su propio ritmo de desvanecimiento.
Lo principal cuando incorporamos una acción de amor propio en un momento difícil es lo que sucederá después y cómo el alma construye su futuro emocional. Cuando plantamos elementos de amor propio dentro de un evento doloroso, el alma registra un precedente positivo. Recordará que ese evento se desarrolló de manera distinta a lo habitual: que, a pesar del dolor, también hubo destellos de una conducta sana y positiva. Ese recuerdo la ayudará en el futuro a responder de otra manera cuando un evento similar vuelva a presentarse.
Cuando nuestro recuerdo de un evento es completamente negativo, la probabilidad de que ese evento se repita de la misma forma, e incluso con mayor intensidad, es alta. Este es un círculo de repetición y de adicción al lugar doloroso, mientras no se realicen cambios profundos que modifiquen la realidad asociada a ese tema. Los seres humanos tendemos a regresar a los lugares donde cometimos errores y donde nuestra alma quedó atrapada en una gran dificultad. Podemos verlo como una oportunidad recurrente de reparación o como una forma de adicción.
En cambio, cuando logramos, a pesar del peso y la dificultad, elevarnos por un breve momento, ignorar el tumulto, sonreír al espejo y decir palabras de amor hacia nosotros mismos, toda la dramatización y lo que queda de ella cambian de manera significativa. Ya no somos únicamente víctimas del evento. No estamos completamente dominados por él. Hemos encontrado dentro de nosotros la capacidad de responder, aunque sea por algunos momentos, con herramientas de amor propio. Cuando actuamos así, el alma identifica que algo cambia, que la realidad ya no está compuesta solo de eventos oscuros y opresivos, sino de eventos que contienen simultáneamente lo malo y lo bueno, el dolor y el coraje, la tristeza y el amor.
Un aspecto importante de esta conducta en momentos difíciles es que requiere una gran dosis de valentía. El drama negativo es un estado arrastrante, convincente, inflexible y que casi no deja espacio para la duda, la reflexión o un pensamiento creativo y amplio sobre lo que sucede. Ese tipo de drama nos hace sentir que la realidad es absoluta y demasiado dolorosa. Nos aleja rápidamente de nuestras fuerzas positivas. Nos entregamos a él y le otorgamos el mandato de gobernarnos de manera negativa. Nos volvemos adictos a él.
Pararnos frente a esa corriente y frente al dolor, y precisamente allí alentar, apoyar y reconocer, no es sencillo. Es ir contra lo existente, rebelarse, colocarse cara a cara frente a un dolor total y categórico, y decirle “no”. Para una acción así se requiere un coraje que nace de un lugar profundo y silencioso que ya ha encontrado el amor propio, lo ha reconocido y lo ha adoptado como un mecanismo esencial para crear una vida más saludable y significativa.
Este tipo de valentía es mucho mayor e infinitamente más importante que muchas acciones y decisiones que suelen considerarse valientes o audaces. Porque es allí, dentro de nuestra rutina cotidiana, donde ocurren los eventos que determinan de manera más decisiva nuestra salud emocional y física. Allí, en los eventos irritantes, repetitivos y tan frustrantes, se esconden los mayores tesoros para el crecimiento personal, la realización y el cambio. En el corazón de los lugares difíciles también se encuentran los bloqueos que nos impiden vivir una vida más libre, más relajada y más satisfactoria. No debemos entender estos estados de otra manera. Son exactamente los lugares donde nuestra alma se atasca una y otra vez, y son exactamente los lugares donde la vida nos ofrece una oportunidad de cambio.
¿Y cómo ocurrirá el cambio?
El cambio ocurrirá poco a poco, mediante una introducción gradual y persistente del amor propio en los espacios oscuros, poco gratificantes y no adecuados para nuestra vida. Cuando introducimos una y otra vez amor propio allí, el alma lo recordará y abordará el siguiente evento con un poco más de positividad y creatividad. Cuando esto se convierte en un hábito, la intensidad de la dificultad disminuye, y se revelan nuevas posibilidades de cambio y de una perspectiva más equilibrada del problema.
Necesitamos amor propio tanto en los momentos difíciles como en los momentos tranquilos y fáciles. Cuando el amor propio se convierte en una parte inseparable de nuestra vida, todo se vuelve más simple, más claro, menos aterrador y más manejable. El amor propio es el fundamento del cambio, y a veces es el cambio mismo.
¿Tienes el coraje de sonreírte incluso cuando es difícil?
Práctica
Perderse junto a uno mismo
Llévate a ti mismo o a ti misma alguna vez y piérdanse juntos. Un lugar desconocido, un recorrido no planificado. Perderse juntos. Si ya tienes experiencia en ello, excelente: hazlo de nuevo pronto. Si te genera algo de temor, pregúntate si existe la posibilidad de que, algún día, te animes a probar esta experiencia especial y emocionante que puede intensificar enormemente tu intimidad contigo mismo o contigo misma.
Disfrutar solo o sola en casa
Tu casa es tu espacio privado, al menos una parte de ella. El tiempo de calidad contigo mismo o contigo misma en casa es una parte esencial del amor propio, y preferiblemente un día entero. ¿Qué te impide permitirte un día completo contigo en casa? ¿Qué planificarías para ese día especial? ¿Da miedo? ¿Da miedo quedarse a solas con uno mismo? ¿Amarse?
Decisiones impulsivas
A veces, para vivir desde el amor propio, es conveniente tomar algunas decisiones impulsivas sin la seguridad total de que producirán los resultados deseados. Si no actuamos así, permaneceremos siempre en un lugar demasiado seguro, y en ese lugar nos resultará difícil desarrollar un amor propio auténtico.
Capítulo 13: ¿Soledad? ¡Carencia de amor propio!
La soledad es, probablemente, uno de los problemas más frecuentes y más grandes de la cultura humana contemporánea. Este problema es mucho más común, influyente y perturbador de lo que solemos estimar. Se manifiesta alrededor de la persona en una gran variedad de formas y aspectos y, como mostraré más adelante, está profundamente vinculado a la carencia de amor propio.
Antes de relacionar la soledad con los temas del amor propio, conviene aclarar el concepto de “soledad”, ya que representa, muy probablemente, las raíces de las ansiedades humanas y sus posibles consecuencias.
El ser humano, en esencia, teme perder.
Teme perder a sus amigos, a su familia, su salud, su sustento, su lugar de residencia, sus valores, sus hábitos y casi cualquier cosa que siente como parte de sí mismo o que percibe como algo que le pertenece. El ser humano teme perder cosas.
Pero, por encima de todo, teme perder el vínculo emocional con el lugar y el entorno en los que vive.
Cuando nos levantamos por la mañana, despertamos en una realidad en gran medida conocida. Caminamos por nuestra casa conocida, comemos los alimentos que nos son familiares, transitamos por nuestras calles conocidas, trabajamos en nuestro trabajo conocido y mantenemos vínculos de amistad y de familia con personas que conocemos desde hace mucho tiempo.
Imaginemos por un momento que todo lo que nos resulta familiar, conocido, propio y vinculado a nosotros desaparece, y que nos encontramos en un entorno completamente distinto, con otro idioma, con cero personas que nos conozcan, con costumbres totalmente diferentes e incluso incomprensibles, sin un lugar propio, sin una profesión propia y sin un vínculo con el entorno. Si imaginamos una situación así, podemos también estimar la magnitud de la ansiedad y de la indefensión que acompañarían una sensación de este tipo. En ciertas enfermedades mentales, la persona puede sentir de manera temporal que pierde el vínculo con aquello que siempre estuvo en su vida, y esto desestabiliza aún más su estado emocional.
Esta situación imaginaria, y por supuesto imposible, refleja lo que conocemos como la experiencia de la soledad y la ansiedad que la envuelve. Si una persona queda sin un lugar y sin personas con quienes pueda comunicarse, relacionarse, negociar, compartir, consultar, amar, sentir y tocar, se convierte en una persona extremadamente carente, casi carente de valor. En una situación así, su presencia parece no tener significado ni importancia. Una persona así es, de hecho, una persona sola.
Está claro que una situación de este tipo casi no puede existir en la realidad. Describe la enorme dependencia que tenemos de la existencia de vínculos a los que estamos conectados y a través de los cuales expresamos una parte muy significativa de quiénes somos y de lo que somos capaces de ser. Mientras no comprendamos esta dependencia inevitable, no tendremos herramientas para entender realmente dónde vivimos ni qué nos guía, de manera inconsciente. Haremos todo lo posible por evitar una situación así, incluso cosas muy extrañas e imprevisibles. Bajo ningún concepto queremos perder aquello que nos mantiene como parte de la red general. No queremos estar solos.
Pero lo que ocurre en la práctica es una complicación del deseo humano de estar conectados y vinculados.
Aquella parte de nuestra personalidad que solo puede desarrollarse si nos permitimos un cierto grado de existencia, funcionamiento y afrontamiento completamente a solas, se desarrolla en muchas personas solo de manera parcial. Nos hemos convertido en personas que temen profundamente encontrarse consigo mismas, por miedo a perder todos sus vínculos sociales, familiares y profesionales. Hemos invertido la lógica y hemos amplificado la dependencia natural y razonable del entorno, transformándola en una dependencia patológica, excesiva y distorsionada. Nos hemos convertido en personas a las que les cuesta conocerse y reconocerse, por temor a perder aquello que, en realidad, no puede perderse, salvo en escenarios completamente imaginarios.
Así sucede que las personas huyen de sí mismas hacia todo tipo de estímulos y distracciones. En lugar de disfrutar de los encuentros sociales, convierten las interacciones en un salvavidas frente al encuentro íntimo y esencial consigo mismas. Se refugian en el teléfono inteligente, que en realidad las vuelve menos conscientes, se quedan atrapadas en relaciones que no les hacen bien solo por el miedo a estar a solas consigo mismas, trabajan en exceso, ordenan la casa cuando ya no es necesario, miran televisión y navegan por internet más de lo debido, solo porque les resulta difícil estar consigo mismas. Estar consigo mismas es percibido como una pérdida catastrófica que, como se dijo, solo puede ocurrir en guiones imaginarios.
La huida de una intimidad real con nosotros mismos solo agrava la soledad, reduce nuestras capacidades sociales positivas y nos convierte en personas más débiles y más temerosas.
Mientras no enfrentemos la ansiedad a perderlo todo, una ansiedad que no refleja un escenario real pero que influye enormemente en nuestra calidad de vida, nos condenamos a una vida en la que gran parte de ella se basa en distintas formas de huida de nosotros mismos, de huida de nuestra verdad. Podemos llegar a un estado en el que no conocemos bien quiénes somos, cuáles son nuestras pasiones, cuál es el camino correcto para nosotros y cuáles son las promesas reales que la vida tiene para ofrecernos.
Y justamente aquí se encuentra a nuestro lado, firme y confiada, el amor propio.
Ese amor propio que siempre puede ser restaurado, cultivado y fortalecido. Ese amor propio que refleja el fundamento del amor, el vínculo más directo y auténtico de la persona consigo misma, la conexión simultánea con el espíritu, la emoción y el pensamiento, de la manera más positiva, constructiva y saludable que podamos imaginar.
El amor propio es el hilo que conecta esa ansiedad profunda ante la falta de vínculo y la pérdida de todo, con una forma de vida creativa, alegre y optimista. El amor propio es la respuesta primaria y verdadera a las experiencias de soledad. El amor propio es lo que falta cuando una persona se encuentra sufriendo en exceso por lo que percibe como una soledad opresiva.
Nosotros, los seres humanos, como la mayoría de las criaturas del mundo, somos sociales y tendemos a conectarnos, agruparnos, organizarnos y crear distintos tipos de pertenencia para sobrevivir y desarrollarnos. Pero todas las conexiones interpersonales que creamos no pueden realmente nutrirnos ni beneficiarnos mientras su esencia principal sea la defensa frente a lo que percibimos como el terror de la soledad.
Para poder ser sociales con las personas y los grupos que nos rodean de la manera adecuada para nosotros, primero debemos cultivar el sistema social con nosotros mismos. Mientras exista vacío interior y no haya amor entre nosotros y nosotros mismos, siempre nos sentiremos amenazados por el encuentro doloroso e inevitable con nosotros mismos. Mientras no exista amor propio, la persona no puede sentirse cómoda consigo misma, y sufrirá en situaciones en las que esté sola, interpretándolas como soledad e incluso como depresión.
Cuando el amor propio comienza a ocupar más espacio, la persona encuentra cada vez más situaciones en las que le resulta más cómodo estar consigo misma que con otros. Cuando el amor propio se desarrolla y se consolida, las opciones se amplían y las ansiedades frente a que algo o alguien se vaya, abandone, se rompa o desaparezca, se debilitan. En ese estado, la ansiedad por la soledad se reduce y su lugar es ocupado por una relación interna sólida, que desafía los mensajes sociales basados en una necesidad compulsiva de huir de nosotros mismos hacia los espacios del “juntos”. Esta relación interna nos devuelve la libertad de elegir tiempos de calidad con nosotros mismos, con amigos, con familia y cualquier otra forma de expresión personal.
Todo comienza con el amor propio y todo solo puede desarrollarse correctamente a partir del amor propio. Así es como funciona.
Práctica
Perdonarte más rápido
Nos equivocamos y volveremos a equivocarnos. Todos erramos y, a veces, herimos o fallamos el objetivo. Pero si no nos perdonamos, nos quedamos en el mismo lugar y no podemos realmente reparar ni mejorar. Desde un amor creciente hacia ti mismo o hacia ti misma, ¿en qué temas ya ha llegado el momento de perdonarte?
Amar lo que está dañado o herido
Cada persona tiene algún tipo de discapacidad emocional y, a veces, tendemos a enfadarnos con nosotros mismos por ello, a condenarnos o a exigirnos corregirlo rápidamente. Pero no podremos hacerlo si no comenzamos a cultivar dentro de nosotros un amor propio que incluya amor hacia lo defectuoso, lo gastado y lo que no funciona bien. Un amor sin reservas y sin condiciones. ¿Qué discapacidad emocional en ti necesita ahora un amor más grande?
Amar nuestros errores
Más allá de perdonarnos, y más allá de amar nuestra discapacidad emocional, conviene encontrar en nuestro corazón la capacidad de valorar los errores que hemos cometido y agradecerles. Cada error encierra una oportunidad que solo se revela a través del amor. ¿Qué error tuyo puedes hoy abrazar y alegrarte de que haya ocurrido?
Capítulo 14: ¿Por qué es tan importante sonreír al espejo?
A primera vista, se trata de un gesto liviano, simbólico, rápido y aparentemente insignificante. Sonreír al espejo. Parecería que ningún cambio significativo puede producirse simplemente porque, así sin más, sonreímos al espejo cada vez que nos encontramos con nuestra imagen. ¿Qué podría desarrollarse realmente a partir de algunos gestos rápidos de sonrisa durante el día?
¿Por qué para la mayoría de las personas el simple hecho de mirarse al espejo no es fácil? Y más aún, ¿por qué les resulta tan difícil sonreírse a sí mismas sin crítica ni juicio?
Probablemente porque sienten vergüenza. No están acostumbradas a una intimidad tan directa consigo mismas. No están acostumbradas a verse a sí mismas, y quizá tampoco a ver a los demás, más allá de las máscaras de normalidad y de las expectativas sociales que nos alejan tanto de nosotros mismos. No estamos acostumbrados a vernos de verdad. Estamos acostumbrados a ver aquello que inventamos mientras huimos de nuestra esencia y de nuestra fuente.
Y vuelvo a preguntarme: ¿qué puede avergonzar, incomodar o dificultar una sonrisa? Resulta extraño que una acción agradable, amable y que constituye la base de una comunicación cercana, constructiva y amistosa, se convierta en algo torpe y evitado. ¿Qué puede ser incómodo en vernos sonreírnos a nosotros mismos? ¿Qué nos duele en ello? ¿Por qué la sonrisa frente al espejo despierta ansiedad y rechazo? ¿Dónde está aquí el problema?
Puede ser que nos hayamos vuelto adictos a un estilo de vida rígido, crítico y gris. En un estilo así, nuestro compromiso emocional con nosotros mismos es bajo. Nos fijamos en un nivel relativamente bajo de afrontamiento de aquello que nos pesa y no nos atrevemos a salir de allí mediante acciones y gestos que podrían cambiar la imagen.
Quiero preguntarte ahora, y te invito a dejar que esta pregunta resuene por un momento: ¿el encuentro contigo mismo frente al espejo es como el encuentro con una persona muy importante y muy querida para ti?
¿Podemos imaginar una situación en la que nos encontramos con una persona importante y querida y la recibimos con un rostro severo, preocupado, crítico y frío? No hay ninguna posibilidad de que eso ocurra. En situaciones así, e incluso en situaciones menos agradables, siempre sonreímos cuando encontramos a alguien, salvo en casos muy específicos en los que estamos obligados a encontrarnos con alguien con quien estamos enfadados o heridos. En todos los demás casos, una sonrisa, pequeña o grande según la situación, constituye uno de los códigos básicos para abrir diálogo, conexión e interacción.
¿Por qué cuando nos encontramos con la persona más importante y más querida de nuestra vida no la recibimos con amabilidad y quizá incluso con algunas palabras de aprecio y amor?
¿Por qué nos distanciamos de la persona que determina más que nadie nuestro destino, nuestro presente y nuestro futuro?
¿Por qué nos secamos a nosotros mismos con miradas frías e incómodas, incluso en el mejor de los casos?
¿Por qué no invertimos en nosotros mismos lo correcto: un gesto repetido de sonrisa hacia nosotros mismos que, con el tiempo, construya un amor propio cada vez mayor?
No siempre es fácil ni rápido responder a estas preguntas. Son preguntas complejas pero profundamente esenciales, que invitan a la persona a tomar las riendas de su vida emocional y a generar en ella un cambio deliberado, un cambio que conducirá a eventos positivos que emergerán del cambio de conciencia y de una actitud más positiva hacia uno mismo.
El amor propio y su fortalecimiento comienzan en el lugar que comprende, o al menos está dispuesto a valorar, que en lo profundo ya existe. No es un tema de aprendizaje teórico profundo, sino un tema de práctica, entrenamiento, aplicación y restauración. El amor propio está allí dentro, junto a muchas otras cosas buenas que tenemos una enorme capacidad para ocultar o reducir. El amor propio se encuentra en los sótanos del alma y constituye una de las características del yo verdadero.
Cuando sonreímos al espejo de manera constante, una y otra vez, con determinación y sin concesiones, transmitimos un mensaje a la persona que está frente a nosotros: a nosotros mismos. Este mensaje se repite, es persistente y no se rinde. Es un mensaje de lealtad, de amor, de devoción y de responsabilidad hacia nosotros mismos. Es un mensaje que expresa que siempre, en cualquier situación, la luz positiva seguirá encendida: esa luz que conoce lo bueno que hay en nosotros, esa luz que representa nuestra pasión saludable y el conocimiento de que somos dignos, especiales y, por supuesto, profundamente amados.
Mensajes de este tipo a veces llegan desde el entorno, pero muchas veces no de la forma que necesitamos, o nos hacen depender del suministro de emociones cálidas de otra persona, algo que inevitablemente se interrumpe, explota o cambia. Solo el amor que proviene de dentro puede preservar su estabilidad y nunca generar dependencia ni adicción. Cuando sonreímos al espejo, nos proporcionamos, desde la fuente primaria más confiable y de mayor calidad disponible para nosotros, aquello que buscamos sin éxito a través de las personas que nos rodean, personas que nunca podrán reemplazar la fuente, el fundamento y el núcleo del amor que existe en lo profundo de nosotros mismos.
La sonrisa frente al espejo nos permite asomarnos a lo que hay de bello en nosotros, tanto en el plano físico como en el espiritual. Cuando nos cuesta mirar nuestro rostro sonriente, es una señal clara de que nos cuesta reconocer la belleza natural y divina con la que llegamos a este mundo. Una persona siempre es más bella y más conmovedora cuando sonríe. Siempre ofrece a su entorno sus regalos más dulces cuando sonríe. Siempre está en su mejor versión cuando sonríe, incluso cuando las circunstancias aparentemente no justifican una sonrisa.
Sonríe al espejo durante treinta segundos seguidos y observa qué ocurre. Sonríe al espejo durante un minuto entero y observa qué ocurre. Sonríe al espejo durante dos minutos continuos y sentirás cómo tu belleza interior penetra en tu conciencia a través del contacto con tu sonrisa única y entrañable. Cuando sonríes durante períodos prolongados, primero atravesarás los dolores, los miedos, las dudas, los enfados y el cinismo. Están allí y se drenan hacia afuera cuando sonríes de manera continua frente al espejo. Permite que esas partes negativas emerjan y sigue sonriendo. Tu determinación de continuar mirándote de este modo ahuyentará poco a poco las máscaras de resistencia y, finalmente, te conectará con una sensación especial y placentera: la sensación del amor que brota de manera natural desde dentro.
Sonreír al espejo es una cuestión de elección y expresa también la belleza de una acción simple y tan poco valorada. Podemos, por decisión propia, en casi cualquier situación, recordarnos que aspiramos a fortalecer el amor propio. Podemos hacerlo ahora mismo a través de otra sonrisa amplia y valiente frente al espejo. Podemos expresar nuestro amor de esta manera, y esto será muy significativo tanto a corto como, aún más, a largo plazo.
Y como me gusta decir: de todos modos nos encontramos con nosotros mismos en el espejo todos los días. ¿No es una pena desperdiciar esta oportunidad maravillosa de fortalecer el amor propio? ¿No es una pena mirarnos simplemente sin aportar nada a nuestra vida, en lugar de enriquecerla con un gesto claro de amor propio?
Práctica
Lo que no me gusta de mí 1
No importa cuánto cultivemos el amor propio, habrá momentos, situaciones y períodos en los que sentiremos que hay cosas en nosotros que no nos gustan. Intentemos trabajar con ello. Comienza a identificar las partes de ti que no te gustan y que están relacionadas con tu trabajo. Haz una lista lo más detallada posible.
Lo que no me gusta de mí 2
Por supuesto, también hay aspectos tuyos que no te gustan en el plano emocional, romántico, parental, familiar y social. Intenta detallar todo aquello que te gustaría cambiar, que no exista o que se desarrolle de otra manera en estas áreas. Haz una lista lo más detallada posible.
Lo que no me gusta de mí 3
Ahora, sonríe y decide que vas a amar con abundancia y sin reservas todo lo que mencionaste en los dos apartados anteriores. Escribe todos esos elementos en una columna, uno debajo del otro. Luego escribe junto a cada elemento una respuesta amorosa, como la de una madre que ve a su hijo no logrando arreglárselas y se acerca con un amor grande y con una sonrisa que transforma el problema en algo mucho más pequeño.
Capítulo 15: Viajar solo y conectarme con el mundo de la mejor manera
Una de las características más destacadas de la capacidad del ser humano para conectarse mejor consigo mismo, y una de las herramientas más claras para mejorar la relación que una persona tiene consigo misma, es el paseo en solitario. Viajar solo afuera, en un entorno urbano o en la naturaleza, en transporte público o en un auto particular. Simplemente llevarme a mí mismo a pasear. Salir conmigo al mundo, solo yo y yo caminando por ahí afuera, disfrutando el uno de la compañía del otro, o disfrutando una de la compañía de la otra.
Quien aún no ha probado el paseo en solitario puede, al principio, sentirse raro e incómodo al andar solo, sin un objetivo claro, sin un destino definido, solo consigo mismo en un entorno donde hay gente o en un entorno donde está solo con la naturaleza y el mundo.
Los hábitos que nos alejaron de nosotros mismos y del gran placer de conectar con el entorno mientras estamos solo en nuestra propia compañía nos quitaron partes esenciales de la relación interna y nos dejaron no solo muy distantes de nosotros mismos, sino también ignorantes y sin comprensión de lo que ocurre allí adentro, cuando una persona se encuentra consigo misma, se escucha, se ve y se convierte en su amigo más cercano.
De hecho, uno de los lugares donde podemos escucharnos y fluir con nosotros mismos de una mejor manera es todo lo que está fuera de la casa, cuando no estamos bajo la presencia fija de alguien a nuestro lado. Solo nosotros y el mundo. Solo nosotros y el entorno. Hay algo en el encuentro con el entorno y en la forma en que este resuena dentro de nosotros que nos permite llegar a una calidad de comunicación interna mejor y a un conocimiento más profundo de las cosas verdaderas que habitan allí adentro.
Y más aún, muchas veces la persona entiende que la mejor manera de conectarse con el entorno y con las personas afuera comienza con moverse sin compañía. Cuando estamos con una persona específica desde el inicio del trayecto, gran parte de nuestra atención se dirige a esa persona y a la comunicación entre ambos. Sin darnos cuenta, la mayor parte de la comunicación que podríamos crear con nosotros mismos desaparece, y todo lo que ocurra durante la estancia y el paseo en compañía de la otra persona surgirá del vínculo entre nosotros y esa persona, y menos del vínculo entre nosotros y nosotros mismos.
Salgan de casa a veces, salgan sin un destino definido. Dense ese tiempo, una hora, dos horas. Pongan atención a las resistencias. Pongan atención a las ansiedades. Pongan atención a las excusas que de pronto aparecen para disuadirlos de salir afuera, solos, así sin más. Pongan atención a la vergüenza, si existe, cuando comienzan a moverse afuera y sienten la diferencia entre ustedes, entre salir a pasear con ustedes mismos, y la mayoría de las otras personas que salen a lugares muy definidos como trabajo, compras, diligencias, familia y más. Permítanse ser diferentes. Permítanse incluso, por un rato, ser supuestamente raros. La verdad es que no son ustedes los raros, no son ustedes quienes hacen algo que se sale de lo razonable. La verdad es que ustedes son los más cuerdos, los más sanos, los más valientes y los más interesantes. Salgan a pasear solos. Primero por una hora, y quizá después por una semana, dos semanas y más.
Y no, no van a estar realmente solos.
Este concepto tan común, solo, confunde y engaña mucho, y muchas veces expresa exactamente lo contrario. Una persona que no es capaz de estar consigo misma no conoce realmente la experiencia del estar juntos. Una persona que no experimenta el estar juntos consigo misma no puede sentirlo en compañía de otras personas. Esa persona está tan asustada de estar consigo misma, tan temerosa de vivir intimidad consigo misma, que siempre se rodea de familiares, amigos, trabajo y distintas tareas, y todo eso solo para no estar consigo misma. Esa persona está mucho más sola que ustedes y no conoce en profundidad el verdadero placer del juntos. Esa persona está muy lejos de ustedes, de las personas que suben la montaña del amor propio. Ustedes están haciendo lo correcto, la mayoría de las personas todavía no.
Cuanto más practiquen el paseo en solitario, más lo disfrutarán y saldrán de él más satisfechos y más alegres. Con el tiempo, empezarán a sentir que, mientras se mueven, el mundo comienza a hablarles. De pronto notarán más detalles que antes pasaban por alto rápidamente. Una flor en particular los hará detenerse y observarla. Quizá se sienten en un banco en la calle y miren a la gente que corre y a los autos que pasan, y podrán escuchar los diálogos que las personas mantienen consigo mismas mientras caminan cerca de ustedes sin notar que ustedes están ahí, y de pronto se darán cuenta de que están dentro de un drama fascinante. Ustedes están afuera, solo con ustedes mismos, sin correr a ningún lugar y sin cumplir ninguna tarea supuestamente importante.
Pero hasta que el juntos con ustedes mismos sea placentero, puede ser arduo. Al principio les será difícil e incluso extraño, porque no están acostumbrados a ponerse a ustedes mismos afuera sin las máscaras de aquello en lo que supuestamente están ocupados. ¿Cuándo fue la última vez que se encontraron por casualidad en la calle con un conocido o una conocida que les contara que solo está paseando, así sin más, conectándose con la naturaleza, y que no tiene prisa de llegar a ninguna parte? ¿Pueden imaginar que un día ustedes serán las personas que sonríen con comprensión a alguien que se cruzan en la calle y le cuentan que solo están dando vueltas, con ustedes mismos, sin un propósito definido?
Quizá al principio lo sientan como una pérdida de tiempo. Estamos programados. Estamos esclavizados a un estado mental inquieto y agitado que nos hace usar nuestro tiempo libre de una manera particular y limitada. No pocas personas sienten vergüenza de pasar un día entero que no fue definido oficialmente como vacaciones, sin trabajo o sin una contribución concreta a algún esfuerzo como limpiar la casa, cuidar el auto o atender a la familia. Nos cuesta ver el tiempo de calidad con nosotros mismos como un espacio digno e incluso sagrado, un tiempo al que debemos brindarle una atención especial e invertir en él pensamiento y profundización.
En definitiva, estamos programados para estar lo menos posible con nosotros mismos. Cuando estamos con nosotros mismos, mientras aún no estamos entrenados en ello, puede que sintamos que estamos haciendo algo indebido, innecesario y quizá incluso tonto. Nos rendimos tanto a esa programación que ya no habrá ninguna conexión entre ella y el amor propio.
Así que salgamos afuera. Nunca estaremos realmente solos, es exactamente lo contrario. Cuanto más practiquemos salir solo con nosotros mismos y cuanto más aprendamos a separarnos de las ansiedades que acompañan un movimiento así, descubriremos dentro de nosotros experiencias de juntos que no conocíamos antes y que jamás querremos perder. Seremos quienes aprovechan mejor su tiempo libre porque lo que hacemos contribuirá enormemente al orden interno y a la calma emocional con nosotros mismos, una calma que buscamos tanto, solo que la mayoría de las veces la buscamos en los lugares equivocados.
No se asusten del susto y no se sorprendan de la ansiedad. Reflejan los muros que construimos entre nosotros y nosotros mismos, y se expresarán con gran intensidad al comienzo del camino. Sigan caminando solos. Permitan que las piernas los lleven y los alejen, paso a paso, del lugar demasiado guardado y demasiado protegido en el que están. No saquen el celular del bolsillo a cada momento, permítanse moverse. Permítanse el derecho de improvisar el camino y de elegir rutas y senderos de manera sorprendente y espontánea. Nadie está ahí para influir en la dirección de su caminar o en el lugar correcto para detenerse. Todo el espacio es de ustedes, está completamente abierto y los invita a intentar, experimentar y descubrir. Ese espacio les ayudará muchísimo a mantener el vínculo interno y a sentir amor propio como nunca lo sintieron.
Allá afuera, sin que nadie los vea, podrán, aunque sea por un instante, abrazarse a ustedes mismos.
Puede ser agradable, pero no hay que verlo como un acto obligatorio, sino como un tipo de bono. Quizá decidan detenerse en algún lugar y comprarse algo rico para comer o beber. Quizá inicien un diálogo espontáneo con una persona desconocida y se sorprendan al descubrir que hay en ustedes apertura y fluidez hacia un extraño que, en ese momento, se conecta con su viaje personal y libre con ustedes mismos.
Salgan con ustedes mismos para encontrarse con ustedes mismos a través del mundo exterior. No se sorprendan por las dificultades en las primeras veces. Es un tipo de limpieza de hábitos no buenos que adquirieron. Pasará. Crean que vivirán un placer grande y escondido solo cuando paseen solos, con ustedes mismos. Es un placer del amor propio en toda su gloria, un placer de conexión verdadera de una persona consigo misma.
Práctica
Ocuparme de un asunto descuidado
Desde el amor propio se puede enfrentar la postergación. Desde el respeto y la valoración hacia nosotros mismos, podemos decidir que ahora es el momento, ahora lo haremos. ¿En qué tema puedes reunir amor propio y, ya desde ahora, dejar de descuidarlo?
La calidad y la cantidad de tu descanso
¿Te das suficiente descanso? ¿El descanso es de calidad y recarga tus baterías? Ámate más y cuida este recurso tan valioso: el descanso. Nadie podrá descansar en tu lugar.
Tres deseos
Desde un amor creciente hacia ti mismo o hacia ti misma, ¿puedes ahora expresar tres deseos respecto de cosas que te gustaría cambiar o mejorar durante el próximo año? ¿Te permitirás exagerar en tus pedidos?
Capítulo 16: ¿Autenticidad? No existe en ausencia de amor propio
Si una persona quiere conocerse mejor, debe amarse mejor.
El concepto de “autenticidad” puede confundir muchísimo. ¿Qué es la autenticidad? ¿Cuál es la expresión humana que refleja autenticidad y cuál no? ¿Cuándo una persona es auténtica, es decir, más verdadera, y cuándo no? ¿Existe acaso la posibilidad de que una persona sea no auténtica? Al fin y al cabo, todo lo que expresa en un momento dado es lo que, de manera auténtica, puede expresar, ¿no?
En algún lugar, en las profundidades de la conciencia humana, el concepto de “autenticidad” activa en nosotros un anhelo y una nostalgia por algo que, por lo general, sentiremos que falta. Y en efecto, la mayoría de las personas sienten frustración porque en el presente están a gran distancia de partes internas que reflejan verdad y limpieza interior.
¿Qué hace que una persona sienta que vive en un tipo de mentira o de ocultamiento?
¿Qué hace que una persona sienta que no es tan auténtica como podría ser?
¿Qué hace que una persona sienta que se esconde de sí misma, huye de sí misma, no se conoce lo suficiente y no expresa lo que realmente existe dentro de ella, profundamente adentro?
¿Qué es eso que una persona busca tanto y lo llama “autenticidad”?
¿Qué es lo que realmente buscamos y, cuando imaginamos un estado de “autenticidad”, sentimos que allí se encuentra aquello que nos falta, lo escurridizo y lo preciso de nosotros?
La respuesta a estas preguntas es, más o menos, la misma respuesta, aunque sin duda se puede presentar de maneras diversas. La respuesta no está en el lugar donde las explicaciones lógicas brindan una respuesta completa a lo que no nos queda claro. La respuesta a estas preguntas está en los lugares donde nos permitimos liberarnos por un rato de la necesidad de entender de manera lógica y total. La respuesta a estas preguntas solo es posible cuando aflojamos un poco el cinismo y la necesidad de ordenar lo que ocurre en nuestra cabeza. La respuesta requiere apertura y un estado mental creativo y flexible que permita a ideas nuevas tener lugar y oportunidad.
La respuesta a estas preguntas está en un conocimiento que existe en toda persona que comenzó a caminar por algún sendero de conciencia personal. La respuesta a estas preguntas existe dentro del motor de todas las búsquedas que las personas buscan desde el momento en que entienden que su vida no gira solo alrededor de los factores rutinarios e inmediatos de supervivencia y existencia cotidiana, sino cuando saben que hay algo más allá de lo que ven y oyen de manera habitual. La respuesta a estas preguntas se conecta con nuestra pasión por buscar, investigar, experimentar y preguntar.
La persona que se desarrolla sabe, aunque no pueda explicar de manera precisa, que hay dentro de ella partes que reflejan lo especial, lo esencial y lo que es digno para su vida. A veces entiende que estas cosas están relacionadas con el amor, con la realización personal, con la satisfacción y con la emoción. A veces capta que no entiende del todo qué es lo que busca, pero ese hecho no le impedirá seguir buscando aquello que es maravilloso, que estremece y que le da significado a su vida, que no siempre es simple.
Pero lo más maravilloso de todo, y al principio seguramente difícil de captar, es que cuanto más hábiles y más profundos somos en nuestro amor propio, más grandes partes de los senderos poco claros se vuelven más luminosos y más transparentes. El amor propio no nos informa quiénes somos realmente ni trae consigo una noticia especial de conocimiento e ideas sobre nuestra realización personal y sobre las cosas que podrían cambiar nuestra vida y darle un significado más alto que el que experimentamos hoy.
Todo lo que hace el amor propio, y eso es enorme y grande, es conectarnos con el lugar de nuestra personalidad, ese lugar al que se acostumbra atribuirle el hemisferio derecho del cerebro, ese lugar que sabe desde siempre, sin que nadie le haya enseñado nada.
Es el lugar de donde brota la intuición y de donde nacen las ideas extrañas que después se vuelven geniales. Es el lugar donde sentimos, y muchas veces evitamos acercarnos a él porque tememos entrar en un vértigo de cambios, de incertidumbre y de demasiadas sorpresas. Preferimos, por lo general, lo conocido, lo sabido, lo lógico, lo seguro y lo rutinario. Preferimos menos conocernos y conocer nuestras verdades profundas porque tenemos miedo de que de allí salgan cosas que, según pensamos, quizá convenga seguir escondiendo en los sótanos de nuestra represión.
En vano intentaremos penetrar nuestra verdad por otras vías que no estén basadas en el amor propio. Los sistemas de defensa sofisticados del alma no nos permitirán ni siquiera echar un vistazo a lo que ocurre adentro, y nos quedaremos con más o menos los mismos datos, las mismas capacidades y las mismas posibilidades de expresión que tuvimos desde siempre. Sin amor propio somos inválidos, limitados, reducidos, y lo peor de todo, ignorantes respecto de nuestra incapacidad de movernos hacia un lugar mejor dentro de nosotros y en general.
Esto puede confundir a casi cualquier persona. El concepto de “verdad”, que se deriva de la expresión “autenticidad”, suena bastante lógico y claro. ¿Por qué no podríamos conocer nuestra autenticidad a través de caminos de lógica y comprensión que nos son familiares? Si se trata de nuestra verdad, ¿por qué no podríamos investigarla mediante conversaciones, pensamientos y cálculos lógicos de todo lo que acumulamos y entendimos sobre nosotros hasta hoy? ¿Por qué no funcionaría para nosotros?
La respuesta es simple: porque así es como funcionan las cosas.
Nuestro cerebro lógico no contiene las herramientas necesarias para atravesar los muros de separación entre él y las partes más profundas y más ocultas. Estas partes no están ocultas porque no se puedan ver ni escuchar, están ocultas porque lo que consideramos lógico, práctico e incluso científico no contiene las herramientas que son principalmente emocionales y no intelectuales necesarias para ver aquello que está disponible en todo momento para quien las observa con los lentes correctos.
En algún lugar, muy adentro, sabemos que nuestra vida puede ofrecernos cosas más emocionantes, más significativas y más correctas para nosotros. Ese conocimiento es el que empuja a las personas a procesos de aprendizaje y conciencia que nunca terminan. En algún lugar está el yo que no conocemos del todo, pero sabemos muy bien que existe y que anhela una expresión más libre y más amplia.
Cuando cultivamos amor propio a través de una variedad de herramientas que lo vuelven un modo de vida práctico y constante, empezamos a deshacer el muro entre nuestra lógica y el misterio de nuestra verdad más profunda. El amor propio nos libera de la necesidad de defendernos o de ir a lo seguro. El amor propio deshace nuestros miedos que nos reducen solo a lo conocido, lo aceptado y lo de moda. El amor propio nos conecta con la pasión profunda de generar un cambio que conduce a una vida más verdadera y más precisa para nosotros. El amor propio es el camino principal hacia la autenticidad, esa autenticidad tan deseada pero muy borrosa mientras no la miremos con ojos amorosos que no empujan a una comprensión inmediata y que están dispuestos a entrar en la niebla sin saber qué nos espera allí.
Incluso si una persona se considera alguien que dice la verdad y que no hace manipulaciones para ocultar cosas que no exterioriza, eso no indica mucha autenticidad, porque todo quien carece de amor propio tiene partes considerables de su verdad ocultas para sí mismo y ni siquiera es consciente de ello. El amor propio nos abre puertas, y sin él nos quedamos afuera y no se nos permitirá entrar en nuestra interioridad. El amor propio es la entrada a la autenticidad, y con el tiempo y el trabajo, la nueva autenticidad se convertirá en una herramienta que, a su vez, fortalece de nuevo el amor propio.
Práctica
Renunciar al control
Hay situaciones en las que las luchas de control se vuelven innecesarias y solo nos dañan. Cuanto más cultivemos amor propio, más podremos renunciar con facilidad al control porque ya lo necesitaremos menos. ¿En qué ámbitos se puede reemplazar el control por amor propio?
Paseo al mar a solas
Estás en la playa, contigo misma, con la arena, el aire y el agua. Es una oportunidad maravillosa de tiempo de calidad tuyo contigo, lejos del ruido de la vida rutinaria, solo ustedes dos. Es el tiempo de una comunicación interna beneficiosa y sanadora.
Amar las lágrimas
A veces estás triste, a veces algo duele por una razón clara o por una razón no clara. ¿Amas tus lágrimas? ¿Eres capaz de llorar y, al mismo tiempo, abrazarte y amarte?
Capítulo 17: Amar lo que me resulta repugnante, rechazante y perturbador dentro de mí
Esta parte del amor propio se encuentra entre las más desafiantes, difíciles y controvertidas. Muchas personas logran aplicar no pocos principios del amor propio, pero cuando intentan enfrentarse a esta parte de su personalidad, se topan con un muro sólido que las separa de una de las cualidades más importantes y transformadoras del amor propio: la capacidad de amar precisamente aquello que les resulta más difícil, e incluso imposible, de aceptar o de apreciar en su interior.
En vano intentaremos limpiarnos o ignorar esto. En vano intentaremos construir para nosotros mismos una imagen moral y esclarecida. En vano nos alejaremos de personas malas o no dignas y nos separaremos de todo aquel que represente lo que, a nuestros ojos, parece incorrecto, anormal, sucio, repulsivo, sin valor, ajeno a nuestra cultura o a nuestro entorno. En vano intentaremos purificarnos a través de lo que nos parecen buenas acciones, ayuda al prójimo, contribuciones a la sociedad o palabras bonitas. Nada de todo eso cambiará jamás la realidad auténtica que habita en las profundidades de nuestra psique y que solo en ocasiones emerge de maneras que pueden avergonzarnos o entristecernos.
En cada ser humano, sin excepción, existen partes que le resultan rechazantes. En cada persona, sin excepción, hay partes que hará todo lo posible por no exteriorizar y ni siquiera compartir consigo misma. Toda persona tiene partes que contradicen sus propias creencias básicas y normas internas. En todo ser humano existe un criminal potencial, incluso si está convencido de que no es así. En cada persona habitan fuerzas oscuras, difíciles, irritantes, lados que preferiría, si fuera posible, que permanecieran para siempre en los sótanos cerrados de la psique. Por eso la mente humana desarrolló el maravilloso mecanismo de la represión: para intentar olvidar, hacer olvidar, desviar y vivir una vida que siempre rodea a los monstruos silenciosos que existen en cada ser humano.
Este tipo de estilo de vida tiene un precio elevado. Para mantener estas partes negativas en silencio y encerradas, la persona debe reclutar enormes fuerzas psíquicas para reprimir y calmar impulsos y deseos ocultos e indeseados. La energía que invertimos en sostener este estado es muy costosa, y cuando se destina principalmente a mantener las “celdas de detención” de las partes no bellas que existen en nosotros, falta en otros lugares donde las fuerzas del alma son necesarias para la flexibilidad, la creatividad y la apertura frente a los desafíos y el crecimiento.
La ecuación es simple e irrefutable: cuando se movilizan demasiados recursos para mantener amplias partes que la persona percibe, de manera consciente o inconsciente, como negativas, prohibidas o peligrosas, esto ocurre a expensas de otros estados en los que podría tener más éxito, realizarse más, disfrutar de mayor satisfacción y alegría, y experimentar momentos más frecuentes de calma y bienestar. La persona que invierte tanta energía en mantener este estado vive más tensa, más preocupada y más expuesta a trastornos emocionales y físicos.
Este es el precio que pagamos por el estilo de vida habitual. Es posible reducir considerablemente este precio cuando introducimos con valentía y de manera directa el amor propio como una forma más adecuada de afrontar aquellas partes que solemos considerar innecesarias o no dignas. El amor propio puede conectarnos con lugares a los que casi no podríamos acceder sin él. El amor propio, en última instancia, nos ofrece un trato difícil de rechazar: rescatarnos de nosotros mismos.
Como personas ilustradas, inteligentes, sensibles y comprometidas, lo último que se nos ocurre es que existan en nosotros lados oscuros, amenazantes, no bellos, no amables e incluso ligeramente maliciosos. No queremos creer que exista en algún lugar dentro de nosotros una capacidad potencial de dañarnos a nosotros mismos y a nuestro entorno. Nos negamos a aceptar que compartimos elementos comunes con grandes criminales y grandes estafadores. No queremos creer que parte de nuestra humanidad incluye también aspectos que la razón no puede tolerar y que hará todo lo posible por alejar o hacer desaparecer. Pero en vano: eso existe en nosotros y nunca podremos escapar de ello.
Si personas, seres humanos mortales exactamente como nosotros, son capaces de cometer atrocidades, herir, dañar, hacer sufrir y destruir, entonces es probable que el potencial para tales actos exista en cada ser humano. La mayoría de las personas normativas eligen y prefieren no dañar ni ser dañadas, y por ello no son delincuentes ni criminales. Por lo general, la vida las recompensa bastante bien por esta elección: una elección por un estilo de vida moral, considerado y tolerante. La sociedad abraza a las personas normativas y las presenta como normales, sanas y pertenecientes a una parte importante de la comunidad humana. A los criminales, a las personas con enfermedades mentales y a otros considerados inútiles o dañinos, prefiere encerrarlos, alejarlos o eliminarlos, para verse a sí misma como limpia, ilustrada y saludable.
Pero ninguna expulsión, exclusión, encarcelamiento o negación logrará ocultar la verdad, ni a la sociedad ni a sus individuos. Dentro del ser humano habitan violencia, miedos y pensamientos que preferiría no contemplar, y hará todo esfuerzo posible por no expresar algunos de sus deseos. A veces incluso puede sentir ganas de matar a alguien, pero se calma y regresa a las proporciones adecuadas antes de estallar y causar daño a sí mismo o a otros. A veces una persona siente deseos de robar, pero elige no hacerlo; sin embargo, el ladrón interior permanece allí dentro, quiere tomarlo todo sin límites ni frenos, y sigue siendo parte de nosotros.
Esto no es tan terrible como suena. Incluso puede resultar interesante y útil conocer mejor estas partes no deseadas de nuestra psique, entablar amistad con ellas sin miedo y transformarlas en algo positivo y beneficioso. Este proceso se llama transformación emocional y nos ayuda a vivir una vida plena en lugar de huir de nosotros mismos.
El amor propio puede ayudarnos a generar una profunda revolución de conciencia respecto de nuestra relación con las partes difíciles que existen en nosotros. Puede ayudarnos a desarrollar compasión y comprensión hacia el hecho de que existen en nosotros miedos profundos, básicos y esenciales, que también generan inclinaciones silenciosas y latentes hacia la violencia u otras expresiones dañinas, y que forman parte de quienes somos. Tal vez logremos contener estos lados negativos, pero eso no nos otorga calma y equilibrio, sino una tensión constante y la necesidad permanente de estar en guardia para sostener este estado. Solo cuando nos atrevemos a mirar hacia adentro con ojos de amor propio podemos hacer las paces con estas partes y descubrir que es preferible estar en relación con ellas que dedicar tantos recursos a reprimirlas e ignorarlas.
En lugar de huir de nosotros mismos y pagar el alto precio del desconocimiento interior y de la incapacidad de realizar quiénes somos realmente, porque ignorar partes esenciales de nosotros bloquea nuestras posibilidades de expresión y crecimiento, podemos amar. Amar sin miedo todo lo que existe en nosotros. Amar aquello que resulta rechazante, repugnante, poco razonable, inmoral, inhumano, poco compasivo y poco considerado. Porque aquello que no amemos dentro de nosotros continuará robándonos energía y recursos como respuesta a la negación y al extrañamiento que ejercemos hacia ello.
Amarnos a nosotros mismos es una especie de hábito, un tipo de músculo que necesita ser fortalecido. Muchas veces es el comienzo de una revolución que lleva a la persona a generar un cambio profundo en la relación consigo misma, hasta llegar a un punto en el que ya no se enfada ni se asusta frente a sus partes negativas, y está dispuesta a trabajar, aprender, observar y transformarse. Todo esto solo puede ocurrir si el amor propio se convierte en una parte inseparable de nuestra atención cotidiana. Entonces aprenderemos a abrazar lo que es difícil dentro de nosotros, hasta que comience a disolverse, hasta que los miedos que lo crearon empiecen a desintegrarse y desaparecer. Este es uno de los milagros del amor propio, y uno de los más importantes.
Práctica
Certificado de una obra de vida
Los años de tu vida están llenos de cosas que hiciste, experimentaste, diste y recibiste. Desde el amor propio y para el amor propio, es adecuado otorgarte de manera creativa un certificado de reconocimiento por la obra de tu vida o por las obras de tu vida. Un certificado que te sea entregado con amor, valentía y respeto por el camino de tu vida.
Halagos en voz alta, frente al espejo
Es importante que otros nos apoyen y nos alienten, pero nada penetrará en nuestro interior si no sabemos alentarnos a nosotros mismos. Halágate en voz alta frente al espejo. Ahora mismo, encuentra en ti algo por lo cual puedas halagarte. Ese es el compromiso aquí, ¿verdad?
Bailar contigo mismo con amor
Cinco minutos. Oscuridad. Música. A solas. Baila, permite que tu cuerpo se mueva, escucha su movimiento natural. Intenta amar la expresión de tu cuerpo durante cinco minutos; eso te dará energía para muchas horas.
Capítulo 18: ¿La verdad? No existe ninguna verdad fuera del amor
Todo aquello que no es amor es una ilusión bastante convincente que surge de la carencia de amor, y nada más. Cuando experimentamos amor, por lo general no nos preguntamos qué hay de verdadero o falso dentro de nosotros. Estas preguntas surgen solo cuando nos alejamos del amor que existe en nuestro interior. El concepto de “verdad”, que a veces se presenta en oposición a conceptos como “mentira”, “evasión” u “ocultamiento”, no tiene nada de especial cuando nos encontramos en una experiencia de amor propio. En esa experiencia, la verdad es el único factor que existe. Cualquier otro factor simplemente no existe en los momentos en los que realmente logramos amarnos a nosotros mismos.
La necesidad de fingir, mentir, evadir y desviar la atención surge cuando tenemos miedo y cuando el entorno nos obliga a responder desde el miedo o desde una cautela excesiva. La necesidad de explicar de manera ordenada, lógica y clara cuál es la verdad o cuál es la historia real en una situación determinada proviene del no uso de las herramientas del amor propio y de la falta de comprensión acerca de su rol fundamental en la conciencia humana.
Cuando nos conectamos con la capacidad natural, simple e innata de amarnos a nosotros mismos, no necesitamos explicaciones ni verificaciones. En ese estado, nuestras dudas se disipan, nuestras preocupaciones se debilitan y las sensaciones de incertidumbre dejan de ser tan amenazantes y de exigir una acción inmediata para desaparecer. Cuando el amor propio está presente, no existe nada más que nuestra verdad, incluso si no es completamente clara o comprensible. En esos momentos la sentimos, sabemos que existe y no sentimos la necesidad de aferrarnos a ella con fuerza. No se escapa a ningún lado.
Imaginemos que estamos sentados frente a una persona determinada y deseamos saber sobre ella lo más posible. Nos resulta muy interesante y queremos conocer toda la verdad acerca de ella: quién es, cuántos años tiene, cuál es su situación familiar, cuáles son sus intereses, a qué se dedica, cuáles son sus debilidades, cuáles son sus anhelos, y mucho más. Hacia esta persona sentimos, sin duda, emociones positivas que nos impulsan a querer conocer los secretos de su corazón y todo lo que existe en su interior. La posibilidad de penetrar en su vida con delicadeza y conocer cada detalle nos resulta encantadora. ¿Te resulta familiar esta sensación en ciertos vínculos?
Pues bien, mucho más allá de nuestra curiosidad, existe en nosotros una necesidad profunda y esencial de amar a esa persona. La necesidad de quitarle las máscaras oficiales y el misterio es una necesidad sincera, natural y bendita de acercamiento. De amar. Cuanto más desarrollamos nuestra capacidad de amar a esa persona, más su verdad se revela por sí sola.
Más aún, y quizá lo más importante: cuando iniciamos un proceso de conocimiento profundo de alguien importante para nosotros y lo hacemos desde un amor genuino, recibimos de manera más positiva y menos temerosa y crítica la mayoría de las cosas que descubrimos sobre él. Desde el amor aprendemos a aceptar también sus lados difíciles y aquellos con los que no estamos de acuerdo. El amor nos permite ver la verdad desde el ángulo correcto. El amor trae consigo la verdad, porque en la crítica y el juicio existe una medida de falsedad, de cobardía y de separación entre las personas, precisamente allí donde se necesitan conexión y escucha.
Conviene aclarar este punto, porque muchas veces tendemos a equivocarnos sin ser conscientes de nuestro error recurrente.
Cuando pensamos de manera racional y lógica en la palabra tan importante “verdad”, nos llevamos sin darnos cuenta a un lugar donde grandes partes de la verdad permanecen ocultas y esquivas a nuestra percepción. Aquello que creemos que es la verdad siempre será solo una pequeña porción de la verdad completa, y peor aún: nos engañaremos creyendo que hemos revelado toda la verdad y que ya podemos seguir adelante más tranquilos, más actualizados y menos falsos.
Cuando somos únicamente racionales y fríos, cuando intentamos ser realistas y supuestamente precisos, y al mismo tiempo intentamos separar emoción y razón, renunciamos a una enorme parte de nuestra capacidad de identificar, contener y caracterizar la realidad y la verdad que trae consigo. En vano nos apoyaremos en el hemisferio izquierdo del cerebro que supuestamente observa la realidad de manera objetiva. En vano nos contaremos que estamos conectados con la verdad. Mientras nuestro filtro emocional no participe en el proceso de exploración y observación, información valiosa permanecerá detrás del escenario, bajo tierra, bien guardada e inaccesible. Solo después de un tiempo despertaremos y comprenderemos que la verdad ha permanecido borrosa para nosotros. Cuando no incorporamos amor en ciertos lugares, quedamos ciegos e indefensos.
Esa persona imaginaria a la que deseamos conocer, acercarnos y con la que queremos construir una relación especial, nunca podrá sentirse cómoda revelándonos toda su verdad mientras no se sienta emocionalmente protegida y segura para liberar lo que existe dentro de ella. Mientras no sienta verdaderamente que es amada de una manera que no juzga ninguna de sus partes, continuará ocultando aspectos de su verdad. No tendrá otra opción: deberá protegerse.
Y así, de manera misteriosa y casi milagrosa, cuando el ser humano intenta investigar la naturaleza y descubrir sus secretos, todo camino de aprendizaje, observación y conclusión será siempre limitado mientras el estado mental del investigador y del aprendiz carezca de un componente de amor. La realidad limita lo que revela mientras no nos acerquemos a ella con amor. Suena extraño, pero así funciona. Si se lo dijeran a científicos, quizá pensarían que están delirando. Pero ustedes creen que existe una diferencia esencial, en todos los ámbitos, entre un espacio gobernado por el amor y un espacio que intenta dejarlo de lado y neutralizar lo que se siente para concentrarse supuestamente en una única verdad.
No hay verdad sin amor.
Cuando miramos hacia dentro y buscamos conocernos y entablar amistad con nosotros mismos, debemos comprender que mientras nuestras formas de observación interna no contengan suficiente amor, siempre estarán influenciadas por una crítica excesiva, por prejuicios, por miedos y por distorsiones del pensamiento. Mientras nos observemos e investiguemos sin compasión y empatía que provengan del amor propio, permaneceremos siempre ajenos e ignorantes respecto de nuestra verdad. En vano intentaremos mostrar que comprendemos, porque no comprendemos. No es posible comprender plenamente el mundo emocional cuando nos acercamos a él solo desde lo racional. La razón no comprende completamente la emoción. El amor sí comprende la emoción y sus secretos. El amor la conoce. El amor es una parte auténtica de ella.
Por eso, cuando la palabra “verdad” les interesa, cuando su autenticidad los intriga, cuando el viaje hacia las profundidades de su psique los atrae, recuerden que no es posible avanzar mucho sin amor propio. El amor propio es el guía de viajes más experimentado hacia el interior de nuestra psique. Tiene permisos de entrada a los lugares más complejos y difíciles, y es el puente entre partes de la psique que tienen dificultades para convivir y se atrincheran cada una en su lugar.
Permitan que el amor propio sea para ustedes las gafas adecuadas y el medio de transporte preferido cuando deseen conocerse mejor. Ante todo, amor propio, porque la verdad no se revelará sin él. Solo un espacio amoroso permite que contenidos profundos emerjan de manera segura. Solo un espacio amoroso es un lugar protegido y una base para un tratamiento sanador de aquello que habita en nuestro interior. El amor propio es la verdad, es el camino hacia la verdad y es una de las herramientas más importantes para sanar la verdad.
Así funciona, y muchas veces se trata de un milagro. ¿Ya sabíamos que el amor es uno de los milagros más importantes sobre la Tierra?
Práctica
Darme otra oportunidad, y otra más
A veces deseamos cosas y no logramos alcanzarlas. En ocasiones eso nos lleva a desesperarnos y a sentir que nunca podremos conseguirlas. Muchas veces, una dosis adicional de amor propio ayuda precisamente en ese punto. Por eso, con mucho amor, podemos decidir darnos otra oportunidad y, si es necesario, una más.
Si no lo logramos, responder con amor
Con frecuencia, los patrones negativos se mantienen debido a interpretaciones hostiles que hacemos de nosotros mismos. Si lo intentamos una y otra vez y no lo logramos, actuemos según el camino del amor propio: elogiémonos por el intento, abracémonos y consolémonos por no haber tenido éxito, y comencemos a prepararnos para el próximo intento.
Si lo logramos, responder con amor propio
Cuanto más nos amamos, más capaces somos de contener los éxitos y, de ese modo, invitamos a que lleguen más éxitos a nuestra vida. Así que, si finalmente logramos algo en un lugar donde antes fracasamos, bendigámonos con amor, sonriamos con una sonrisa amplia y orgullosa frente al espejo y sigamos adelante, hacia el próximo desafío.
Capítulo 19: Las cosas maravillosas que buscan brotar de ti
Una de las cosas más complejas es lograr que una persona reconozca en profundidad las cosas especiales, creativas, únicas y significativas que existen en ella desde siempre.
Para la mayoría de las personas no es nada sencillo reconocer el hecho de que dentro de ellas existen cosas maravillosas que buscan brotar, expresarse e influir positivamente en el entorno a través de su expresión auténtica y singular.
¿Por qué las personas están tan lejos de reconocer lo maravilloso que hay dentro de ellas?
Seguramente ya lo has adivinado: no se aman lo suficiente.
Además, existen otros factores que generan un estado mental en el que la persona se aleja del reconocimiento del potencial que habita en ella.
Un hábito cultural profundamente arraigado de apoyarse de manera excesiva en el hemisferio izquierdo del cerebro ha desarrollado una crítica interna exagerada que reduce a la persona a una percepción de la realidad en la que el acceso a la imaginación, a la fantasía, a la intuición y a la creatividad natural se encuentra limitado e incluso es percibido como poco confiable y, en ocasiones, como peligroso o poco serio. La crítica interna exige no equivocarse, arriesgar menos y no apoyarse en aquello que no puede explicarse de manera lógica y ordenada.
Como resultado, a nivel cultural y personal estamos programados para vernos como personas promedio y corrientes, que se supone deben comportarse y pensar más o menos como los demás.
En cambio, el pensamiento original y creativo que se apoya en la imaginación y la fantasía y que podría servir como un canal cómodo para expresar aquello que diferencia a una persona de las demás es desplazado hacia los márgenes y no se manifiesta como una herramienta con la que se pueda trabajar, confiar y actuar. De aquí nacen las suposiciones erróneas de que solo hay unas pocas personas talentosas y creativas frente a la gran mayoría “promedio”.
Así ocurre en un mundo en el que estamos domesticados para sentir menos, volar menos con la imaginación y la fantasía, y casi no permitirnos ser distintos, extraños y originales.
Cuando el amor propio comienza a desarrollarse, aprendemos gradualmente y con lentitud a liberarnos de las barreras que construimos frente a nosotros mismos y frente a aquello que nos conduce a espacios especiales y diferenciadores. El amor propio nos permite ser todo lo que deseamos ser y no nos limita ni intenta corregirnos cuando vagamos por la fantasía, que al comienzo puede percibirse como imposible o poco práctica. El amor propio nos ayuda a alejarnos un poco de lo que la lógica conocida exige que pensemos o hagamos. El amor propio nos concede el permiso para llegar a lo desconocido que habita en nuestro interior, pasear allí todo lo que deseemos, ver, investigar y descubrir paisajes nuevos e interesantes dentro de nosotros, y también regresar a salvo con ideas claras sobre cómo integrar la imaginación con pasos prácticos que transforman la vida.
Pero todavía no estamos allí.
Debemos ocuparnos de la premisa básica que sostiene que partes importantes de aquello que distingue al ser humano, lo vuelve significativo y auténtico, se encuentran en lugares a los que solemos no atribuir demasiada precisión ni relevancia para la vida cotidiana.
Esto resulta muy confuso, porque aquello que intento explicar no puede comprenderse por los caminos habituales. Lo que deseo explicar puede captarse mejor solo cuando dejamos de lado, por un momento, las herramientas que solemos utilizar para comprender, procesar y evaluar la información. Estas herramientas maravillosas son una parte central de los procesos de aprendizaje, investigación y pensamiento humano, pero constituyen un obstáculo casi infranqueable en el camino hacia el reconocimiento de lo maravilloso, lo diferente y lo asombroso que existe en cada persona, de manera única y profundamente conmovedora.
Así es como funciona.
Existen cosas maravillosas que buscan brotar de ti. Tal vez a veces lo sientas y tal vez no. Quizá experimentes una añoranza por una vida más gratificante, curiosa y creativa, una añoranza que te recuerda que dentro de ti existen cosas que tu mente lógica tiene dificultad para reconocer por sus caminos habituales. Las cosas buscan brotar de ti, pero mientras la relación hacia ellas sea escéptica, crítica y excesivamente lógica, y exija pruebas y explicaciones que las conecten con lo ya conocido y aceptado, permanecerán ocultas y escurridizas, y serán percibidas como imposibles, poco prácticas, poco importantes y no relevantes para la vida cotidiana.
En realidad, casi todo lo que lees aquí no puede demostrarse mediante herramientas conocidas y convencionales. Por lo tanto, se nos presentan dos opciones.
Dar una oportunidad a esta teoría, que sostiene que en cada uno de nosotros habita un núcleo único y creativo que anhela una expresión auténtica y que, bajo ciertas condiciones, puede revelarse y manifestarse en nuestra vida. Es decir, mantenernos abiertos y creer en estas ideas aunque todavía no sean claras.
Negarnos a profundizar en una discusión sobre algo que, de todos modos, no presenta suficientes argumentos sólidos que lo vuelvan más razonable.
Este conflicto entre lo conocido y lo sabido, y lo borroso, escurridizo pero también emocionante y fascinante, acompaña al ser humano desde los albores de la historia. Es una tensión permanente entre lo que existe y lo que aún no ha sido descubierto, entre lo que se considera correcto y aquello que lo desafía y genera revoluciones, entre el conservadurismo que habita en nosotros y la aventura y la creatividad que también existen en nuestro interior.
Si sientes una punzada en el corazón al escuchar la expresión “las cosas maravillosas que buscan brotar de ti”, entonces no tienes realmente ninguna elección ni dilema. Para continuar explorando de manera práctica y fructífera la emoción que se despierta en ti y el anhelo de realizar algo que no siempre es claro pero que existe, no hay otro camino que la opción aventurera, rebelde, transgresora y dispuesta a asumir, de manera temporal, un riesgo de conciencia para llegar a lugares que parecen imposibles. No te preocupes: no se nos pide abandonar las enormes herramientas cognitivas que la conciencia humana ha desarrollado a lo largo de cientos de años. Solo queremos enviarlas a una breve y temporal “vacación”, para que luego podamos integrarlas con herramientas nuevas.
Aquí es donde el amor propio entra en escena para ayudarnos a dar este paso. El amor propio puede otorgar a aquello que tal vez aún no creías que existía en ti la confianza, la contención, la esperanza y la fe necesarias para que emerja y salga a la luz. El amor propio será para ti como una madre amorosa que cree en su hijo sin reservas, incluso cuando fracasa y cuando habla de sueños y deseos que al principio suenan extraños o desatinados. El amor propio te ayudará a elevarte por encima del hábito de apoyarte solo en lo lógico y lo aceptado, y a escuchar con una actitud amorosa y de apoyo aquello que busca brotar de ti de manera creativa, única y distinta a todo lo que otra persona haya hecho hasta ahora.
Y aquí se encuentra la trampa fascinante: para conectarnos mejor con aquello que busca brotar de nosotros, esa parte única y creativa con la que nacimos como seres complejos portadores de un ADN muy específico, y para comprender estas partes internas y aprender a utilizarlas, debemos confiar más en aquello que se encuentra en lugares poco claros como la fantasía, el anhelo y la pasión, y menos en ordenarlas y estructurarlas de manera lógica. El amor propio es el camino que finalmente nos conduce a abandonar por un tiempo las limitaciones, prohibiciones, temores y advertencias, y a fortalecer las partes emocionales, imaginativas y “extrañas” que existen en nosotros, hasta transformarlas gradualmente en herramientas prácticas que nos guíen hacia lugares a los que normalmente no podemos llegar.
Primero debemos amar, y solo después podremos comprender. ¿Estamos dispuestos a este nuevo orden, en el que primero viene el amor y solo después la comprensión?
Práctica
Abrazar el trauma 1
Toda persona ha vivido traumas que recuerda: humillación, trato inadecuado, daño, indiferencia u hostilidad. El amor propio cumple un rol fundamental en la sanación de estas heridas. ¿Qué evento del pasado surge ahora en ti y al que podrías comenzar a dirigir una cantidad cada vez mayor de amor propio?
Abrazar el trauma 2
Cierra los ojos e imagina que te encuentras en ese evento difícil y desagradable. Imagina cómo muchos conductos se conectan a tu cuerpo desde todas las direcciones. Imagina que a través de ellos el mundo hace fluir hacia ti una energía de color rosa, una energía de amor que baña tu cuerpo y tu alma de manera constante. Intenta permanecer con esta imagen dinámica durante uno o dos minutos.
Abrazar el trauma 3
Escribe una carta llena de amor, reconocimiento, apoyo y empatía a quien eras entonces, cuando viviste ese trauma. Exprésate con abundancia de palabras relacionadas con el amor, la comprensión, el reconocimiento del dolor y la intención de acompañar a esa figura durante todos los días de tu vida.
Capítulo 20: ¿Tienes el coraje de expresar tu corazón incluso si a otros no les gusta?
En este capítulo abordaré uno de los mayores desafíos del amor propio, y quizá el más grande de todos.
Este punto no recibe la atención que merece debido a una incomprensión básica respecto de la influencia del entorno en el desarrollo del ser humano, su crecimiento y su destino.
Una comprensión profunda de este tema, combinada con un trabajo que afronte adecuadamente los fenómenos asociados a él, puede conducir a la persona a una realización correcta del amor propio y a su aplicación en canales de autorrealización, éxito y cumplimiento de sueños.
Querámoslo o no, lo admitamos o lo neguemos, estamos profundamente influenciados por el entorno: por los mensajes que nos transmite, por la retroalimentación que recibimos, por las calificaciones que nos otorga, por la atención o la indiferencia hacia nosotros, por el reconocimiento o su ausencia, por la sensación de ser comprendidos o de no ser realmente vistos.
Todo esto influye de manera decisiva en nuestras formas de expresión, en nuestro rango de audacia, en nuestra relación con nosotros mismos y en nuestra capacidad de extraer de nosotros aquello que es especial y solo nuestro.
Preferiríamos pensar que el entorno no nos afecta tanto.
Preferiríamos creer que todo depende únicamente de nosotros y que, si somos lo suficientemente decididos, valientes, constantes y fuertes, nadie podrá retrasar la realización de nuestros sueños.
Nos gustaría vivir en un mundo donde la crítica innecesaria pase de largo y no penetre en el corazón; un mundo donde cada comentario o expresión del entorno no logre sacudir de manera esencial nuestra confianza y nuestra fe en el camino auténtico que elegimos.
Pero la realidad no es así.
Vivimos siempre dentro de una red invisible de conexión con el mundo que nos rodea.
Esa red no puede rasgarse ni desaparecer.
No podemos huir de ella ni elegir no prestarle atención, incluso cuando nos contamos una historia de individualidad y fortaleza mental excepcionales.
Cuando el mundo cambia, nosotros cambiamos, y cuando nosotros cambiamos, el mundo que nos rodea también cambia.
Estos fenómenos no siempre se perciben de inmediato y, a veces, no pueden detectarse en los primeros momentos.
Estamos influidos porque somos parte de un complejo en el que, como ya ha demostrado la física cuántica, todo está conectado con todo, todo está entrelazado con todo, todo toca a todo y todo responde a todo.
La mente humana, en su funcionamiento habitual, tiene dificultad para comprender estos conceptos, que pueden sonar algo esotéricos, extravagantes o excesivamente espirituales.
E incluso si los descubrimientos científicos comienzan a aclarar estos fenómenos, nos resulta difícil tender un puente entre la sensación de separación entre una persona y otra, entre la persona y su entorno, entre la persona y el mundo, y la evidencia cada vez más abundante de que estamos conectados entre nosotros y con todo lo que nos rodea mucho más de lo que nuestra mente cotidiana puede captar.
¿Y por qué todo esto es esencial para la discusión actual?
¿Y cómo entra el amor propio en esta ecuación?
De manera simple:
las personas que nos rodean, los mensajes que transmiten, sus reacciones, sus elecciones, sus opiniones, sus hábitos, sus problemas, sus éxitos, sus distorsiones de pensamiento, su valentía y su amor no permanecen únicamente en ellas.
Todo ello se desplaza por el entorno, irradia una influencia negativa o positiva según lo que proyectan, y determina en gran medida lo que ocurre en otros, y viceversa.
Por eso, trazamos muchas de nuestras afirmaciones y de nuestras decisiones más cruciales de acuerdo con la reacción esperada del entorno.
En vano imaginamos que se trata de una influencia menor.
En vano nos engañamos creyendo que podemos hacer todo lo que se nos ocurra sin considerar demasiado lo que dirán, pensarán o asumirán sobre nosotros.
Somos parte de un gran cuerpo compuesto por las expresiones de todas sus partes, como un organismo formado por todos sus órganos, donde cada parte determina en gran medida el funcionamiento del conjunto y su capacidad de existir y operar.
Entonces, ¿qué nos queda por hacer?
Si aceptamos que esta es la realidad, ¿tiene sentido esforzarnos por localizar nuestra voz auténtica si siempre estaremos influidos y sometidos a la condición general?
¿Cómo podemos enfrentar esta enorme masa compuesta por personas parecidas a nosotros y, al mismo tiempo, tan distintas, que piensan y actúan de maneras completamente diferentes y que, quizá, percibimos como inferiores?
Si la sociedad que nos rodea irradia su energía hacia nosotros, ¿qué sentido tiene intentar mejorarnos?
El amor propio ofrece una parte significativa de las respuestas a estas preguntas fundamentales.
El amor propio puede mejorar a la persona, su expresión positiva, su optimismo, su creatividad y su conexión con lo que es bueno, especial y original dentro de ella.
El amor propio conecta a la persona con su compasión, su esperanza, su bondad y su empatía, primero hacia dentro y luego también hacia el entorno.
El amor propio nos recuerda, y este es el mensaje central, que, si de hecho influimos y somos influidos, conviene elegir influir de manera positiva en el entorno, precisamente por estar más reconciliados y tranquilos con nosotros mismos.
El amor propio nos invita a conectar con nuestra pasión natural y a confiar en ella, incluso cuando el entorno, con sus hábitos obsoletos, ejerce su influencia habitual e intenta reprimir nuestro camino hacia un lugar nuevo y refrescante dentro de nosotros.
El amor propio nos susurra que existe sentido, razón y significado en ser distintos y, a veces, incluso extraños, porque cuanto mejor miramos hacia dentro y expresamos hacia fuera lo que vemos, más personas se verán influenciadas positivamente, aunque no de manera inmediata, ya que tampoco ellas tienen otra opción que absorber aquello que expresamos.
La influencia opera en todas las direcciones, y podemos y debemos hacer todo lo que esté a nuestro alcance para aportar nuestra pequeña parte a un cambio positivo que comienza en nuestra parcela íntima y se filtra, sin que sepamos cómo, hacia todas partes.
Imaginemos que salimos de casa algo apurados y preocupados, camino al automóvil para enfrentar un día de trabajo, diligencias, responsabilidades y tensiones.
De camino vemos a un trabajador de limpieza que barre la calle, nos mira con una sonrisa y nos dice “buenos días”.
Imaginemos que, aunque tenemos prisa y sabemos que nos espera una reunión muy importante, nos detenemos un instante, sonreímos, nos relajamos por unos segundos y le respondemos “buenos días”.
Imaginemos que con ello le hicimos el día a él y él nos hizo el día a nosotros.
Cada uno continúa su camino.
¿Existe la posibilidad de que, a partir de este encuentro casual y breve, se produzcan cambios importantes para ambos y para otras personas?
Por supuesto que sí. Así es como funciona.
Siempre habrá personas a las que no les guste algo de lo que deseamos traer o expresar.
Podemos decir que forman parte del sistema general, una parte bastante molesta.
Están allí para recordarnos el estado del entorno.
Están allí, en cierto modo, para obligarnos a amarnos lo suficiente como para no renunciar, para movilizar el amor propio y el coraje que nos ayuden, a pesar de la influencia existente, a traer aquello que tenemos sin demora.
Ese enorme y aparentemente infinito complejo que conecta todo con todo no es solo una red que nos mantiene influyendo y siendo influidos de manera constante.
Ese sistema maravilloso e invisible es también un espacio flexible y dinámico con una posibilidad infinita de desarrollo, cambio positivo, crecimiento y sanación.
Cuando cultivamos amor propio y nos expresamos desde un lugar más limpio y valiente, a pesar de reacciones desagradables de algunas personas, contribuimos a que el sistema al que pertenecemos evolucione y mejore.
Cuando, junto a nosotros, otras personas caminan con una sonrisa de amor propio, coraje y pasión por traer lo especial que hay en ellas, se crea un grupo al que pertenecemos sin siquiera saberlo: un grupo que contribuye a la creación de un entorno más sano y más amigable para todos.
¿Te resulta agradable pertenecer a este grupo especial y selecto?
¿Tienes el coraje de sonreírte a ti mismo para fortalecer tu vínculo con el grupo que transforma positivamente el entorno?
¿Tienes el coraje de decir tus palabras con amor, incluso si alguien frunce el ceño o pone los ojos en blanco?
¿Qué responde tu amor propio a estas preguntas?
Práctica
Sonrisas al espejo 5
¿Ya nos hemos acostumbrado?
En el estado más saludable y correcto, sonreiremos siempre al espejo en cualquier situación y condición, con cualquier estado de ánimo y en cualquier lugar.
Así nos aseguramos de que nuestro amor propio se desarrolle de manera adecuada.
¿Cómo funciona esto para ti en este momento?
Y también podemos abrazarnos frente al espejo
El alma necesita gestos visibles para sanar.
Cuando nos ve abrazándonos frente al espejo, se fortalece, se empodera y se acostumbra al principio del amor propio.
¿Podrías hacerlo dentro de un momento, incluso si ya lo hiciste antes?
Y también… ¡reír frente al espejo!
Claro que sí.
Esto solo nos hará más felices y, no menos importante, mejorará de manera significativa la relación que tenemos con nosotros mismos.
Y esta, recordémoslo, es la esencia más profunda del amor propio: el vínculo benefactor que construimos con nosotros mismos.
Capítulo 21: ¿Sabías que tienes talentos asombrosos, de verdad?
Este es uno de los temas más desafiantes y nada sencillos que acompañan cualquier proceso profundo relacionado con el vínculo de una persona consigo misma, especialmente cuando el foco está puesto en el amor propio y en nada menos que eso.
Para poder ocuparnos de manera eficaz del tema de los talentos verdaderamente asombrosos que existen en cada persona, un tema cuyo abordaje puede abrir posibilidades muy importantes en la capacidad de expresión y de crecimiento humano, deseo aclarar primero las diferencias esenciales entre las expresiones “amor propio” y “aceptación de uno mismo”.
Reconocer las diferencias entre estos dos conceptos y comprender su influencia en la manera en que nos relacionamos con nosotros mismos y con aquello que nos compone es absolutamente central en el camino hacia el fortalecimiento del amor propio, y dentro de él, en el recorrido que cada persona hace para conocer mejor qué es lo que realmente habita en su interior y qué posibilidades reales tiene de hacer algo con ello.
Antes de profundizar en el tema, intentemos sentirlo. Sintamos la expresión “aceptación de uno mismo”. Intentemos imaginarnos aceptándonos sin crítica y sin reservas, aceptando todo lo que hacemos, pensamos, elegimos y sentimos. Aceptarlo todo tal como es, sin juicios, sin comentarios, sin una necesidad inmediata de corregir, e incluso sin formular una opinión firme. Simplemente aceptar. Dejar que las cosas sean. Intenten por un momento conectarse con este estado mental que evita reaccionar o sentir la necesidad de mejorar y adaptarse a ciertas normas. Intenten, por un instante, aceptarse tal como son, en silencio y en calma. Estar con lo que hay, y nada más.
Y ahora, en un giro brusco, pasemos al “amor propio”. Intenten ahora no “aceptarse” tal como son, sino realmente “amarse” exactamente como son. No observar sin comentarios, sin reacciones y sin opinión, sino crear dentro de ustedes una mirada amorosa y abrazadora hacia todo lo que encuentran en su interior: hacia los pensamientos, las emociones, las acciones, las elecciones del pasado y aquello que vendrá en el futuro. Amarlo todo. Amar todo lo que somos, cada detalle, incluyendo aquellos de los que nos avergonzamos y que preferimos no mencionar ni hablar de ellos. Intenten localizar cada rasgo de su personalidad, especialmente los menos agradables o deseables. Intenten amarlos. Amarlos de verdad, como amarían a su bebé o a una persona muy querida para ustedes. Intenten amar todo, sin límites y sin condiciones. Todo.
Seguramente notaron las diferencias, al menos a nivel de la experiencia.
“Aceptarnos” tal como somos es considerado en ámbitos terapéuticos un ideal al que vale la pena aspirar. Es un estado en el que intentamos no sentir. Simplemente permitir que todo exista sin que se desarrolle en nosotros una reacción emocional hacia estos u otros temas. Es una postura que intenta apoyarse más en el hemisferio izquierdo del cerebro, neutralizando de manera temporal el flujo emocional, para evitar una actitud negativa o no aceptante hacia ciertas partes de nosotros mismos.
“Amarnos”, en cambio, expresa una postura emocionalmente más activa. Es una postura que proviene más del hemisferio derecho del cerebro, una postura que inicia una reacción clara, decidida y no evasiva: una reacción de amor que trae consigo respuestas similares como la compasión, la empatía y el deseo de abrazar y contener.
Aparentemente, nos resultaría menos complejo y menos desafiante aceptar todo lo que hay dentro de nosotros sin juicio y sin reacción emocional, sobre todo aquellas partes que percibimos como negativas, no dignas, vergonzosas o incompatibles con nuestra visión del mundo. Aparentemente, amar esas partes podría generar un conflicto de valores interno. ¿Cómo podríamos amar las partes violentas, hostiles, manipuladoras o temerosas que existen en nosotros? ¿Y por qué amar aquello que deseamos reducir o incluso eliminar de nuestra vida? ¿Qué mensaje nos transmitimos a nosotros mismos y al entorno si elegimos amar las partes impacientes, agresivas y asustadas que existen en nuestro interior? ¿Acaso, al amarlas, no se afianzarán y se fortalecerán aún más?
Pues bien, el posible enfrentamiento entre estas dos posturas refleja uno de los puntos de elección y de cruce de caminos más importantes. Cuando elegimos aceptarnos más que amarnos tal como somos, renunciamos a la posibilidad de utilizar nuestras emociones como parte del afrontamiento de quienes somos y de lo que habita en nosotros. Y cuando elegimos amarnos, renunciamos a la posibilidad de observar de manera lógica y tranquila lo que hay en nuestro interior, silenciando las corrientes caóticas de nuestro sistema emocional impredecible.
Es posible, por supuesto, intentar ambas posturas al mismo tiempo: amarnos y aceptarnos simultáneamente. Sin embargo, este intento puede convertirse en un esfuerzo demasiado complejo y confuso.
Y aquí va un pequeño secreto, quizá el más importante de todos: el amor propio contiene a la aceptación de uno mismo. Cuando amamos, aceptamos. Pero no al revés. Es totalmente posible aceptar sin amar. Esta postura intenta ser neutral y no involucrarse, pero precisamente por eso no permite que los matices emocionales participen de la experiencia y del proceso de afrontamiento.
¿Y por qué todo esto es importante ahora, aquí?
Porque solo cuando elijamos de manera consistente y decidida el amor propio, podremos, poco a poco, acercarnos a la comprensión de que en nosotros, en cada persona, de manera personal y única, existen talentos asombrosos y muy específicos. Talentos que, sin amor propio y sin una cierta admiración hacia uno mismo, nunca emergerán a la luz, nunca recibirán una oportunidad ni un escenario, nunca se implementarán y nunca se integrarán al modo en que pensamos, actuamos, trabajamos, nos relacionamos y vivimos.
La aceptación de uno mismo no deja espacio para las sorpresas, porque no las espera. La aceptación de uno mismo es una especie de intento de detener todo el sistema interno, congelarlo y evitar que exista desde un flujo de vitalidad y pasión. La aceptación de uno mismo no nos permite conectarnos con lo maravilloso que hay en nosotros, con lo extraño, con lo gracioso, con lo original y con lo sorprendente. En la aceptación de uno mismo hay cautela y reserva, y faltan el coraje y el vuelo propios del amor propio.
Cuando practicamos un estado mental de amor propio, la vida se convierte en una aventura vertiginosa e impredecible. Cuanto más nos amamos, más las partes que nos cuesta aceptar y con las que nos cuesta identificarnos reciben la oportunidad de ablandarse, disolverse y convertirse en una parte legítima de nuestra personalidad. Cuanto más nos amamos, menos tememos encontrarnos con cualquier cosa que exista en nuestro interior y con todo aquello que nos conduce a descubrir lo que antes estaba oculto y reprimido, y que nos convierte en criaturas maravillosas, y no solo en personas que se levantan por la mañana, realizan su trabajo y por la noche vuelven a dormir.
Cuanto más te conectes con tu corazón, más te contará la historia verdadera y extraña de tus talentos asombrosos. Hay tanto por descubrir en el interior, en una especie de viaje infinito de desprendimiento de barreras y limitaciones que hemos desarrollado a lo largo de los años. Si intentas solo relajarte y equilibrarte, y luego aceptar lo que hay dentro sin la participación del amor y de la admiración hacia ti mismo, no descubrirás nada. Quizá obtengas algunos momentos de calma emocional, pero estos pasarán rápidamente y serán reemplazados por una nueva emoción que emergerá y rodeará el muro de la aceptación que intentaste construir. Las emociones son más sabias que nosotros, y mientras intentemos imponerles una agenda, descubriremos más adelante que esa estrategia no funciona con ellas.
Existe una chispa divina en cada ser humano. Puedes elegir no creer en esta idea, si así lo deseas. Pero si tu corazón te indica que hay algo de verdad en estas palabras, y que también en ti existen talentos asombrosos que podrían brindarte una profunda satisfacción al expresarse, incluso si no te resulta del todo claro cuáles son o cómo funcionan, entonces no te queda otra opción que elegir un camino de cada vez más amor propio. Esas partes extraordinarias que existen en tu interior, cuando perciban que el entorno interno está impregnado de más amor que antes, sentirán seguridad y comodidad para expresarse y participar en el juego de tu vida.
¿Estás listo para recibirlas?
Práctica
Amar las palmas de tus manos
Observa las palmas de tus manos durante 30 a 60 segundos de manera continua. Intenta ver en ellas la mayor cantidad de detalles posible y obsérvalas de cerca. ¿Puedes abrir tu corazón y amar las palmas de tus manos con un amor intenso, sin condiciones ni barreras?
Amar las plantas de tus pies
Encuentra un tiempo y un lugar en el que puedas sentarte y observar con paciencia y ternura las plantas de tus pies. ¿Qué ves allí? ¿Cómo se expresan los años de tu vida en tus pies? ¿Puedes enfocar ahora tu atención en un amor creciente hacia tus pies, que sostienen todo tu cuerpo?
Amar otra parte de tu cuerpo
El amor propio no tiene límites ni restricciones. Amor propio significa llevar el mensaje del amor a todos los lugares de nuestro interior, a nosotros mismos, a nuestro cuerpo y a nuestro espíritu. ¿Qué parte de tu cuerpo necesita ahora una atención amorosa especial?
Capítulo 22: ¿Por qué somos capaces de condenarnos tanto a nosotros mismos?
Este capítulo y los dos que le siguen se ocuparán de la manera en que el amor propio nos ayuda a enfrentar la crítica interna exagerada.
Uno de los aspectos más complejos, fascinantes y dolorosos de la historia del ser humano moderno es su notable capacidad de vivir en un estado mental que actúa en su contra.
A primera vista, esto suena paradójico, extraño, desconcertante e incluso absurdo. ¿Qué interés tendría una persona en actuar contra sí misma? ¿Por qué se condenaría, se criticaría de manera exagerada, se trataría con una severidad innecesaria y, en ocasiones, incluso se menospreciaría a sí misma, a sus capacidades y a sus posibilidades de afrontar, tener éxito, cambiar y crecer?
La mayoría de las personas que conocemos declaran que se desean una vida lo más cómoda, sana, placentera y satisfactoria posible, dentro de las limitaciones existentes. En apariencia, resulta difícil suponer que una persona se desee a sí misma un futuro sombrío, doloroso, tortuoso o disfuncional.
Y, sin embargo, ¿por qué en casi todas las personas existe una crítica interna exagerada que puede alcanzar niveles muy elevados de auto condena, auto castigo, auto culpa, auto decepción y auto compasión?
¿Cómo sucede que una persona se vuelve hostil consigo misma y actúa, en su diálogo interno, como un policía duro y arbitrario, al que le cuesta reconocer, flexibilizarse y sentir compasión hacia sí mismo?
¿Cómo ocurre que, en muchos casos, nos enojamos enormemente con nosotros mismos por haber cometido errores, habernos equivocado, haber fracasado, olvidado, perdido oportunidades o dejado pasar cosas importantes, sin tomar en cuenta que somos seres humanos sometidos a presiones y a limitaciones emocionales y de otro tipo? ¿Por qué nos resulta tan difícil perdonarnos y, en cambio, nos resulta relativamente fácil reprocharnos y reprendernos cuando algo en nosotros no funcionó, supuestamente o no tan supuestamente, como debía?
Todas estas descripciones pueden sonar extrañas e incomprensibles. ¿Cómo se construyó dentro del ser humano un mecanismo eficaz, activo y constante que limita sus pasos, lo debilita, daña su autoestima y restringe su libertad de acción? ¿Cómo ocurrió que el ser más inteligente, talentoso y desarrollado del planeta deba enfrentar de manera rutinaria y casi permanente partes internas que le hacen sentir que algo, casi siempre, no está bien en él?
Desde una perspectiva psicológica teórica, pueden desarrollarse diversos modelos que intenten explicar este fenómeno tan peculiar: por un lado, la persona declara su intención de vivir una vida significativa y exitosa; por el otro, opera dentro de ella un mecanismo que bloquea casi todo sueño o deseo de cambio, mejora, avance o desarrollo. Podemos comparar este fenómeno con lo que Freud denominó “superyó” y, a partir de allí, continuar explorando la tendencia humana a criticarse en exceso.
Pero este no es el lugar adecuado ni relevante para modelos teóricos complejos que nos desvíen del eje central y del camino esencial: el camino del amor propio. Aquí debemos examinar el vínculo principal entre el amor propio y la crítica interna exagerada, así como la tendencia desproporcionada a la auto condena. Aquí debemos enfocarnos en el proceso emocional necesario para mejorar nuestra vida y situarla en un nuevo lugar, donde la relación interna esté compuesta más por expresiones de amor, compasión, consideración y comprensión, y menos por expresiones negativas que implican un alto grado de auto daño.
Antes de profundizar en la relación entre el nivel de amor interno y el nivel de crítica interna, conviene aclarar algo que no siempre se tiene en cuenta: en muchos casos de auto condena, crítica interna exagerada, juicio o auto castigo, existe muy poca relación con la verdad.
Una decepción exagerada con nosotros mismos, acompañada de la exigencia de no volver a equivocarnos la próxima vez, no se basa en la realidad razonable de que el ser humano tiende a errar y a actuar bajo carga, cansancio y estrés. La falta de reconocimiento del contexto real e imperfecto en el que vivimos, junto con la intolerancia hacia los resultados no ideales que son previsibles de antemano, constituye una clara desviación de la verdad y de lo que realmente ocurre.
Casi no existe una situación en la que una persona logre un cambio profundo y beneficioso como resultado de la auto condena. La auto condena no nos ayuda a mejorar ni a corregirnos, sino que principalmente nos debilita y amplifica la sensación de culpa. Por lo tanto, no avanzamos ni optimizamos nuestra conducta; ocurre exactamente lo contrario. La auto condena exagerada crea un clima excesivamente vacilante, impotente, temeroso y apologético. No necesitamos innumerables reproches cuando algo no funciona. Necesitamos otra cosa que realmente nos ayude. Necesitamos, por encima de todo, amor propio.
La incomprensión respecto de aquello que puede ayudar verdaderamente a una persona a avanzar, crecer y enfocarse mejor, junto con una visión del mundo antigua y rígida que sostiene, sin demasiado fundamento, que solo una reacción disuasoria y dolorosa previene errores futuros, constituye una parte muy importante del tránsito hacia una vida en la que el amor propio ocupa un lugar central e influyente.
Una persona herida por sí misma y por su entorno no puede actuar de manera más correcta, más precisa, más creativa ni más elevada. Una persona herida es una persona que sufre, temerosa, esclava de estándares imposibles y limitada en su flexibilidad y en su capacidad de cambiar, transformarse y desarrollarse. Una persona así se encontrará con los mismos problemas y repetirá, más o menos, los mismos errores, a pesar de innumerables actos de auto condena y auto reproche que, supuestamente, deberían ponerla en su lugar.
A la pregunta “¿por qué somos capaces de condenarnos tanto a nosotros mismos?” podemos responder: porque no nos amamos lo suficiente.
La carencia de amor propio, de la que sufre la mayoría de las personas, crea en el alma un vacío que debería llenarse con contenidos de apoyo, reconocimiento y contención. En lugar de eso, ese espacio es ocupado por la hostilidad hacia uno mismo, la desconfianza interna, la falta de fe en uno mismo y la tendencia a reaccionar con dureza y rigidez cuando las cosas no salen, supuestamente o no tan supuestamente, como deberían.
Este punto es crucial y enfatiza lo que aparece en el título de este libro: Amor propio, el compromiso más elevado. No en vano atribuimos tanta importancia al amor propio y al compromiso que tiene una persona que desea una vida mejor de fortalecerlo, desarrollarlo, nutrirlo y convertirlo en el eje principal de su comunicación interna.
Así es como funciona: cuando no introducimos en la conciencia y en el diálogo cotidiano amor y, junto con él, apoyo, compasión, empatía, contención, auto perdón, auto aliento, auto reconocimiento y auto protección, se fortalece el polo opuesto: una actitud hostil, poco generosa, no nutritiva, no tolerante y poco comprensiva. No existe un vacío. Cuando el bien no está presente, el mal crece en su lugar. Cuando no invertimos recursos en fortalecer el amor propio y abandonamos el espacio emocional sin iniciativa para mejorar la relación con nosotros mismos, obtenemos una realidad interna hostil, poco tolerante, excesivamente crítica y condenatoria.
El amor propio es un rol y una responsabilidad profunda y de gran peso, porque descuidar este compromiso nos cuesta muy caro. En lugar de preguntarnos de manera fría y lógica por qué hemos caído en un diálogo interno desagradable, y en lugar de intentar, sin mucho éxito, apaciguar la crítica interna exagerada, es preferible atrevernos a encender la luz e introducir componentes de amor propio en nuestro interior. Si no lo hacemos, nos veremos obligados a vivir en un espacio interno que no difiere demasiado de un tribunal improvisado, donde somos acusados una y otra vez sin que se nos permita defendernos ni, tal vez, salir absueltos. Esto ocurre cuando el amor propio es demasiado débil. Y para cambiarlo, en la medida en que internalicemos y practiquemos el compromiso más elevado, debemos practicar, aplicar y respirar amor propio. Aquí y ahora.
Práctica
Refrescar los límites que te protegen
El amor propio implica, entre otras cosas, la auto protección. Examina con cuidado y desde el amor: ¿en qué áreas de tu vida faltan límites más claros y firmes para que tu calidad de vida sea más elevada?
¿Alguien te presiona para que te ames menos?
A veces, las personas se sienten amenazadas cuando alguien cercano manifiesta amor propio. ¿Existen personas así en tu entorno? Si es así, ¿cómo te proteges de ellas y cómo cuidas que tu amor propio se mantenga como un valor alto y esencial en tu vida?
¿Con quién hablas de amor propio?
¿Hay personas con las que puedas compartir y profundizar en temas de amor propio? Señala a aquellas personas que reflejan tus partes más sanas y fuertes. Si faltan personas así en tu vida, esto indica que el amor propio aún no se ha desarrollado hasta un nivel del que puedas sentirte orgullosa y tranquila. Eso llegará por sí solo más adelante.
Capítulo 23: La crítica interna exagerada es miedo, y en el amor el miedo desaparece
Una de las cosas más confusas de la crítica interna exagerada es la sensación de que se trata de una voz lógica y correcta, que a pesar de su dureza expresa una especie de verdad incómoda que supuestamente debemos escuchar para mejorar, cambiar o liberarnos de algo. Muchas personas quedan atrapadas en esta trampa de encuentros repetidos con su crítica interna exagerada, sintiendo que deben absorber los comentarios y los juicios que surgen desde dentro, porque aparentemente reflejan aspectos maduros, prácticos y correctos que intentan guiarlos hacia un camino que todavía no han logrado recorrer, debido a su debilidad o a una falta de comprensión respecto de la elección del bien.
Pero como ya dijimos, se trata solo de una ilusión, de confusión, de distracción, de un desvío de la atención y de un engaño perfecto. Se trata de una especie de truco, de una manipulación interna del alma que transforma un miedo profundo en palabras de crítica. El pesimismo, el escepticismo y el cinismo son distintas expresiones de la crítica interna exagerada y todas ellas expresan miedo. Miedo a sentir, miedo a entregarse, miedo a arriesgarse, miedo a experimentar dolor, miedo a la ingenuidad, miedo a las decepciones, al rechazo y a mucho más.
En realidad no nos criticamos a nosotros mismos de manera eficaz. Casi no existe algo así. La prueba es clara. La mayoría de la crítica que recibimos de nosotros mismos no se convierte en una acción productiva de cambio y aprendizaje que haga innecesaria esa crítica en el futuro. Por lo general sufrimos la crítica, nos encogemos, sentimos que algo en nosotros no está bien, nos sentimos culpables e indignos, y nos prometemos que la próxima vez será diferente. Pero en vano. Vuelve a ocurrir, y no una sola vez, sino muchas.
Así sucede cuando permitimos que nuestros miedos reciban un escenario exagerado, un escenario que utiliza nuestra lógica de manera dañina y la convierte en una voz acusadora que siempre suena convincente y nos deja con una sensación incómoda, rígida y paralizante, que no nos permite levantarnos y reparar lo que se dañó o cambiar lo que se debilitó. El miedo no es una energía que conduzca a una acción beneficiosa. El miedo nos aleja del camino que podría hacernos bien y nos mantiene en una especie de niebla emocional respecto de las herramientas que tenemos para la sanación personal, la comprensión de nosotros mismos y una mejor adaptación a lo que tenemos delante en el presente.
No es sencillo perdonarnos con generosidad cuando erramos o fracasamos. No es sencillo ser nuestros mejores amigos cuando un proyecto se derrumba o cuando una pareja decide que ha llegado el momento de marcharse. No es fácil afrontar con amor y ternura los dolores de la infancia que emergen en nosotros. No es sencillo estar solos, no tener éxito en los negocios, no ser aceptados en el camino de estudios que soñábamos y descubrir que incluso después de años seguimos con el mismo saldo negativo en el banco. No es fácil, en estas situaciones y en muchas otras, ser nuestros mayores apoyos, nuestros amigos más fieles, nuestros padres amorosos y atentos, el sostén estable y seguro en el que siempre podemos apoyarnos cuando es difícil.
¿Y qué resulta más simple que eso? ¿Qué parece más fácil? Ser duros y crueles con nosotros mismos en momentos así y en otros en los que las cosas no salen como queríamos. Esta es, aparentemente, la opción por defecto a la que nos hemos acostumbrado y que activamos con demasiada facilidad y con demasiada frecuencia cuando sentimos que hemos fracasado o que merecemos un reproche por no ser tan maravillosos como creíamos que debíamos ser. Nos resulta fácil retirarnos a un lugar encogido, temeroso, pesimista y desesperanzado, un lugar donde dejamos de asumir una responsabilidad real y beneficiosa por nuestra vida. Nos quedamos atrapados allí con la crítica, contándonos una historia sobre lo poco buenos que somos, sin detenernos un instante a preguntarnos si realmente estamos haciendo lo correcto y lo necesario para nosotros.
No hay nadie que no haya vivido esto de una forma u otra. Pero lo que muchas veces no está suficientemente claro y de lo que no se habla lo suficiente es que este estado es un producto del miedo. Cuando activamos una crítica interna exagerada y le permitimos quedarse y expresarse en voz alta sin contradecirla, nos entregamos a nuestros miedos, nos volvemos adictos a ellos y nos convencemos de que no hay otra opción que permanecer dentro de esta experiencia desagradable, con todas las palabras de condena que la acompañan.
En momentos así, por lo general no notamos que lo principal que necesitamos, lo que falta y ha desaparecido de nuestro paisaje emocional, es el amor propio. Cuando nos amamos a nosotros mismos no podemos ser crueles con nosotros. Así de simple funciona.
Cuando vivimos amor no hay lugar para el miedo. El amor llena, el miedo vacía. El amor fortalece, el miedo encoge. El amor expande, el miedo contrae. Qué difícil nos resulta, precisamente cuando las cosas se descomponen, estar allí para nosotros mismos, sostenernos y alentarnos con la confianza de que pronto estará mejor. Y qué fácil nos resulta, en cambio, entregarnos a la decepción y a las voces que suenan muy lógicas y que intentan convencernos de que algo realmente no funciona en nosotros.
La crítica interna exagerada presenta ante la persona moderna y consciente que desea sanar su vida y fortalecerla dos señales principales, a partir de las cuales puede aprender cosas muy importantes sobre la manera en que está gestionando su vida cotidiana.
La primera señal es la siguiente. Si en el presente existe una crítica interna exagerada y persistente que suena muy lógica en sus argumentos y que condimenta la experiencia emocional con culpa en sus diversas formas, esto indica que últimamente hemos olvidado invertir amor en nosotros mismos. La crítica actual no nos está contando una historia concreta sobre un asunto específico que gestionamos mal y que requiere un cambio, una renovación o una corrección. Más bien nos está mostrando el verdadero fallo, el que no solemos detectar, el que se esconde bajo el radar. El fallo del amor propio.
Cuando no hay amor, aparece el miedo. No existe otra posibilidad. El vacío que deja la falta de amor propio no puede permanecer sin contenido. Ese vacío siempre se llena de algo negativo que está relacionado, de una u otra manera, con el miedo. Esta es la ecuación y así funciona el alma humana. Si no invertimos en lo positivo, crece lo negativo. Si olvidamos elogiarnos, apoyarnos, contenernos y valorarnos, pronto tendremos que enfrentarnos a oleadas de crítica y auto condena que son el resultado del miedo que se intensificó en un espacio donde no había suficiente amor. Esta es la primera señal. No nos hemos amado lo suficiente últimamente, y este es el resultado.
La segunda señal aparece cuando la crítica interna exagerada surge en todo su esplendor en el presente. Frente a todos los mensajes que se escuchan ahora en nuestro interior, frente a las voces convincentes que nos acusan de manera lógica y elocuente de que realmente no estamos bien y no somos correctos, precisamente en esos momentos debemos detenerlo todo. Detenerlo realmente. Alejarnos de la situación y renovar la acción del amor propio en ese mismo instante. Debemos realizar una acción que enfrente el torbellino oscuro que crea nuestro miedo, un torbellino que se presenta como una crítica necesaria e importante cuya supuesta finalidad es educarnos y mostrarnos cómo no se deben hacer las cosas. Esta es la segunda señal. Ahora debemos detenernos y darnos amor propio en lugar de creer en la crítica y entregarnos a ella de manera negativa.
Esto es valentía real. Aquí es donde una persona comienza a generar un cambio profundo en su vida. No mediante una reacción que intente satisfacer la crítica y la culpa, sino aumentando la conciencia de que lo que está gestionando la situación en este momento es el miedo. Y con el miedo solo se puede trabajar a través del amor, que lo disuelve, lo suaviza, lo hace desaparecer y renueva una perspectiva más optimista. La respuesta más contundente frente a la crítica interna exagerada es extraña, paradójica y hasta divertida. Una sonrisa frente al espejo. No somos tan culpables. Quizá simplemente pasamos algo por alto. Justamente en ese momento se necesita amor. Cuando comprendemos esto, la vida se mueve hacia un lugar nuevo.
Práctica
Orgullo propio 1
Orgullo propio por las cosas que has conservado. ¿Te sientes suficientemente orgullosa de las cosas que has conservado y protegido para que no desaparezcan o se desintegren? Completa por escrito la frase “Estoy orgullosa de mí por no haber perdido…” entre seis y doce veces seguidas.
Orgullo propio 2
Orgullo propio por las cosas que has soltado. A veces no es fácil soltar y permitir que ciertas cosas se vayan de nuestra vida, pero en ocasiones es lo correcto. ¿Te sientes suficientemente orgullosa de las cosas que has soltado, incluso si al principio fue un poco difícil y atemorizante? Completa por escrito la frase “Estoy orgullosa de mí por haber soltado…” entre seis y doce veces seguidas.
Orgullo propio 3
¿De qué más te sientes orgullosa? El amor propio nos enseña a sentir más orgullo por nosotros mismos. Lo necesitamos. Tenemos derecho a ello. Es una nutrición emocional muy importante. Completa por escrito la frase “Estoy realmente orgullosa de mí por…” entre seis y doce veces seguidas.
Capítulo 24: La crítica interna es el verdadero error, ¿lo sabías?
Este tema no es sencillo de explicar de manera lógica, pero es necesario intentarlo y avanzar en su comprensión. Lo que finalmente construye la percepción completa de los principios que se presentan a continuación es el desarrollo emocional que surge del fortalecimiento del amor propio y de su consolidación en la vida de la persona.
Una de las principales ocupaciones de nuestra crítica interna es el error, la equivocación. La crítica interna exagerada nos presenta de manera desagradable aquello que percibe como errores del pasado y nos instruye sobre cómo evitar errores similares en el futuro. La actividad de esta parte de nuestra conciencia es muy intensa y parece tener la función constante de advertirnos y de impedirnos hacer lo que se percibe como incorrecto, impreciso o inaceptable.
Más aún, es imprescindible señalar la atmósfera que crea la crítica interna exagerada, porque allí reside la parte más grave del daño que produce. La crítica interna exagerada no actúa como una maestra útil que nos traza un camino correcto. Los métodos que utiliza, reprimendas y creación de un clima de ansiedad y temor frente a la iniciativa espontánea o la toma de riesgos, no fomentan el cambio ni el aprendizaje. Generan principalmente una sensación de contracción y una imagen dañada de nosotros mismos. La crítica interna exagerada no puede ayudarnos porque nos coloca en un estado paralizado, avergonzado y temeroso.
Y así, sin que lo notemos, ese mismo componente que nos critica tanto y que supuestamente pretende ahorrarnos errores, crea por sí mismo el error más grande. Un error que puede corregirse mediante el amor propio y otras herramientas, solo después de una práctica prolongada y un cambio de conciencia. Hasta que ese cambio ocurra, existe en nosotros un error habitual que nos cuesta identificar de manera constante. Este error influye en muchos niveles y determina una percepción de la realidad limitada, temerosa y poco capaz de impulsar cambios, mejorar lo existente, soltar lo que está atascado y construir algo mejor que lo que hay ahora.
No es sencillo captar que repetimos exactamente el mismo error día tras día, especialmente cuando agotamos nuestra mente con preguntas sobre cómo no equivocarnos y cómo no arruinar lo que tenemos. No es fácil señalar una parte tan conocida y cotidiana de nuestra conciencia, una parte que suena lógica, responsable y sensata, y presentarla como el error central que conviene reducir y limitar. ¿Estamos preparados para el cambio real, para despedirnos de la crítica interna exagerada?
Este es el punto decisivo que crea una realidad más sana y más beneficiosa. Es el punto que transforma los conceptos conocidos en nuestra relación con nosotros mismos y establece nuevos estándares, guiados con firmeza por nuestro amor propio creciente.
Así funciona. Cuanto más nos conectamos con el amor propio, más comprendemos que lo que más necesitamos es apoyo, confianza, reconocimiento, aliento, empatía, comprensión, validación, contención y valentía para cambiar y desarrollarnos. Cuanto más aprendemos a pensar en términos de amor propio, menos dispuestos estamos a tolerar la auto condena y las presiones exageradas que llegan tanto desde dentro como desde fuera.
Cuanto más internalizamos los criterios del amor propio, menos tolerantes nos volvemos hacia todo aquello que no está relacionado con él o que no sigue su camino. Cuando nos amamos más, ya no existe motivo ni posibilidad de actuar contra nosotros mismos y de impedirnos todo el bien posible. Cuando esto ocurre, identificamos, y puede ser un reconocimiento muy dramático, que el mayor error que solemos cometer es escuchar la crítica exagerada y someternos a su presión.
Para comprender, integrar y asimilar estos conceptos, por lo general necesitamos atravesar un cambio profundo. La percepción social dominante, que apoya en exceso el uso de la crítica en muchos puntos y procesos de la vida humana, instala en nosotros el hábito problemático de otorgar a la crítica interna una amplia autorización para examinarnos y calificarnos, en una cantidad que no nos aporta herramientas de mejora ni de avance, sino que nos fija exactamente en el mismo lugar, mientras nos encogemos dentro de una sensación de fracaso.
El amor propio es la regla, es el fundamento, es el camino, es el sostén, es la maestra y es la dirección. No hay justificación para ningún otro estilo de relación con nosotros mismos. No hay ningún beneficio en la auto condena ni en los comentarios repetitivos que nos hacen sentir que algo no funciona correctamente en nosotros. La mentira recurrente que nos hace sentir que si no destacamos, y si somos promedio en algún ámbito como la mayoría de las personas, entonces no somos realmente valiosos ni importantes, distorsiona la verdad y nuestra singularidad y nos lleva a percibir la realidad de manera deformada e incluso irresponsable.
En un mundo de amor propio, el concepto de mediocridad no tiene valor ni lugar. En un mundo de amor propio, el simple hecho de que una persona intente, se esfuerce, busque y actúe lo mejor que puede es la verdadera excelencia y eso es lo que debe estar en el centro de su atención. Es realmente digna de reconocimiento y de elogio por cada esfuerzo, intento, iniciativa, experiencia y elección. Por más obvio que suene, no lo es en absoluto. Tendemos a repetir el mismo error básico y trágico sin darnos cuenta. Nos sometemos a la crítica interna exagerada que nos oculta la verdad sobre los logros reales que nos pertenecen día a día y a veces incluso hora tras hora.
No hay ningún beneficio en un estilo de vida en el que la imagen personal se daña con frecuencia. No hay ningún beneficio en una vida en la que recibimos demasiados informes sobre lo que no hicimos bien y muy poca información sobre lo que sí hicimos de manera adecuada y valiosa, algo que probablemente se volvió obvio y pasó desapercibido.
No es sencillo ser una persona adulta y responsable en el tiempo y el espacio en los que vivimos. Las exigencias diarias son muchas y a veces imposibles. No es fácil ser madre, ser gerente, ser trabajadora, ser vecina, ser ciudadana, cumplir con pagos e impuestos, enfrentar tensiones familiares y ambientales, absorber injusticias y falta de consideración en distintos ámbitos, y también soportar el estrés, los peligros y los riesgos posibles en las calles y a veces incluso dentro del hogar. El simple hecho de vivir y de enfrentar la vida, incluyendo el logro ocasional de encontrar sabor y alegría, merece admiración y elogio. Esta es la verdad.
Una persona no necesita ser la número uno en ningún ámbito para ser merecedora de un premio a la trayectoria de vida. El simple hecho de estar aquí y de esforzarse por hacer lo mejor que puede ya es un logro significativo. Esto la crítica interna exagerada no nos lo dirá. Esto nos lo anunciará el amor propio. Ya hemos logrado. Ya lo hemos hecho. Por supuesto que podemos seguir haciendo y mejorar lo existente, pero no desde una condena repetitiva, impaciente y exigente, sino desde el reconocimiento y el aprecio por lo que hay, por lo que hemos logrado, por lo que hemos tocado y por aquello en lo que hemos influido.
Y que no quede ninguna duda. La crítica interna exagerada nunca estará satisfecha. No se la puede complacer ni tranquilizar. Siempre encontrará una razón para incomodarnos. No importa cuáles sean nuestros logros ni a qué lugar lleguemos. Hasta que no ayudemos al amor propio a ocupar el espacio central y no comprendamos que la crítica interna exagerada es el mayor error y la causa de nuestros bloqueos y estancamientos, seremos esclavos de sus caprichos. La crítica exagerada es un error. El amor propio es la corrección. La mente a veces no lo comprende, pero el corazón sabe muy bien de qué se trata. Y ese corazón está dispuesto a ayudarnos a desactivar este error tradicional y a aprender a disfrutar más de lo que ya existe, desde un amor grande y genuino hacia nosotros mismos.
Práctica
Contrato de amor propio 1
Escribe un contrato simbólico de amor propio y fírmalo. En el contrato comprométete a intentar, durante el próximo año, hacer cosas por ti misma. Integra la expresión “amor propio” en el texto del contrato.
Contrato de amor propio 2
El segundo contrato que redactes y firmes será un contrato en el que te comprometas a intentar no hacer, durante el próximo año, ciertas cosas, a partir del reconocimiento de aquello que es importante que evites. Integra la expresión “amor propio” en el texto del contrato.
Contrato de amor propio 3
El tercer contrato que redactes y firmes se centrará en el lenguaje que utilizarás contigo misma a partir de ahora y para siempre. Comprométete a intentar hablarte con el mayor tono posible de consideración, suavidad, reconocimiento, perdón, contención y amor. Integra la expresión “amor propio” en el texto del contrato.
Capítulo 25: Tu motivación principal: tu salud mental. No la olvides nunca
Uno de los ámbitos más destacados de las últimas décadas, que ha experimentado un crecimiento y un cambio de conciencia muy significativos, es el intento humano de vivir una vida más saludable. Por lo general, esto se refiere a mejorar la salud del cuerpo, y muchas veces se hace una separación casi total de la mejora de la salud mental, a pesar de que esta está profundamente implicada en la salud física, la influye y determina en gran medida su capacidad de funcionar, existir y responder de manera adecuada.
Hoy se habla mucho de “alimentación saludable”. Este tema se ha vuelto tan amplio que en ocasiones las personas se sienten confundidas y desconcertadas frente a información cambiante y, a veces, incluso contradictoria respecto de qué alimentos conviene consumir. Muchas personas vinculan su salud física casi exclusivamente con la comida que ingresa a su boca. Otras se enfocan en la actividad física que perciben como saludable o sanadora, en distintos tratamientos que disfrutan recibir, en una variedad de talleres de limpieza y en muchas otras prácticas similares.
Este fenómeno, que muestra una mayor conciencia de la relación entre lo que entra al cuerpo y la salud física, es algo que solo puede celebrarse.
Pero surge una pregunta esencial. ¿Una persona realmente se compra una vida más saludable cuando se enfoca únicamente en el cuerpo? ¿Pueden considerarse saludables unas vidas sin amor propio? ¿El hecho de que, en ausencia de amor propio, crezca la hostilidad hacia uno mismo, sugiere un posible daño al sistema inmunológico y a la resistencia del cuerpo y de la mente frente a amenazas y cambios potenciales?
Tu salud mental, aquella que no está directamente relacionada con hábitos o elecciones corporales, determina tu salud mucho más de lo que se suele imaginar. Tu salud mental, especialmente si existe en ti una motivación por profundizar la conciencia de ti misma y tu capacidad de expresión única, es el componente más vital y esencial que necesitas. En ausencia de salud mental, todas las acciones, los talleres, los tratamientos y los nuevos conceptos que ingresen al lenguaje no podrán ofrecerte los beneficios que prometen.
Tu salud mental es la condición básica para todo aquello que desees recibir o hacer. Tu salud mental es la que determinará tu capacidad de crecer, generar cambios, elegir, tomar decisiones positivas y enfrentar las dificultades de la vida con valentía, sin necesidad de huir hacia la simulación o la negación de que algo esencial está ocurriendo.
¿Y qué es esa salud mental? ¿Cómo podemos evaluar que tu mente es saludable y funciona de una manera adecuada para ti y para tu vida? Esta es una pregunta que puede resultar confusa y que merece atención en un camino centrado en el amor propio y en todo proceso de desarrollo de la conciencia humana. ¿Qué es tu salud mental y cómo puede caracterizarse? Estas son preguntas que vale mucho la pena formular, cuestionar y explorar, ya que algunos de los conceptos relacionados con ellas pueden cambiar con los años de acuerdo con nuestros valores y nuestras necesidades en transformación.
Necesitamos enfrentar lo que pensamos sobre el concepto de “salud mental”.
Muchas personas asocian la salud mental con la psiquiatría y con los psicólogos, y se sienten tentadas a pensar que toda persona que no está “mentalmente sana” es alguien con un problema grave, es decir, alguien “loco”. Tendemos a evitar examinar en profundidad el grado de nuestra salud mental. Nos resulta difícil medirla y evaluarla, por lo que nos conformamos con crear una clasificación burda entre personas emocionalmente excepcionales, cuyas dificultades son muy evidentes y requieren una intervención significativa, y los demás, seguramente incluyéndonos a nosotros mismos, que nos ubicamos en algún punto del espectro de los “normales”.
Cuando aprendemos a pensar, expresarnos y actuar bajo el amparo del amor propio, y cuando nos atrevemos a aplicarlo y a buscarlo en muchos ámbitos de nuestra vida, también cultivamos el coraje de observar de cerca aquello que probablemente no está tan sano en nuestra mente. Esto es válido para toda persona. En cada ser humano se desarrollan conflictos que lo hieren en determinados períodos de su vida. Toda mente carga con heridas, ya sea que la persona sea consciente de ello o crea que, en general, está bien y que no hay ninguna razón para profundizar o buscar asuntos que solo le dificultarían funcionar.
El amor propio, a medida que se desarrolla y se arraiga en tu conciencia, y te conduce a un lugar en el que la calidad de tu vida emocional se vuelve más importante, crea en ti un deseo y una motivación por explorar tu salud mental y por elevar el nivel de tus expectativas respecto de lo que es posible lograr y recibir emocionalmente en los años venideros.
El amor propio te recordará que ser más feliz es parte de las características de una mente saludable. El amor propio te recordará que enfrentar los dolores del presente y del pasado es una forma de responsabilidad y un tipo de trabajo que trae consigo una recompensa. El amor propio te ayudará a dejar de descuidar aquellos espacios donde existen relaciones disfuncionales, aquellos lugares donde el disfrute del trabajo no es suficiente, donde la sensación de satisfacción no existe y donde la mente se desgasta debido a concesiones que no son adecuadas ni te conducen a un lugar mejor. El amor propio revelará tus adicciones y te ofrecerá una buena oportunidad para separarte de ellas. No te dejará vivir en una especie de paraíso ingenuo, construido principalmente a partir de la incapacidad de enfrentar emociones difíciles. Por el contrario, te guiará a observar los residuos y las zonas oscuras de manera directa, con compasión y tolerancia, con la intención de generar en ellas un cambio. Estas son algunas de las cosas que el amor propio hará por ti, y muchas más.
Es muy posible que estos cambios sean el mayor regalo que el amor propio pueda ofrecerte. La capacidad de enfrentar mejor aquellos lugares donde tu mente no está tan sana como quizá creías antes. La capacidad de acercarte al dolor sin miedo ni evasión. La capacidad de identificar debilidades emocionales y pequeños obstáculos que la mente se impone a sí misma debido a sus limitaciones y a los lugares donde permanece estancada. El amor propio te ayudará a dejar de esconderte de las verdades y te brindará una nueva forma de relacionarte con tu salud mental. No será el mundo exterior, con sus normas, el que determine qué es tu salud mental. Tu mente, tu corazón y sus necesidades reales serán quienes lo determinen de una manera más fiable y precisa.
Cuando tu motivación principal es la salud mental, sin la cual ningún esfuerzo por mejorar la salud física logrará mejorar de manera significativa la calidad de vida, se despierta en ti una motivación profunda por mejorar la relación contigo misma hasta el nivel del amor propio. Cuando se desarrolla en ti la comprensión de que, sin salud mental, casi todo se desordena o se desordenará, incluido lo que ocurrirá también en tu cuerpo, no te quedan muchas alternativas más que invertir mucho en fortalecer tu amor propio. Esto es lo que marcará la diferencia entre tú y aquellas personas que no comprenderán qué es la verdadera salud ni qué se requiere para cultivarla.
La realización de tus pasiones y la identificación de los objetivos correctos en los que vale la pena invertir energía vital constituyen una parte importante de la salud mental, incluso cuando una persona no sufre de ansiedad o depresión. Una vida sin pasión no es una vida saludable. Es una vida con poca alegría, poco optimismo, poca creatividad, poco coraje para cambiar y una capacidad limitada para contener emociones y situaciones cambiantes. Todo esto está vinculado con una salud mental auténtica. Todo esto puede cultivarse. Todo esto avanzará en la dirección correcta gracias a un amor propio que se fortalece cada vez más. Tu verdadera salud mental debería convertirse en tu factor más interesante y más importante. Tu salud mental solo se fortalecerá a medida que el amor propio se convierta en el tema central y en el objetivo prioritario. ¿Estamos dispuestos a cuidar con amor nuestra mente y aquellos lugares donde no está tan sana?
Práctica
Cuidado del desaliento 1
Existen momentos en los que te desanimas, quizá incluso te derrumbas. ¿Eres capaz, en esos momentos, de amarte a ti misma? Completa por escrito la frase “Cuando vuelva a encontrarme con el desaliento, me amaré a mí misma y…” entre seis y doce veces seguidas.
Cuidado del desaliento 2
Intenta conectarte durante algunos momentos con un acontecimiento en el que hayas experimentado un gran desaliento, un momento en el que no tuviste fuerzas para enfrentar o resistir lo que estaba ocurriendo. Escribe algunas líneas sobre ese evento e intenta imaginar qué habría sucedido si en ese momento hubieras estado inundada de amor propio, plantándote frente a la realidad desagradable. Escribe también algunas líneas sobre esto.
Cuidado del desaliento 3
Prepárate con mucho amor para la próxima vez que te desanimes. Por supuesto, preferiríamos que no ocurra y quizá neguemos esa posibilidad. Pero ocurre, y está bien. Somos humanos. Si llegamos al próximo desaliento equipadas con amor propio, el desaliento será más liviano y menos doloroso. Escribe algunas líneas sobre la manera en que integrarás el amor propio en tu próxima forma de enfrentar el desaliento.
Capítulo 26: El amor propio es la armadura más eficaz frente a los daños del entorno
Reconozcámoslo o lo ignoremos, estemos de acuerdo o no, la realidad no cambiará por completo en lo que respecta a los daños del entorno que nos afectan hoy y que nos afectarán en el futuro. Vivimos en un espacio donde, tanto en lo emocional como en lo físico, existe un potencial de daño y de deterioro, y no hay manera de eliminarlo por completo. Lo que sí podemos hacer es prepararnos mejor para estas sorpresas desagradables y llegar equipadas con las mejores herramientas que nos ayuden a sufrir menos daño y a enfrentar estos estímulos de una forma que fortalezca nuestra capacidad de respuesta.
El amor propio es uno de los recursos más importantes que tenemos para prepararnos frente a las experiencias difíciles que encontraremos a lo largo de la vida y también para ofrecer una respuesta inmediata cuando estas ocurren.
Es importante subrayar y colocar las cosas en su justa proporción. El amor propio no significa cerrar los ojos. No significa intentar escapar de aquello que es desagradable, incorrecto, peligroso o dañino. El amor propio no crea un espacio libre de problemas ni una vida sin interferencias. El amor propio no elimina el odio que existe en nosotros o en los demás. El amor propio no realiza ningún truco mágico que convierta al mundo en un lugar vacío de crímenes, guerras, injusticias o destrucción. Todavía estamos muy lejos de eso.
Lo que el amor propio sí puede hacer, y hacerlo con relativa rapidez, es cambiar la forma en que sentimos y reaccionamos cuando nos encontramos con los aspectos menos bellos del mundo.
Los peligros seguirán siendo peligros. Las distorsiones seguirán siendo distorsiones. Los delincuentes seguirán delinquiendo y los corruptos seguirán corrompiendo. Pero el amor propio puede ayudarnos a reducir en gran medida el daño, el dolor y el sufrimiento que estas realidades pueden causarnos, y conducirnos a una posición desde la cual podamos ofrecer una respuesta más útil frente a las dificultades y los problemas que acompañan el lugar en el que vivimos.
Es importante enfatizar este punto, ya que no son pocas las personas que se equivocan al evaluar una herramienta como el amor propio y al intentar utilizarla como un medio para escapar de las verdades difíciles de nuestra vida. Con todas las sensaciones agradables que el amor propio puede ofrecer, y lo hace con generosidad, nunca provoca una eliminación rápida y radical de los grandes problemas que se han desarrollado en la sociedad humana, en parte debido a su alejamiento prolongado de los valores del amor en sus diversas formas. El camino hacia un cambio social profundo es muy largo y sin duda llevará muchos años. Nosotros estamos aquí para realizar los pequeños cambios posibles dentro de un viaje amplio de sanación y transformación de lo existente.
La incomprensión de este tema debilita de manera significativa la forma en que el amor propio puede influir positivamente en nuestra vida. El amor propio no busca una vida fácil. No intenta evitar lo oscuro, lo feo, lo dañino, lo doloroso ni lo destructivo. No los ignora ni intenta crear soluciones mágicas rápidas. Por el contrario, enfrenta los factores más difíciles de la vida. El amor propio nos ofrece una mejor manera de observar la realidad dura con la que a veces nos encontramos, no para saltarla ni para decirnos que podemos alejarnos de los problemas del entorno porque tenemos amor propio, sino porque no podemos hacerlo.
A través del amor propio podemos mirar la realidad con los ojos abiertos y, al mismo tiempo, equiparnos con una reserva aparentemente inagotable de amor propio. Este amor nos estabiliza, nos sacude miedos innecesarios y juicios hacia nosotros mismos, y nos brinda el espacio interno adecuado para enfrentar con valentía y creatividad lo que existe. Eso es lo que el amor propio hace por nosotros, mientras lo negativo sigue siendo negativo y mientras las vulnerabilidades de la vida continúan desafiándonos, tal como siempre lo han hecho.
¿Por qué es esto tan importante? ¿Cómo puede el amor propio transformar de manera tan profunda nuestra forma de enfrentar los daños del entorno?
Para responder a estas preguntas es necesario comprender un mecanismo extraño pero importante que opera en nosotros. A veces, cuando atravesamos una dificultad o una situación de angustia, tendemos a no amarnos, a no apoyarnos y a no alentarnos. Con facilidad podemos caer en el drama, sentir tristeza y dolor emocional, experimentar la sensación de que una vez más nos perjudicaron, entrar en tensión y confusión. El drama tiene su propia fuerza. Somos influenciados por lo que ocurre, y con mayor razón por los eventos que nos involucran directamente. Pero lo más importante de esta influencia negativa es el alejamiento de la relación nutritiva con nosotros mismos y la tendencia a reaccionar, pensar y actuar desde un estado interno que contiene muy poco amor, muy poca confianza en uno mismo, muy poca fe en que la situación puede mejorar y muy poco apoyo interno.
El amor propio suele ser el factor principal que falta cuando enfrentamos un problema, incluso cuando el origen de la dificultad no somos nosotros y aun cuando no hayamos hecho nada para generar esa situación. La carencia de amor propio es el factor central que nos provoca sufrimiento emocional y reduce de manera significativa nuestro repertorio de respuestas. Debido a esta carencia, nos convertimos en víctimas de la situación y, como consecuencia, el daño se intensifica. Cuando nos llenamos de amor propio, el dolor no desaparece, pero la velocidad de recuperación y la eficacia de la respuesta aumentan de forma considerable.
En este mensaje se oculta un código esencial para una vida saludable y satisfactoria. Este código nos presenta una ecuación relacionada con el papel del amor propio en nuestra vida.
La presencia o la ausencia de amor propio determinan en gran medida la raíz del problema y el nivel de daño que sufrimos. Un problema pone a prueba, en apariencia, nuestra resistencia y nuestro nivel de amor propio. Cuando el amor propio se fortalece, una gran parte de los problemas pasa a nuestro lado sin que apenas los notemos. Los problemas que sí nos atraviesan y nos afectan nos causan un daño menor. El amor propio no solo nos ayuda a superar los problemas con mayor rapidez, sino que también nos permite quedarnos con un residuo positivo y con optimismo hacia un cambio más profundo en el futuro.
Cuando enfrentamos problemas y daños del entorno, comprendemos que el amor propio falta, y que su ausencia amplifica el problema. Cuando detenemos por un momento el flujo de pensamientos y nos devolvemos el amor propio, incluso en el punto máximo del drama negativo, transformamos la realidad y convertimos lo que es malo, peligroso o distorsionado en una situación que podemos contener, observar, enfrentar con coraje, compasión y empatía, y desde la cual podemos proteger nuestros valores e intereses de manera eficaz.
Existe miedo. Existe dificultad. Existe violencia. Existen guerras innecesarias. Existen daños arbitrarios. Existen peligros y existen accidentes. Todo esto es parte de la vida. Pero cuando el amor propio se fortalece, estos factores nos perturban menos y desestabilizan menos nuestra vida y su significado. El amor propio salva nuestra vida.
Capítulo 27: Ellos no lo sabían, pero la victoria es tuya
Cuando celebridades se quitan la vida, quedamos atónitos. A pesar de su éxito deslumbrante, de la riqueza, del reconocimiento, de la autorrealización, de la fama, de la capacidad de “lograrlo”, de cumplir su sueño, de tocar la gloria y de recibir la admiración de las multitudes, hacen lo más terrible de todo.
Nos preguntamos dónde estaba el amor propio de esas celebridades. Quizá no queramos escuchar la respuesta y prefiramos conservar el sueño y, junto con él, la decepción respecto de esos héroes culturales.
En contraste, personas que atraviesan situaciones difíciles, pérdidas, despidos, pobreza, disolución de la familia y mucho más, en su mayoría continúan viviendo a pesar de la dificultad, a pesar de los fracasos, a pesar de la discriminación y a pesar de la humillación. ¿Por qué estas personas siguen eligiendo la vida, mientras que otros que tuvieron éxito más allá de toda medida, un cierto porcentaje de ellos, llegan al punto más bajo al que un ser humano puede llegar?
El amor propio y el amor por la vida en su forma más simple, sin compararse con otros y sin necesidad de aprobación externa, son la mayor victoria que una persona puede desearse. Hay personas cuyos datos personales pueden llevarlas a la fama, a la riqueza económica o a otros éxitos visibles. Hay otras a las que notaremos menos, de las que escucharemos poco y que no nos impresionarán cuando pasen a nuestro lado por la calle. Pensaremos ingenuamente que son “personas comunes”, que no hay en ellas nada especial ni nada que podamos aprender de ellas, admirar, valorar o agradecer.
En toda situación, difícil o sencilla, con conflictos o sin ellos, con enfrentamientos con otras personas o sin ellos, el mismo desafío se presenta ante el ser humano, sin importar lo que ocurra. Amarse más a sí mismo. Otros quizá piensen que fracasaste porque no cumples con sus fantasías sobre el éxito o la victoria. Pero si la sonrisa está dentro de ti, si la fe en ti misma se desarrolla, si el apoyo hacia ti crece y si la valoración de tus esfuerzos no se daña, e incluso mejora, entonces la verdadera victoria habita en tu interior. La gran victoria en el desafío más significativo que existe para los seres humanos.
Hay muchas personas humildes a nuestro alrededor que no se destacan en encuentros sociales y no se esfuerzan por exhibir sus recursos o sus ideas. Algunas de ellas no sienten ninguna necesidad de demostrarse ni de superar a otros en ninguna carrera. Estas personas silenciosas probablemente se aman a sí mismas y se sienten cómodas consigo mismas, incluso si no reciben aplausos estruendosos. Ellas son las verdaderas vencedoras y son aquellas de las que se puede aprender y recibir una enorme inspiración.
El amor propio no está relacionado con la visibilidad de una persona en comparación con otras, ni pertenece a las competencias mediante las cuales la sociedad clasifica a las personas con calificaciones donde siempre hay quienes “triunfaron” o “ganaron” y todos los demás quedan como mediocres. Esta forma en que la sociedad define a las personas se realiza con herramientas de evaluación muy limitadas. El amor propio no está vinculado a este drama y no coopera con sistemas ni marcos que en realidad no apoyan el cultivo del individuo, sino que crean una especie de espectáculo superficial donde existe una distinción burda entre ganadores y perdedores, entre buenos y malos, entre destacados y fracasados.
Los mayores logros del amor propio no son éxitos que otros noten, al menos no al comienzo. Si la mayoría de las personas que te rodean no comprenden la importancia del amor propio y no están conectadas con él a nivel de experiencia, compromiso y visión del mundo, entonces la probabilidad de que valoren los logros del amor propio es mínima. Más aún, muchas veces las reacciones negativas y descalificadoras del entorno frente a los cambios que realiza una persona con amor propio refuerzan la certeza de que lo que está haciendo es correcto, adecuado y valioso.
El amor propio no necesita titulares. Cuando una persona se ama a sí misma no necesita la retroalimentación de otros para sentirse valiosa, importante, buena y digna de amor. Necesita contacto y comunicación amorosa por otras razones, no menos importantes. Necesita vínculos emocionales, relaciones nutritivas y enriquecimiento mutuo. Pero nada de esto definirá a la persona que se ama a sí misma ni será una condición sin la cual no pueda sentirse valiosa, vencedora y significativa. Estos sentimientos los desarrollará desde dentro y los encontrará, creará y cultivará mientras descubre el poder maravilloso del amor propio.
En este mismo instante una persona puede conquistar su mundo y alcanzar lo más grande e importante, en una fracción de segundo y sin convertirlo en un evento dramático o extraordinario. El amor propio es el mayor logro al que una persona puede aspirar. Es la victoria más importante por la que puede esforzarse y realizar plenamente. Quien se ama a sí mismo es el verdadero vencedor, y no quien la sociedad ha coronado como la celebridad popular del momento o como el mejor cantante del barrio.
Muchas personas alcanzan logros impresionantes en su campo y, sin embargo, descubren dentro de sí un vacío aterrador que se convierte en un peligro real para su vida, simplemente porque no tienen las condiciones mínimas para cultivar una relación consigo mismas. Esto ocurre porque están excesivamente ocupadas complaciendo a un público que exige cada vez más sin considerar las necesidades humanas del ídolo que creó y que, aparentemente, no tiene vida propia. Aquel sobre el cual se proyectan fantasías desbordadas, aquel cuya calidad de vida no le importa realmente a nadie.
Por eso, cuando se desliza en tu mente el pensamiento de que no hiciste lo suficiente, no lograste lo suficiente, no intentaste lo suficiente y no destacaste lo suficiente, conviene refrescar estos conceptos anticuados que nuestra sociedad primitiva sembró en nosotros. No es la persona que siempre obtiene las calificaciones más altas la que es más desarrollada y avanzada. La persona más desarrollada es quien encuentra dentro de sí una compasión auténtica, quien es capaz de sentir amor hacia sí misma y luego hacia afuera, quien puede ser amiga de sí misma en toda situación y bajo cualquier resultado, quien puede hablarse con tolerancia y reconocimiento. Esa es la persona más elevada y el verdadero vencedor, con una diferencia clara respecto de otros.
Conceptos como felicidad, alegría y satisfacción carecen de validez y significado cuando no están vinculados, en principio y en la práctica, con el amor propio. No hay felicidad sin amor propio. No hay alegría sin amor propio. No hay satisfacción auténtica sin amor propio. No somos capaces de sentirnos bien ni de fortalecernos sin amor propio. No podemos vivir en un espacio interno de intolerancia y aun así ser felices. Eso es imposible. Es una mentira que hemos escuchado demasiadas veces.
Conquistemos nuestra gran victoria ahora mismo. La verdadera victoria no tiene que ver con adelantarnos a otra persona ni con demostrar una capacidad superior. Aquí no hay ningún beneficio en haber llegado antes que un amigo dejándolo decepcionado por su derrota. Aquí la victoria verdadera, esencial, auténtica y profunda consiste en que cada individuo encuentre dentro de sí el camino de regreso a casa. El camino hacia el amor interior. El camino hacia una amistad profunda consigo mismo que se mantiene firme frente a las olas de negatividad y dificultad que a menudo nos visitan.
El amor propio es la victoria definitiva, a nivel conceptual, espiritual y emocional. Esta es la victoria correcta. Como mucho competimos con nosotros mismos. Mejoramos nuestros logros anteriores de amor propio. Rompemos récords de amor propio y nos empeñamos en seguir mejorando también mañana. Esta es nuestra victoria. La única victoria que realmente existe.
Práctica
Refrescar la vida 1
¿Qué conviene reemplazar ahora en tu hogar? El amor propio apoyará la despedida de objetos que pueden soltarse y la incorporación de otros más adecuados en su lugar. ¿Ropa? ¿Libros? ¿Muebles? Permítete vaciarte y limpiarte. ¿Qué ha llegado el momento de reemplazar, con amor?
Refrescar la vida 2
¿Hay algún hábito del que ya puedas despedirte? ¿Hay algo que haces casi todos los días pero que no es imprescindible? ¿Te hace bien continuar con ese hábito? ¿Qué dice tu amor propio respecto de ese hábito? Intenta imaginar tu vida sin ese hábito. Ama lo que veas en tu imaginación. Podría ocurrir muy pronto.
Refrescar la vida 3
Cuanto más se desarrolla el amor propio, menos mentiras nos contamos. Simplemente porque no hay otra opción. El amor propio las expulsa. ¿Qué cosas deseas decir hoy, cosas que no pudiste decir en el pasado? ¿Qué verdades desean liberarse y dejar de esconderse dentro de ti?
Capítulo 28: Nada se renovará ni florecerá en tu vida sin la nutrición del amor propio
Las personas avanzadas en la sociedad humana son personas que aspiran a avanzar. No importa hacia qué ámbito dirijan esa pasión. Su aspiración suele ubicarlas en una franja humana de mayor calidad, donde ocurren más cambios positivos, crecimiento y desarrollo.
En un nivel ideal, una persona desea avanzar en todos los ámbitos en los que está involucrada, tanto en aquellos en los que le resulta fácil progresar como en aquellos en los que se siente estancada, torpe o poco brillante o talentosa. Hay personas para quienes el ámbito laboral es su terreno natural, donde tienen más confianza y capacidad para aspirar al progreso y a la implementación. Hay otras para quienes el espacio emocional o interpersonal es más fuerte, y pueden desarrollar y promover ese ámbito con mayor facilidad y gracia.
En cambio, quien no percibe su vida como un recorrido en el que el progreso es muy importante y en el que es necesario prestar atención al desarrollo, a la mejora, a la reparación de lo existente y a su perfeccionamiento, se ve obligado a conformarse con un estilo de vida pobre, incluso si aparentemente vive la vida más deseada según los códigos sociales vigentes.
Quien se encuentra en un camino de fortalecimiento del amor propio, sin duda se ha fijado como objetivo avanzar y sanar, en la medida de lo posible, la relación interna. Es digno de celebración que las personas asuman la responsabilidad de enfrentar aquello que no fluye dentro de ellas, o aquello que requiere renovación, cuidado y la incorporación de nuevos conocimientos y herramientas.
Todo esto nos conduce a enfatizar la conexión entre el amor propio y la capacidad de desarrollarse, avanzar, mejorar, eliminar obstáculos del camino, mantener viva la visión incluso en tiempos difíciles y seguir comprometidos con el rumbo hacia un lugar nuevo incluso cuando las condiciones del trayecto no son favorables.
La conexión entre el amor propio y el progreso, el desarrollo, el crecimiento y la mejora es tan decisiva y fundamental, y sin embargo muchas personas no son conscientes de ello. Por eso limitan enormemente su capacidad de realizar el anhelo de pasar del primer grado de su vida al segundo, y de allí a lugares aún más sofisticados, abundantes y adecuados. Mientras el amor propio no sea una parte esencial de las herramientas y de los componentes del proceso, no podremos romper el techo de cristal que colocamos sobre nosotros mismos. No podremos salir de las cajas en las que nos encerramos. No podremos ver más allá de lo que estamos acostumbrados a ver. No podremos cuestionar normas incorrectas ni realizar aquello especial a lo que anhelamos.
No es sencillo comprenderlo, porque solemos querer corregir lo que no está bien y mejorar lo que no está mejorado. Pero mientras no seamos capaces de amar lo que existe tal como es, incluso antes de que haya cambiado, sanado o mejorado, nada se moverá.
Aquí cometemos un error fundamental. Tendemos a ver las partes débiles o poco desarrolladas dentro de nosotros como partes defectuosas o inferiores. Las sometemos a una crítica exagerada y a un juicio destructivo, y suponemos que de ese modo podremos superarlas o eliminarlas. Condenamos lo que no nos gusta en nosotros de la misma manera en que condenamos lo que no nos gusta en otros. Es el mismo mecanismo y el mismo error.
El cambio no puede desarrollarse por la fuerza ni mediante la guerra contra aquello que deseamos erradicar. El cambio no se desarrolla sin amor, compasión, comprensión y empatía hacia lo que existe. Lo que existe en su estado actual, con nuestras distorsiones y falta de armonía, es lo que tenemos ahora. Es el punto desde el cual comenzamos nuestros procesos de sanación. Es la verdad que debemos reconocer y revelar. Es aquello que con el tiempo se disolverá mediante una conciencia adecuada y las herramientas de sanación que elijamos adoptar.
En ese mismo lugar estancado en el que tendemos a repetir nuestros errores, falta amor a un nivel crítico. Muchas veces el problema y el estancamiento que lo acompaña reflejan más una carencia de amor que una falta de capacidad o de conocimiento. En el lugar donde la carencia de amor es demasiado grande se desarrollan las heridas más grandes, más sangrantes y más difíciles de sanar.
Hasta que no amemos lo que no está desarrollado en nosotros, lo que no se ordena, no fluye ni es armonioso, no podremos hacer nada con ello. Permaneceremos en la incomprensión hacia nosotros mismos. Invertiremos muchos recursos y realizaremos maniobras para esquivar o erradicar esa limitación, y no lo lograremos. No hay posibilidad.
¿Y por qué? Porque en el lugar donde falta amor, nada que no sea amor puede resolver las cosas. Donde falta amor, también falta la energía necesaria para la transformación, la sanación, la liberación y la apertura de los ojos. Donde falta amor, el dolor es demasiado dominante y no puede suavizarse. Es el lugar donde nos volvemos rígidos, limitados y poco conscientes de la manera en que podríamos actuar de forma más beneficiosa.
Cuando revisamos listas de qué hacer, metas, visiones, objetivos y deseos, y elaboramos planes de acción para avanzar y lograr, conviene recordar una regla importante. Mientras no podamos amar lo existente, lo dañado, lo herido y lo que no funciona, no podremos avanzar hacia algo mejor.
El alma humana no puede mejorar ni entrenar algo interno sin la participación de un amor pleno, incondicional y sin reservas. Es decir, amar lo que hay para poder cambiar lo que hay. Mientras esto no exista, nada más crecerá.
Y esto es difícil. Realmente no es sencillo. ¿Cómo lograremos amar aquello que no amamos? ¿Cómo podremos apoyar esas partes de nosotros que la sociedad que nos rodea no está dispuesta a aceptar, a ver o a reconciliarse con su existencia? ¿Cómo podremos darnos la mano cuando fracasamos y cometemos los errores más graves? ¿Cómo podremos mirar con compasión los lugares donde no somos brillantes, talentosos o creativos? ¿Cómo podremos desarrollar sentimientos positivos hacia aquello que no percibimos como positivo?
La respuesta a todas estas preguntas es una. Amor propio.
Cuando internalizamos el amor propio comprendemos que no tiene límites. Una persona que conoce el amor dentro de sí entiende que puede dirigirlo hacia donde lo desee, incluso hacia un objetivo para el cual, aparentemente, no habría razón para ofrecer una atención amorosa y positiva.
Somos capaces de amar todo, incluso aquello que despreciamos. Suena paradójico, pero es la verdad. El músculo del amor propio y sus extensiones pueden dirigir su energía a cualquier lugar, incluso hacia cosas con las que no estamos de acuerdo ni deseamos. Lo haremos y lo amaremos todo si comprendemos que el amor es un componente fundamental en todo proceso de cambio, sanación y desarrollo. Lo haremos con mayor convicción después de una o dos veces en que notemos que este milagro realmente funciona.
El desarrollo es algo hermoso. El crecimiento es algo maravilloso. La sanación es algo precioso. Eso es lo que buscamos. Nada de esto ocurrirá ni será posible sin amor propio. Todo esfuerzo que no esté acompañado por este componente básico es en vano. Para cambiar, hay que amar. Ahora. Todo. Y desde aquí podremos continuar y ver cómo es posible mover montañas y generar transformaciones reales.
Práctica
Recordatorios de amor propio 1
Corta veinte tarjetas de cartulina blanca del tamaño de una carta. En cada una escribe y completa la frase “Hoy te amo porque…”. Decora las tarjetas como desees. Durante las próximas semanas, saca cada día una tarjeta al azar y obsérvala varias veces a lo largo del día.
Recordatorios de amor propio 2
Observa en qué situaciones de los días habituales tiendes a olvidarte de ti misma y de tus necesidades, y a enfocarte en otros asuntos. En esos días intenta detenerte, ir al espejo y sonreír o susurrarte algunas palabras de amor.
Recordatorios de amor propio 3
Cómprate un objeto pequeño y personal que simbolice para ti el amor propio, por ejemplo una muñeca pequeña, una piedra bonita o cualquier cosa que te resulte agradable de mirar. Quizá desees crear tú misma este objeto. Decide que este objeto será un recordatorio de amor propio e intenta encontrarte con él muchas veces en los próximos días.
Capítulo 29: Escuchar tu pasión desde un amor inmenso
Muchas personas sienten entusiasmo al escuchar expresiones como “realización personal”. Esa sensación de que existe un potencial dulce que, si tan solo logramos concretarlo, nos hará las personas más felices del mundo, no nos abandona incluso cuando intentamos ser realistas, racionales o sobrios.
Algo dentro de nosotros, muy dentro, anhela una oportunidad y las herramientas necesarias para conectar aquello que resuena en los espacios del alma humana con la acción, el logro, la llegada y el encuentro con la verdad de lo que una persona puede llegar a ser, si tan solo logra conectarse con ese potencial escurridizo que a veces desaparece y otras veces emerge e invita a acercarse a él.
Esta visión del mundo, según la cual cada persona tiene un camino único de expresión y de contribución al entorno, una visión con la que me identifico profundamente, se refiere a la integración entre partes espirituales, creativas, emocionales y prácticas del ser humano. Incluye también elementos como el pensamiento, la planificación, la visión, el coraje, la disposición a ser diferente y excepcional, la perseverancia, la paciencia, la tolerancia frente a errores, malentendidos y retroalimentaciones poco favorables provenientes de un entorno conservador que no fomenta el desarrollo, los cambios ni las sorpresas.
Uno de los factores más importantes, sin el cual no puede existir realización personal, es la pasión humana. La pasión por sí sola no puede llevar a una persona a ningún lugar. Pero sin ella, sin el fuego ardiente que calienta los músculos del alma para el movimiento y la acción, es imposible conectarse con el propósito interior y con toda expresión que refleje el anhelo humano de llegar a la realización personal.
La pasión humana es un tema controvertido. Existen prejuicios y posturas poco favorables hacia ella. Con frecuencia, la pasión es percibida como un factor del que hay que cuidarse y al que hay que acercarse con desconfianza. A veces se la considera un componente destructivo que puede llevar a la persona a realizar actos incorrectos, inapropiados o poco éticos. La pasión es vista muchas veces como una fuerza que puede liberar en exceso al ser humano, hacerle soltar toda carga, alejarlo del camino correcto y de sus responsabilidades, desconectarlo de las convenciones sociales y de su equilibrio emocional.
En muchos casos, el estigma negativo asociado a la pasión refleja lo que ocurre cuando sentimos y expresamos nuestra pasión negativa. La pasión negativa está efectivamente relacionada con conductas destructivas y adictivas que no traen beneficio alguno. Es una pasión que empequeñece a la persona, la debilita, la vuelve dependiente y carente de criterio, intensifica partes infantiles de su personalidad y la aleja de caminos de crecimiento, desarrollo y sanación. La pasión negativa lleva a las personas a dañarse a sí mismas y a otros, y puede crear situaciones de sufrimiento, angustia, desesperación y pérdida.
La pasión negativa es, en efecto, un factor del que conviene protegerse y alejarse. La pasión negativa es una de las cosas que el amor propio puede sanar.
Sin embargo, todo lo mencionado acerca de la pasión negativa constituye una forma de distracción y de desvío de lo esencial. La pasión negativa es producto de un vacío, de una carencia y de una falta de conciencia. La pasión negativa expresa lo que ocurre cuando no sabemos escuchar nuestra pasión positiva, aquella pasión que nos orienta hacia los lugares más especiales y fascinantes de nuestra psique y hacia las vías más creativas y singulares que nos permiten realizar lo que llamamos “nuestro potencial”.
Mientras no nos conectemos con nuestra pasión positiva y no la pongamos en movimiento, una acción que requiere coraje, determinación y espíritu aventurero, recibiremos como opción por defecto la imagen invertida de esa pasión positiva, dulce y prometedora. Mientras nuestra vida no esté guiada por una pasión positiva que nos ayude a hacer lo inimaginable y a cambiar aquello que es necesario cambiar, nuestra vida será guiada por la pasión negativa.
Este es un tipo de ley espiritual que opera con frecuencia. Cuando descuidamos lo positivo, lo negativo ocupa su lugar y expresa exactamente lo contrario, causándonos daño, dificultad y destrucción. Cuando el amor no es cultivado, el miedo ocupa su lugar. Cuando no se fomenta el optimismo, surge el pesimismo. Cuando no se desarrolla la creatividad, aparece el estancamiento. Cuando no se invierte en la pasión positiva, surge la pasión negativa, dolorosa e innecesaria. Así funciona.
No es sencillo conectarse de manera adecuada con la pasión positiva, adherirse a ella, creer en ella y seguirla incluso cuando otros se burlan o se sorprenden ante las cosas extrañas que de pronto deseamos hacer y ante los cambios nuevos e inesperados que decidimos generar de un día para otro. Vincularse con la pasión positiva es un desafío digno, importante y esencial que conecta al ser humano con su salud emocional. Este desafío solo puede llevarse a cabo cuando el amor propio está presente, cultivado, practicado y forma parte central del estado mental y de las herramientas que una persona utiliza en su vida cotidiana.
Resulta bastante fácil no creer en las señales de nuestra pasión positiva. Es fácil dudar de ella, ignorarla y percibirla como ilógica, poco razonable o imprecisa. Es fácil pensar que, si no tenemos una prueba clara de que conviene escuchar nuestra pasión positiva, y si no creemos que es confiable y buena, entonces no merece un lugar ni una atención adecuados. Es fácil desestimar y pasar por alto esos cosquilleos internos que nos invitan a cambiar, a hacer algo de manera distinta, a salir a una aventura, a dejar de esperar y a arriesgarnos para avanzar en la vida.
El amor propio es uno de los factores que nos permite pasar gradualmente de la pasión negativa a la pasión positiva. Se trata de un proceso de deshabituación, en el que aprendemos poco a poco a soltar hábitos dañinos y a permitir que en su lugar aparezcan hábitos beneficiosos, nutritivos y sanadores. El amor propio puede enseñarnos a alejarnos de nuestra pasión negativa y, al mismo tiempo, a reconectarnos con algo que sabíamos de niños pero que con el tiempo olvidamos. Cómo escuchar la pasión de manera precisa, para que tenga la oportunidad de brindarnos sus maravillosos regalos, regalos que son un componente indispensable en el camino hacia la realización personal.
El amor propio nos aporta una cierta ingenuidad saludable, una ingenuidad necesaria para volver a desarrollar confianza en nuestra pasión positiva. El amor propio nos guía a escuchar aquello que nos impulsa a romper una barrera, a saltar por encima de la crítica exagerada interna y externa, a ignorar las dudas y a lanzarnos al agua incluso cuando no estamos seguros de saber nadar en aguas frías. Necesitamos un amor propio cada vez mayor para poder sostener la pasión positiva, esa corriente intuitiva que nos cuenta la historia que nos negamos a escuchar.
Cuanto más nos amemos, más confiaremos en las partes aparentemente “locas” que existen en nosotros, esas partes que nos llevan a envidiar a otros que se atrevieron a seguirlas, aunque según la lógica habría sido mejor esperar un poco más, y luego otro poco más, hasta que supuestamente estuviéramos listos. Cuanto más nos amemos, más cultivaremos un tipo especial de coraje, propio solo de quien ha desarrollado su capacidad de amor propio y comprende que, al buscar la voz interior, probarla, darle un espacio de experimentación y creer que tiene valor real, comienzan a ocurrir cosas especiales y significativas en la vida. Se producen cambios bendecidos y el alma prueba una y otra vez la realización personal y la autoexpresión auténtica. Todo esto es posible si aprendemos a escuchar más nuestra pasión positiva. Todo esto es posible si aprendemos a amarnos más. Y eso es exactamente lo que estamos haciendo aquí y ahora.
Práctica
Amor propio y pasión 1
Completa por escrito entre seis y doce veces seguidas la frase “Me amo y por eso pronto realizaré mi pasión por…”
Amor propio y pasión 2
Escribe una lista de tus doce pasiones más grandes en este momento. De ellas, marca las tres pasiones más deseadas. Luego marca con otro color las tres pasiones que te resultan más fáciles de realizar. Ahora, desde un amor creciente hacia ti misma, examina cuál de las pasiones de la primera lista puedes impulsar en este período para que se concrete y cuál de las pasiones de la segunda lista puedes realizar ya hoy.
Amor propio y pasión 3
Intenta centrar los próximos días en la sensación de “tengo ganas”. Qué tienes muchas ganas de comer en este período. En qué lugares tienes muchas ganas de estar ahora. Con quién tienes ganas de encontrarte en estos días. Desde un gran amor hacia ti misma, examina si podrías realizar uno de esos “tengo ganas” con disfrute y con una sonrisa.
Capítulo 30: Asumir riesgos con el apoyo de un amor propio valiente
El amor propio no es solo un estado mental que refleja una relación interna agradable, nutritiva, amorosa, de apoyo y amistosa. Cuando el amor propio se desarrolla y crece, todo lo que ocurre en el alma humana es solo una parte, importante pero no exclusiva, del cuadro completo que se va revelando a medida que profundizamos la habilidad del amor propio y avanzamos hacia los lugares a los que el alma desea crecer y expandirse.
Toda persona, en cualquier circunstancia de vida, necesita en ciertos momentos asumir riesgos para enfrentar mejor un desafío determinado o para generar un cambio vital que le permita vivir una vida más correcta, saludable y gratificante. Asumir riesgos no es un privilegio reservado para situaciones extremas ni una facultad exclusiva de personas excepcionales. Asumir riesgos es una parte inseparable de una vida digna, abundante, equilibrada y más disfrutable.
¿Por qué a veces debemos asumir riesgos y por qué, sin ellos, nuestra situación puede empeorar?
Por un lado, existe en nosotros un impulso hacia el crecimiento, el desarrollo y la expresión creativa. Por otro lado, existen miedos, crítica exagerada, influencias ambientales que frenan y normas generales de postergación, de escasa expresión personal y de presión para no cambiar, no transformarse y no desviarse de lo que hace la mayoría. Por eso, si no asumimos riesgos que lleven al primer plano aquello que sentimos que debemos hacer pero tememos, no solo permanecemos en el mismo lugar, sino que retrocedemos.
La razón es simple. En el lugar donde no hay desarrollo, crecimiento ni cambios positivos, crecen los factores opuestos. Desgaste, estancamiento y cambios no deseados. La energía vital actúa de todos modos y genera impacto. Si no dirigimos esa energía hacia el camino correcto, se verá obligada a expresarse en la dirección incorrecta. Eso es lo que ocurre cuando tememos asumir riesgos.
A primera vista, parece más seguro no arriesgarse. Conozco lo que tengo. Para qué salir hacia un camino desconocido si no sé si tendrá éxito o no. Para qué enfrentar preocupaciones y tensiones al asumir un riesgo. No es mejor pasar un día más sin sobresaltos, volver a casa en paz y conservar lo que he acumulado, creado, hecho y construido. Para qué arriesgarlo todo en acciones e iniciativas cuyo resultado final desconozco por completo.
Porque el ser humano es como un árbol. El ser humano produce ramas y de ellas surgen frutos. Los frutos de la realización y de la expresión única de cada persona. Para llegar a la capacidad de dar frutos jugosos y especiales, el ser humano debe sacar ramas, ampliar su contacto con el entorno, buscar más, moverse más, cultivar curiosidad y pasión por conocer y aprender, intensificar la necesidad de experiencias nuevas y no quedarse jamás quieto.
Las ramas del crecimiento personal, al menos algunas de ellas y sobre todo al comienzo de su camino, son producto de riesgos que es imprescindible asumir. Estos riesgos responden a una pasión saludable que burbujea desde dentro y trata de conducirnos hacia lugares nuevos, más interesantes, más amplios y más profundos, donde podamos experimentar, expresarnos, vivir y recibir de la vida más de lo que recibimos ahora.
Si casi no asumimos riesgos, nuestra situación se vuelve más peligrosa, porque al reprimir nuestro impulso natural de crecer, expandirnos, sacar ramas y movernos hacia nuevos espacios, nos volvemos débiles, vulnerables, previsibles, aburridos, temerosos y vacilantes. Como consecuencia, podemos encontrarnos en un lugar incómodo y no deseado sin comprender cómo llegamos allí.
Después de todo, hacemos lo que se supone que hay que hacer. Comemos alimentos saludables, intentamos evitar pensamientos negativos, somos amables y generosos con amigos y familiares, cumplimos con nuestras obligaciones laborales y, en general, somos personas bastante correctas. Y aun así, las cosas se desordenan. Aun así, algo dentro de nosotros se siente incompleto, siente que existe un vacío interno que arruina la celebración de la que creíamos formar parte.
Así ocurre cuando no asumimos riesgos y seguimos transitando los mismos caminos durante mucho tiempo sin atrevernos a desviarnos de ellos. Nos volvemos insensibles, cada vez menos capaces de percibir cosas importantes que podríamos cambiar por nosotros mismos. Nos encerramos en la burbuja de lo conocido y desarrollamos antagonismo hacia todo lo que no pertenece a nuestro espacio. La creatividad se debilita y, junto con ella, también lo hacen el espíritu espontáneo, el vuelo, la pasión y el equilibrio emocional.
El amor propio está aquí para ayudarnos a aprender cómo asumir riesgos saludables, cómo responder mejor en caso de que el riesgo no dé el resultado esperado, cómo acompañarnos en los momentos de miedo cuando salimos hacia un camino nuevo y poco habitual, cómo cultivar visión y determinación mientras avanzamos a tientas en la oscuridad de una iniciativa nueva cuyo destino desconocemos.
El amor propio nos ayuda a desarrollar un optimismo natural y necesario para asumir riesgos que permitan al alma avanzar. El optimismo es un componente presente en toda persona. Sin embargo, en ausencia de amor propio y de un cultivo adecuado de la capacidad de ver posibilidades positivas en el presente y en el futuro, el pesimismo ocupa su lugar. Cuando somos pesimistas nos debilitamos y tememos el cambio. El amor propio puede corregir esta situación.
A través de su suavidad y su sabiduría, el amor propio nos conduce de manera gradual, segura y en pequeños pasos, desde visiones del mundo pesimistas y cínicas hacia visiones del mundo que contienen esperanza, espíritu aventurero y una ingenuidad saludable.
El amor propio se asegura de que realmente estemos sirviendo a nuestro bien. No nos permite permanecer inmóviles, porque quien se ama desea vivir la mejor vida posible, y esa vida solo es posible incorporando ciertos riesgos como parte de la rutina cotidiana.
Además, asumir riesgos es importante no solo por el cambio al que conduce, sino también por la renovación y el fortalecimiento del alma. Asumir riesgos es valioso en sí mismo. También es valioso acostumbrarse a ello, aprender a no temerlo y a verlo como una aventura y una experiencia, incluso cuando a veces la historia fracasa y no resulta como esperábamos.
Asumir riesgos es una habilidad que toda persona para la cual su vida tiene valor necesita sentir que ha desarrollado hasta un nivel satisfactorio. Mientras tememos asumir riesgos, nos resulta difícil cultivar una autoimagen positiva que nos permita encontrar alegría, satisfacción y sentido en la vida.
Desde el amor propio entraremos en aventuras que antes ni siquiera nos atrevíamos a imaginar. Desde el amor propio nos perdonaremos de antemano, con una sonrisa y un abrazo, por riesgos que no den frutos adecuados. Desde el amor propio nos emocionaremos por el simple hecho de atrevernos y de hacer algo nuevo y diferente.
Desde el amor propio elegiremos no ser personas que pasan día tras día intentando evitar problemas, sino personas que ven en cada día una oportunidad de renovación, crecimiento y sanación. Estas cosas realmente ocurrirán, y mucho más rápido de lo que podemos imaginar, cuando bajo la protección del amor propio sigamos la pasión saludable, asumamos un riesgo y descubramos que no solo el monstruo no es tan terrible, sino que ya sentimos ganas de esbozar y preparar el próximo riesgo.
Práctica
Amor propio y riesgos 1
Riesgos pequeños. Anota seis cosas que necesitas hacer y que has postergado durante mucho tiempo. Aunque no se perciban como peligrosas, considéralas riesgos, ya que la postergación también se basa en el miedo. Desde un gran amor hacia ti misma, examina en cuáles de estas cosas puedes ocuparte en estos días con determinación y decisión.
Amor propio y riesgos 2
Riesgos medianos. En qué cosas que otros hacen y tú no haces sientes envidia. En qué ámbitos de expresión creativa te has sentido avergonzada. Qué estilo de vestimenta nunca te atreviste a usar. Si has huido de algo en lo que estabas estancada. Desde un amor sincero hacia ti misma, examina en cuáles de estas cosas te arriesgarás y las probarás en estos días.
Amor propio y riesgos 3
Riesgos grandes. Los riesgos grandes son aquellos que con solo pensarlos hacen que el corazón lata más rápido. Ahora solo nos permitiremos imaginar. Intenta fantasearte en el futuro asumiendo algún riesgo grande y excepcional desde el amor propio. Permítete sentir la experiencia y quédate con ella con amor. Vuelve a ella con frecuencia en los próximos días.
Capítulo 31: El niño que vive dentro de ti necesita amor propio infinito
Todos estamos de acuerdo en que los niños necesitan mucho amor para desarrollarse de manera adecuada. Los niños y las personas jóvenes se nutren de amor no menos que de alimento. El amor es lo que siembra en ellos seguridad, desarrolla una imagen positiva de sí mismos, pone en movimiento su creatividad y les otorga una sensación de pertenencia y de fortaleza para enfrentar una amplia variedad de desafíos.
Así también ocurre con el niño que vive dentro de ti. Las partes primarias y básicas de tu alma, aquellas partes de tu personalidad que permanecieron tal como eran, con espíritu de niño, con la inocencia de un niño y con la sensibilidad y las necesidades de un niño. Estos niños viven dentro de nosotros y son nuestro acceso directo a las fuentes de inspiración, creatividad, visión, sueño y revolución. Sin conexión con nuestro niño interior, nuestras vidas carecen del color, del sabor, de la pasión y del juego que son tan necesarios para realizar objetivos y para sanar aquello que está estancado, molesta o incomoda.
Pero el niño interior, por diversas razones, también carga con las heridas del pasado, con sus traumas y con sus momentos de impotencia, en los que se tomaron decisiones arbitrarias sobre él que no se ajustaban a sus necesidades ni a sus deseos. Ese niño experimentó de alguna manera respuestas críticas que bloquearon su vitalidad y su originalidad. Esa niña vivió en diversas situaciones una falta de pertenencia social, insultos, pérdidas y decepciones. Los niños interiores que viven en nosotros se encontraron muchas veces con situaciones desagradables y no contaban con las herramientas ni con la capacidad para cambiar su impacto ni la forma en que los dañaron.
Los niños interiores que pueden conducirnos a los lugares más elevados y fascinantes de la vida, que están profundamente conectados con la intuición y la imaginación, llevan en su interior cicatrices silenciosas que les recuerdan los lugares donde el mundo no supo reconocerlos adecuadamente e incluso los utilizó para sus propios fines de una manera inapropiada y dañina. Estos niños interiores de todos nosotros pueden recibir una nueva oportunidad para atender aquello que fue carente, molesto, doloroso y humillante. Pueden recibir de nosotros un amor infinito que les otorgue el espacio correcto, sanador y nutritivo para disolver traumas uno tras otro de una manera creativa y original.
Y este es el rol del adulto. Reconocer al niño interior que vive dentro de sí y otorgarle un amor infinito, sin límites, abundante y creciente. No siempre es fácil dar estos dos pasos, y el objetivo del proceso de aprendizaje y de fortalecimiento del amor propio es volver estos desafíos más prácticos, accesibles y claros.
En realidad, la mejor manera de comprender qué es el amor propio es a través de la comparación de nuestros sentimientos con la forma en que nos sentimos hacia los niños pequeños, ya sea que se trate de nuestros hijos, sobrinos, nietos o los hijos de los vecinos. Los niños pequeños, incluso las crías de animales, despiertan en nosotros el amor más puro, encienden en nosotros el punto máximo de la compasión y la cima de la empatía. Tenemos la capacidad de sentir emociones elevadas y limpias hacia los niños pequeños, y esta es una de las grandes contribuciones de estos pequeños seres a la vida del adulto.
Cuando queremos comprender en profundidad qué es el amor propio, conviene recordar las sensaciones que tenemos o que tuvimos hacia un niño pequeño o hacia un bebé con el que estuvimos vinculados en el pasado o al que estamos vinculados en el presente. Las sensaciones cálidas y poderosas hacia esos niños son las mismas sensaciones que despiertan en nosotros cuando el amor propio comienza a ocupar un lugar cada vez más grande en nuestra conciencia. El amor propio significa exactamente esos sentimientos que sentimos hacia los niños pequeños y adorables. El amor propio significa reconocer a ese niño pequeño y adorable que vive dentro de nosotros y el amor que brota de manera automática cuando vemos a un niño especialmente amado.
Aquí podemos identificar el lugar en el que nos alejamos, como humanidad en general, de las fuentes de amor que viven dentro de nosotros, mientras alentamos a las personas a crecer y a endurecerse demasiado rápido. Corremos hacia arriba, aprendemos a funcionar y a operar, a cumplir tareas, a postergar gratificaciones y a responder a las expectativas de la sociedad, de la familia, del lugar de trabajo, de la pareja y de muchos otros ámbitos. Al niño que vive dentro de nosotros nos apresuramos a olvidarlo y abandonarlo, porque supuestamente es infantil, ingenuo, demasiado inocente y, por supuesto, demasiado sensible y vulnerable, y eso no encaja con nuestro deseo tan grande de avanzar y de alcanzar aquello que se espera de nosotros. Aprendemos a contenernos, a esperar con paciencia, a complacer, a reaccionar solo cuando está permitido y a no molestar el descanso de los vecinos. Aprendemos a ser adultos y, al mismo tiempo, olvidamos con gran rapidez que dentro de nosotros vive un niño que necesita un tipo de atención diferente.
Desde esta perspectiva, el amor propio es una de las soluciones más eficaces y prácticas para tender un puente entre nuestra necesidad de cumplir con las expectativas y exigencias de la sociedad y nuestra necesidad de mantener una conexión sana y beneficiosa con el niño interior que vive dentro de nosotros. Para darle al niño interior el lugar que merece y el espacio adecuado para continuar creciendo y contribuyendo a nuestra vida adulta, todo lo que necesitamos hacer es cultivar hacia él un amor profundo e infinito que no esté condicionado por un buen comportamiento. Necesitamos aprender a ser los padres amorosos de nosotros mismos, aquellos que siempre nos reciben con calidez y comprensión, que no nos juzgan por nuestros errores y que nos abrazan incluso cuando nos desviamos del camino correcto.
Cada día en el que no hay una referencia, aunque sea simbólica, al niño interior que vive dentro de nosotros y a su necesidad de amor infinito, es un día en el que la vida nos ofrece mucho menos de lo que podría ofrecernos. Podemos vivir la vida y realizar nuestras acciones cotidianas sin prestar atención al hecho de que dentro de nosotros existen partes infantiles que necesitan abrazo, contención, reconocimiento y un lugar al que regresar y ser recibidas con alegría. Podemos olvidar al niño interior que vive dentro de nosotros, pero al hacerlo también podemos olvidar la realización de muchos sueños que llevamos con nosotros, sueños que sin la energía primaria del niño no tienen ninguna posibilidad de concretarse.
Y es importante volver a subrayar el mensaje simple. Todo lo que el niño interior que vive dentro de nosotros necesita es saber que es amado. Siempre. Suena básico y sencillo, pero no lo es en absoluto. Aprendimos a enojarnos con el niño que vive dentro de nosotros, aprendimos a anularlo o a atribuirle características que supuestamente nos dificultan crecer o existir. Aprendimos a alejarnos de nuestras necesidades infantiles porque nos educaron para creer que ser infantil significa ser poco desarrollado, poco valioso y quizá incluso retrasado o loco.
El arte del amor propio es también el arte de la relación con el niño interior que vive dentro de nosotros. Esta es la razón por la cual muchas personas aún reaccionan con desprecio o con temor ante el concepto de amor propio. El amor propio revive esas partes primarias, limpias y no contaminadas, aquellas que no están distorsionadas ni influidas por prejuicios y que pueden ver el bien en cada persona y la esperanza en cada situación. Los niños interiores nos devuelven el optimismo olvidado y la visión de cambio que a menudo queda oculta detrás de muros de cinismo y de dudas exageradas.
El niño interior que vive dentro de nosotros puede ofrecernos muchos regalos, algunos de ellos invaluables. Estos regalos pueden recibirse casi sin costo y casi sin una gran inversión. Todo lo que se requiere es dirigir hacia adentro nuestra capacidad de amar, hacia el niño que vive dentro de nosotros, dejar de acercarnos a él con reproches y exigencias, y simplemente ofrecerle un espacio favorable y contenedor, exactamente como es correcto hacerlo con cualquier bebé al que amamos. Cuando hacemos esto y el niño interior se siente suficientemente amado y seguro, se pone de pie, se une a las partes adultas que viven dentro de nosotros y aporta su contribución tan única. Pero para que esto ocurra, como se ha dicho aquí muchas veces, se necesita amor. Un amor propio que puede implementarse mediante la práctica, la atención, una sonrisa más frente al espejo y otro abrazo hacia uno mismo. El niño interior lo siente y se nutre de todas estas acciones. Nuestro rol es continuar dándole aquello que necesita, desde una vez al día hasta una cantidad cada vez mayor de gestos que le permitirán recuperarse de manera segura.
Práctica
Amor propio y la niña interior 1
Escribe una carta de amor y apoyo a la bebé que fuiste. No es fácil conectarse con esta parte que vive dentro de nosotros, pero es muy importante. Imagínate en el momento de tu nacimiento, imagínate comenzando tu vida. Escribe una carta a la figura que está naciendo ahora. Sé la madre plena de esa pequeña bebé que eres tú.
Amor propio y la niña interior 2
Escribe una carta de amor, reconocimiento y admiración a la niña pequeña que fuiste entre los tres y los siete años. Primero intenta recordar todo lo que puedas e imagínala. Luego siéntate a escribir la carta. Sé la madre envolvente y fuerte de esa niña. Ella lo necesita profundamente.
Amor propio y la niña interior 3
Escribe una carta a la adolescente que fuiste. La recuerdas. Cuáles eran las principales cosas que la ocupaban. Qué problemas tenía. Qué sueños. Qué la hacía feliz. Escríbele una carta amorosa, alentadora y que abrace. Está allí para ella por escrito y muéstrale que no está sola, que estás a su lado desde ahora y para siempre.
Capítulo 32: Solo el amor permitirá abrir las traumas para la sanación
Suele decirse que la luz del sol revela, desinfecta y sana. Esto suele estar relacionado con la exposición de cosas que las personas tienden a ocultar y debido a esa ocultación sufren. También se refiere a la revelación de crímenes, corrupciones y hechos oscuros que ocurren silenciosamente en nuestra sociedad y dañan a la mayoría de las personas honestas y rectas. En cualquier caso, la exposición de lo desagradable y el fin del período de ocultamiento suelen señalar una salida del lugar complejo, dañino y enfermo hacia un lugar nuevo, limpio, liberado y más sano.
Las traumas que llevamos con nosotros son como masas de energía estancadas en las que invertimos recursos, sin darnos cuenta, para que no nos derrumben por completo. Pasamos gran parte del tiempo ocupados en una batalla inconsciente de supervivencia emocional, en la que intentamos atravesar un día tras otro bajo la sombra de heridas profundas que continúan generando conflictos, dificultades, bloqueos, enredos, ansiedades, dolores, opresión y mucho más.
Parte de nuestras fuerzas psíquicas está reclutada de manera permanente para protegernos de la pesada carga de nuestros recuerdos desagradables, recuerdos que nos vimos obligados a reprimir y a dejar de lado cuando no contábamos con herramientas para enfrentarlos y con el dolor que dejaron en nosotros.
Como adultos no somos lo suficientemente conscientes de que tenemos posibilidades de sanar, suavizar, disolver y reducir la acumulación de cargas internas que gobiernan nuestra vida. Esto comienza con la falta de conciencia de que traumas silenciosas realmente habitan en las profundidades de nuestra psique. Continúa con la falta de conciencia de que conviene aplicar procesos de sanación sobre ellas. Y culmina en la alienación y la falta de motivación para abrir nuestras cajas de Pandora, por temor a no resistir la avalancha desagradable y dolorosa que podría inundarnos cuando los mecanismos de ocultamiento se debiliten.
Una de las razones por las cuales nos resulta difícil generar cambios en nuestra vida es la falta de comprensión del rol decisivo del amor en los procesos de limpieza emocional y de separación de aquello que nos ha molestado durante mucho tiempo. Mientras no comprendamos la contribución tan significativa del amor en el tratamiento de lo que está estancado dentro de nosotros, no podremos hacer nada por nosotros mismos ni liberarnos de aquello que ha restringido nuestros pasos durante años. Sin un uso adecuado del amor propio no lograremos cambiar nada, incluso si insistimos con gran determinación.
Las traumas son traumas y no se puede minimizar este hecho. Las traumas contienen una gran ansiedad y una sensación de peligro real para el cuerpo y el alma, aunque el peligro pertenezca al pasado y ya no esté presente. Las traumas son una especie de demonios internos que no tenemos deseo de encontrar, confrontar ni escuchar. Las traumas son un lugar donde somos más débiles, más infantiles, más asustados y más confundidos.
Mientras no utilicemos el amor propio para sanar las angustias del pasado que permanecen en el presente y continúan influyendo de maneras no deseadas, y mientras intentemos acercarnos a las zonas oscuras y aterradoras del alma por caminos que no incluyen el uso del amor propio, no podremos realmente iniciar un proceso que genere un cambio. Nada ocurrirá. Todos los mecanismos de defensa, los bloqueos, las advertencias, las cortinas de humo y los malentendidos se intensificarán rápidamente y nos alejarán de la zona de peligro.
Pero cuando nos acerquemos a esos lugares a través de la guía del amor propio, comenzarán a abrirse puertas, lenta y cuidadosamente, y podremos hacer lo que nunca pudimos hacer. Abrir las traumas a un estado de sanación.
No tiene sentido intentar ser valientes para soportar las ondas de choque de nuestros mecanismos de defensa. Eso no nos ayudará, permaneceremos fuera. Cuando nos acercamos a las raíces de nuestras traumas, el niño herido que vive dentro de nosotros se despierta y nos llenamos de su experiencia y de sus sensaciones difíciles. Nos conectamos con él y vivimos su impotencia. De esta manera no podremos avanzar. Incluso si reclutamos valentía y determinación desde nuestro interior, no lo lograremos. Permaneceremos fuera.
La psique es lo suficientemente sofisticada como para no permitirnos realizar el movimiento incorrecto. La psique insistirá en que nos acerquemos con mucho amor. De lo contrario, será mejor retroceder y volver solo cuando estemos más preparados para este movimiento tan importante.
Ilustraré esto con el caso de los sentimientos de culpa. Una parte esencial de las traumas que llevamos con nosotros es la sensación de que somos culpables de lo que nos ocurrió, incluso si no hicimos nada y fuimos en realidad víctimas de una realidad difícil que nos dañó de manera arbitraria e injusta. En cualquier caso, existe de manera silenciosa y en forma infantil y primitiva un auto castigo por el hecho de que ocurrió algo malo, incluso cuando de niños no teníamos ninguna posibilidad de evitarlo.
El niño asume la culpa porque experimenta que todo el mundo está relacionado con él, con sus actos, con sus pensamientos y con su mera existencia. Si algo malo le ocurrió al niño, y especialmente si el evento se repitió y no fue reparado, el niño interpreta el evento como vinculado al hecho de que algo en él no estaba bien. Como si hubiera podido evitar lo ocurrido, aunque en realidad no fuera así.
Los sentimientos de culpa son una parte muy significativa del drama de la trauma y de nuestra dificultad para separarnos de las cargas pesadas que quedaron profundamente atrapadas en los espacios del inconsciente. Los sentimientos de culpa son uno de los componentes escurridizos que nos mantienen atrapados en recuerdos dolorosos sin ofrecernos una verdadera vía de escape.
Cuando intentamos, supuestamente con herramientas de lógica y pensamiento realista y adulto, rastrear los recuerdos dolorosos, no somos capaces de captar la profundidad de la culpa que existe en nosotros en relación con las traumas reprimidas. Como adultos no hay ninguna razón para sentirnos culpables por algo que otros nos hicieron. Nos resulta difícil sentir que hay algo defectuoso en nosotros solo porque fuimos heridos o porque no logramos evitar el daño.
Mientras no logremos conectarnos emocionalmente con esa culpa que experimentamos como verdadera cuando éramos niños, no podremos avanzar. No podremos ventilar las heridas, no podremos disfrutar de la luz del sol que desinfecta y sana y que les permitiría cicatrizar y concluir su función histórica.
Pero cuando nos conectamos con nosotros mismos equipados con amor propio, con una gran compasión, con empatía, con consideración hacia nosotros mismos, con la disposición a perdonarnos aunque no hayamos hecho nada malo, con la capacidad de contener, escuchar, acariciar y comprender realmente la intensidad de los sentimientos de culpa que no son lógicos pero sí muy presentes, entonces existe la posibilidad de que la psique nos permita ver y revelar aquello que siempre nos ocultó con tanto cuidado.
Para llegar a este estado, el amor propio necesita fluir con facilidad por nuestras venas. Tenemos trabajo por hacer, un trabajo de vida. El fortalecimiento constante del amor propio para elevarlo a niveles en los que podamos utilizarlo para hacer aquello que en el pasado no tenía ninguna posibilidad de realizarse.
El amor propio irá anulando poco a poco los sentimientos de culpa, nos permitirá volver a ser niños inocentes que merecen recibir todo el calor, la nutrición y la protección, y que merecen ser tal como son. Niños que aman vivir, jugar, experimentar y probar.
El amor propio nos permitirá visitar a los niños que viven dentro de nosotros, escuchar aquello que permanece doloroso y opresivo, y ofrecer un contacto paciente y sanador que impulse a la psique a activar sus mecanismos naturales de recuperación.
Práctica
Sonrisas frente al espejo 6
Por qué es importante recordar. Así funciona el amor propio y aquello que se le asemeja. Es necesario recordar, de lo contrario somos arrastrados hacia lugares menos buenos. Sonreíste hoy frente al espejo. La sonrisa ya se volvió un hábito. Sonreíste frente al espejo también en espacios públicos.
Logros diarios
La visión del mundo del amor propio está relacionada con aquello que existe en la vida cotidiana. Cada día alcanzamos logros y conviene prestarles atención. Desde el amor propio, escríbete palabras de reconocimiento y de gratitud por algunas cosas que hiciste en los últimos días. Recuerda. El amor propio es lo opuesto a vernos a nosotros mismos y a nuestras acciones como algo dado por sentado.
Reconocer la carencia de amor propio
Piensa con cuidado en uno de los problemas que te molestan en estos días. Si te concentras adecuadamente, seguramente descubrirás que alrededor de ese problema tu nivel de amor propio es bajo, y eso no te ayuda. Esto también funciona a la inversa. Cuanto más refuerces de manera intencional el amor propio mientras estás dentro del problema, mayores serán las probabilidades de cambio. Examínate. Cuál es el tema en el que las cosas están estancadas y tu amor propio es especialmente bajo. Podrías hacer allí un trabajo emocional contigo misma.
Capítulo 33: Ser los sanadores principales de nosotros mismos
La sanación personal es una de las capacidades más maravillosas y fascinantes de todo sistema biológico, desde las criaturas más pequeñas hasta el mecanismo complejo, experimentado y sabio del cuerpo humano. En el cuerpo humano existen muchos componentes y herramientas sofisticadas para enfrentar estados de daño y enfermedad, mediante la rehabilitación y la reactivación de sistemas que han sido afectados.
Aún más impresionante es la gran capacidad humana para sanar los dolores del alma, como conflictos, complejidades, traumas acumulados en el cuerpo y en la psique, depresión, ansiedad, tristeza y sensación de impotencia. Todo esto, y mucho más, puede en muchos casos transformarse a través de procesos de sanación personal, y las diferencias entre el estado previo a la sanación y el estado posterior pueden ser dramáticas y muy sorprendentes.
Sin embargo, existe un factor escurridizo y poco claro que muchas veces marca la diferencia entre la realización de la capacidad natural de sanación de la psique humana y la permanencia en un estado de alienación e ignorancia respecto de las posibilidades de salir de crisis y situaciones incómodas que la persona atraviesa. Ese factor es la confianza en uno mismo. El grado de creencia que una persona tiene respecto de su capacidad de responder de manera creativa y original cuando se encuentra con un evento inesperado, no deseado o desafiante. El grado de confianza que una persona tiene en sus herramientas, en sus habilidades y en su capacidad de afrontamiento determinará si podrá utilizar sus cualidades únicas para sanarse a sí misma o si permanecerá sin comprensión ni experiencia en este ámbito.
La confianza en uno mismo es un resultado del amor propio. Cuanto más una persona experimenta momentos de amor propio, amistad consigo misma y apoyo interno, más fácil le resulta cultivar la creencia en sus fuerzas, en su capacidad de adaptación, en la variedad de respuestas que tiene disponibles frente a estímulos desafiantes y en su nivel de resiliencia frente a estados de dificultad, dolor y sufrimiento. Cuanto más se ama una persona, más cree en sí misma. Cuanto más cree en sí misma, su cuerpo y su psique responden en consecuencia y extraen de sí mismos amplias fuerzas de sanación. En general, cuanto más una persona cree en sí misma, mejor responde el entorno hacia ella, se abre, la nutre, la apoya y le permite descubrir caminos para cuidarse y obtener aquello que necesita.
En situaciones de crisis y de dolor, la persona recibe un mensaje claro de que algo no está bien. Las complicaciones, los malentendidos, la angustia, la opresión, las dificultades y la sensación de torpeza le comunican que algo en su vida no se está desarrollando de manera adecuada. Cuando una persona se ama lo suficiente, puede llegar a un estado en el que se formula con suavidad y paciencia preguntas como: “El problema que tengo ahora, esta dificultad, ¿qué viene a recordarme? ¿Qué mensaje intenta transmitirme en este momento?”. Una persona que se ama lo suficiente se recuerda a sí misma que, si existe un problema significativo, probablemente su propósito sea señalarle dónde aún falta amor propio y dónde todavía se está alejando de sí misma. Una persona que se ama lo suficiente verá el problema como una oportunidad y culpará menos al entorno y a los factores externos como responsables exclusivos de la crisis que atraviesa.
La sanación personal es un proceso natural y automático. No se supone que debamos activarlo ni dirigirlo. Ocurre por sí mismo. Nosotros, como personas que buscamos comprender qué es el amor propio, podemos ayudar a que la sanación natural ocurra creando las condiciones adecuadas. Podemos dejar de interferir, podemos cultivarla y brindarle seguridad. Pero no podemos activarla con solo presionar un botón ni exigir un tipo específico de sanación ni su ritmo. Todo lo que podemos hacer es desarrollar confianza en ella. Cuando existe amor propio y apoyo interno, podemos cultivar en nosotros una grandeza de espíritu que incluye humildad y sentido de proporción respecto de lo que somos capaces de hacer mediante planificación y comprensión, y respecto de lo que puede ocurrir por sí mismo.
No es sencillo convertirnos en los sanadores de nosotros mismos, porque la mayor parte del trabajo de sanación será realizada de manera espontánea y fuera de nuestro control por sistemas sofisticados con los que nacimos y de los que apenas somos conscientes.
Cuando el amor propio se fortalece, aprendemos a sentir dentro de nosotros una verdad simple y asombrosa. La psique humana sabe sanarse a sí misma y conducirnos hacia el crecimiento, el cambio y el desarrollo.
El rol de la persona consciente es ayudar a la psique a sanarse a sí misma una y otra vez. El rol de la persona consciente es preparar la tierra de la que brotan las cosas más maravillosas de la vida y enfrentar el miedo, la duda, el cinismo, la dependencia excesiva de la lógica, la crítica exagerada, el pesimismo y el escepticismo. Todas estas cualidades alejan a la persona de su capacidad natural de sanación. Todas ellas se reducirán de manera constante a medida que el amor propio se fortalezca y ocuparán un lugar cada vez menor en la conciencia humana y en la manera en que una persona se habla, se trata, se presenta y se percibe a sí misma.
En continuidad con lo descrito en los capítulos anteriores, podemos volver a ese niño interior que, por un lado, contiene la creatividad, la intuición y la imaginación, y por otro lado, alberga los traumas, las heridas y las marcas que influyen tanto en la psique. Ese niño interior, esa parte suave, inocente y liviana, es también la parte que conoce profundamente las capacidades de sanación personal de la psique humana. En otras palabras, cuanto más amor dirijamos hacia las partes que representan en nosotros los años de la infancia, la inocencia y el asombro, más oportunidades de sanación, cambio y liberación de problemas prolongados atraeremos a nuestra vida.
Conviene volver a subrayar lo que no es obvio. La sanación personal de la psique humana ocurre por sí misma, a un ritmo impredecible y de una manera que no puede planificarse de antemano. Incluso si nos consideramos personas sabias y sofisticadas, las profundidades de la psique siempre estarán un paso adelante, siendo más sabias, más holísticas y más precisas. No podemos decidir por ellas cómo será la sanación ni cómo se manifestará el cambio. Lo poco que podemos hacer es comprender nuestro lugar y nuestro rol con humildad y con una visión profunda de la manera en que las cosas realmente suceden.
Solo podemos ser ayudantes de nuestras fuerzas naturales de sanación, una especie de asistentes y apoyos que permiten que la parte profunda y sofisticada de la psique haga su trabajo sin interferencias, sin bloqueos y sin frenos. Cuando aprendamos a comprender este lugar de manera adecuada, sin arrogancia y sin intentar controlar la situación, podremos convertirnos en los sanadores principales de nosotros mismos, capaces de orientar la psique hacia el lugar correcto y de realizar, mediante una cooperación más adecuada, el potencial que existe en ella y en su expresión.
El amor propio nos ayudará a quitar de nuestros hombros una carga demasiado pesada y una responsabilidad excesiva por todo lo que ocurre, y nos ayudará a perdonarnos en lugar de volver a culparnos. La autoacusación crea una atmósfera falsa y poco confiable respecto de lo que sucede. El amor propio abrirá el camino hacia una reconciliación más rápida con nosotros mismos, hacia la empatía con los procesos que debemos atravesar y hacia una mayor capacidad de aceptar sin pánico los problemas y las fricciones de la vida. El amor propio nos otorgará el regalo de la sanación personal, una capacidad que existe en toda persona pero que rara vez se manifiesta en un entorno interno carente de amor.
Nosotros aportaremos nuestra parte del acuerdo. Nos ofreceremos amor y un espacio interno de apoyo y perdón. La psique, por su parte, nos recompensará con procesos de sanación personal cada vez más numerosos, a medida que se haga evidente que ya no tenemos intención de negarnos este milagro. Un milagro que, cuanto más nos amemos, menos nos parecerá extraño, sorprendente o excepcional.
Práctica
Lista de apoyos del amor propio
Elabora una lista de personas junto a las cuales te sientes cómoda contigo misma. Estas personas son apoyos de tu amor propio. Elabora una lista de lugares y situaciones en los que te sientes tranquila y segura contigo misma. Estos lugares y situaciones también son apoyos de tu amor propio. Es importante que los reconozcas, los cultives y aumentes su presencia en tu vida.
Lista de factores que reducen el amor propio
Elabora una lista de personas junto a las cuales, por cualquier razón, te sientes incómoda contigo misma. Estas personas reducen tu amor propio. Elabora una lista de lugares y situaciones en los que no te sientes cómoda contigo misma. Estos factores disminuyen tu capacidad de amarte. Es importante que los reconozcas y que encuentres la manera de reducir su influencia y su presencia en tu vida.
Evaluar tu atención a las influencias
Observa con atención las dos listas anteriores. La primera representa las fuerzas que apoyan tu amor propio. La segunda representa las fuerzas que lo reducen. Intenta evaluar. Dónde pasas más tiempo, en la primera lista o en la segunda. Qué puedes hacer para mejorar este equilibrio.
Capítulo 34: Optimismo. Una misión central para quienes practican el amor propio
Quiero ofrecerte una propuesta amistosa y generosa que vale la pena recordar. Una propuesta que te acompañará a todas partes y que con el tiempo se vuelve cada vez más rentable, especialmente para quienes comprenden cuán importante es el amor propio y cuán digno es el esfuerzo que invertimos en cultivarlo y fortalecerlo. Esta propuesta es uno de los fundamentos del espíritu humano positivo y saludable, y del poder del ser humano para generar cambios significativos que vuelven su vida y la de otros más buenas y más dignas.
Te propongo colocar tu optimismo de manera constante en un lugar muy alto dentro de tus prioridades, tus objetivos y tus valores. El optimismo es una de las herramientas más importantes que tiene el ser humano, y sin él la vida se vuelve más dura, más complicada, más frustrante y más dolorosa que la vida de quien ha reconocido la posibilidad y la capacidad de elevar el optimismo a un lugar central y estable en su existencia.
El optimismo es una misión central para las personas del amor propio, y es una de las razones principales de la emoción que rodea este camino. No estamos aquí solo para aprender a vivir mejor con nosotros mismos, sino para adquirir las herramientas correctas y eficaces para cultivar el optimismo. La presencia o la ausencia de optimismo determinará qué hacemos, qué elegimos, qué decidimos, hacia dónde podemos crecer y con qué podremos lidiar de manera más adecuada y más rápida.
Es importante aclarar que el optimismo no es una percepción distorsionada ni irrealista de la realidad. El optimismo no es una huida de la realidad ni un intento de pintar a la fuerza la vida difícil con colores rosados que no reflejan lo que existe. En absoluto. El optimismo es una capacidad y una elección que surgen de una base interna saludable y positiva para ver los aspectos alentadores y esperanzadores dentro de la realidad.
La persona optimista, adulta y desarrollada no ignora los problemas, los dolores, los peligros ni los miedos. No intenta escapar de un estado de ánimo pesimista de manera forzada. Aprende a ver los destellos de luz dentro de la oscuridad sin negar la existencia de esa oscuridad. Ve lo que existe, pero lo interpreta de otra manera. Comprende con claridad lo que está ocurriendo, pero no se apresura a desesperarse ni a huir hacia un estado sombrío que refleja impotencia, incapacidad y falta de vías creativas para enfrentar la realidad.
El optimista es la persona más valiente y más inspiradora, porque no se apresura a despedirse de sí mismo ni de la situación, y continúa buscando, a pesar de la dificultad, razones para creer que las cosas pueden mejorar.
El optimismo es la fuerza que impulsa la creatividad humana, la sofisticación, la originalidad y la aspiración al desarrollo y a los cambios positivos. Cuando no hay optimismo, nos resulta muy difícil movernos, intentar, enfrentar desafíos y ofrecer al mundo nuestras partes más buenas y más saludables al tratar los retos de nuestra vida. Sin optimismo no vemos el horizonte hacia el cual podemos avanzar, un horizonte en el que las cosas son más valiosas y más dignas. Sin optimismo, nuestras posibilidades se reducen, y junto con ellas, las herramientas disponibles para la autorrealización y para muchas otras cosas que deseamos recibir en la vida.
El optimismo, a diferencia de lo que muchos piensan, es una habilidad y una capacidad que puede y debe cultivarse. El optimismo no surge espontáneamente solo en algunas personas afortunadas. Puede desarrollarse a través de un trabajo personal que siempre incluye la tarea de aumentar el amor propio, ahora y en el futuro. El optimismo es un tipo de músculo que puede fortalecerse. Cuando no lo hacemos, la persona se ve inundada por un pesimismo cínico que todos hemos conocido en nosotros mismos y también hemos encontrado en otros.
Aquellas personas que afirman con vehemencia que el amor propio es algo tonto y demasiado espiritual, algo que solo cultivan personas extrañas, abrazadores de árboles o individuos desconectados de la realidad, suelen afirmar con el mismo grado de convicción interna que el optimismo es patrimonio exclusivo de los ingenuos. Según ellos, el optimismo pertenece a quienes no comprenden lo que realmente ocurre, a quienes ignoran los problemas reales, huyen del afrontamiento y evitan supuestamente el trabajo duro y gris de la vida. Estas personas no advierten que sus argumentos son débiles y que la verdad es exactamente la contraria. Será muy difícil, si no imposible, convencerlas de su error. Pero al menos es importante que nosotros, quienes practicamos el amor propio, comprendamos qué es lo correcto y quién tiene razón.
Como se ha dicho, la verdad es exactamente la opuesta. El pesimismo es el refugio de los más débiles. El pesimismo es un lugar de miedo al que huyen personas que son demasiado perezosas para cultivar sus cualidades positivas, encabezadas por el amor propio. El amor propio, el amor en general, la esperanza y el optimismo son riesgos que algunas personas evitan asumir por temor a que algo no funcione. Temen el dolor del amor, y por eso huyen de él. Temen al fracaso o a la pérdida, y por eso no toman riesgos. Temen cultivar esperanza por miedo a la decepción. Temen al optimismo porque exige coraje, determinación y la capacidad de enfrentarse a un entorno que intenta convencerlos de que las cosas no pueden mejorar más allá de lo que la sociedad ha planificado para ellos.
El dolor que estas personas experimentaron cuando, en algunas ocasiones, el optimismo no se justificó, les presenta una supuesta prueba de que no tiene sentido esperar ni aspirar a que las cosas estén bien, porque estarán mal. Estas personas son las que pierden amplias partes de lo que la realidad ofrece de manera auténtica. Son quienes reducen su vida a un rango estrecho, sin riesgos y sin oportunidades, en el que su pesimismo se confirma a sí mismo, y el optimismo de otros se percibe como algo extraño, amenazante y peligroso. No poseen suficiente amor propio para cuestionar la situación en la que se encuentran. No poseen suficiente amor propio para comprender que ellos mismos crearon esta realidad distorsionada en la que el pesimismo ocupa mucho más espacio que el optimismo.
Los defensores de la psicología positiva sostienen que efectivamente es así y que conviene adoptar patrones de pensamiento más optimistas y eliminar de nuestra conciencia los componentes pesimistas, cínicos y carentes de esperanza, ya que el optimismo es más saludable y beneficioso para la persona. De este modo se ha extendido entre muchas personas la conciencia de que vale la pena acostumbrarse a pensar en positivo para que las cosas resulten positivas.
Sin embargo, muchas veces esto no funciona porque no es suficiente. Mientras no creemos en nosotros una base emocional para el pensamiento positivo y el optimismo, no lograremos arraigar estos hábitos en nuestra conciencia. Estos hábitos se desmoronarán y desaparecerán con la primera crisis que nos golpee o cuando experimentemos un estado de ánimo sombrío, crítico y poco amable.
En otras palabras, mientras la psique no atraviese un cambio cuyo significado sea el ablandamiento y la conexión profunda con el amor natural que existe en su interior, no será posible adoptar hábitos de optimismo a largo plazo. El amor propio nutre el optimismo y permite que crezca y se mantenga estable frente a los numerosos estímulos negativos. El amor propio es una parte inseparable del optimismo, y el optimismo es una parte inseparable del amor propio. Estos dos factores son expresiones elevadas de la psique humana y constituyen la manera más saludable, exitosa y gratificante de vivir. No serán comprendidos ni aceptados por quienes aún no los han integrado. Cuando ambos existen en nosotros, son los principales indicadores de que estamos desarrollando nuestra psique de manera adecuada y alimentándonos con los materiales más nobles.
Práctica
Preparación para una crisis familiar
Las crisis han existido y existirán, pero con herramientas de amor propio es posible reducir significativamente su costo. Escribe una carta de amor, apoyo, reconocimiento y aliento que leerás en el futuro durante una crisis relacionada con vínculos familiares. Influir hoy en el futuro que llegará.
Preparación para una crisis de salud
Tal vez en el futuro tu cuerpo deba enfrentar una enfermedad, no necesariamente una enfermedad grave. En cualquier caso, necesitarás mucho apoyo emocional, apoyo que puedes preparar desde ahora. Escribe una carta de amor, compasión, comprensión y abrazo a tu yo futuro, para cuando te sientas mal físicamente. Cuando llegue ese día, abre la carta y léela para ti misma. Será una ayuda valiosa.
Preparación para una crisis general
Lamentablemente, crisis de muchos tipos pueden visitarnos. A veces una crisis económica, a veces una crisis de confianza, a veces una crisis de pérdida o separación. Son parte del paisaje de nuestra vida. Conviene elegir no ignorarlas y prepararnos con amor propio. Escribe una carta de amor, aliento, contención y apoyo dirigida a ti misma, destinada a cualquier tipo de crisis que no esté relacionada con la familia ni con la enfermedad. Derrama palabras positivas y alentadoras, porque la crisis es temporal, especialmente cuando se la trata de manera adecuada. Cuida tu futuro desde hoy.
Capítulo 35: Hacer la paz dentro de mí para salir al mundo con un mensaje claro
La palabra “paz” se escucha con frecuencia en nuestra región, y suele reflejar una situación demasiado compleja, demasiado confusa y a veces incluso imposible. Cuando hablamos de amor propio y del precio que pagamos por su ausencia, el concepto de “paz” y también todo lo que se le opone pueden definirse con mayor claridad y conducir a pasos prácticos que cualquier persona puede dar para contribuir a la reducción de la violencia en su entorno.
En distintos lugares del mundo las personas luchan unas contra otras, se matan, se persiguen y utilizan una gran creatividad para dañar o vengarse de otros. A veces la especie humana es singular y diferente del resto de las criaturas en el hecho de que daña a miembros de su propia especie de una manera especialmente severa.
Los seres humanos son el mayor peligro para los seres humanos. Esto contradice por completo la regla básica sobre la cual se fundamenta la supervivencia de las especies en la naturaleza, que indica no dañar ni matar, salvo cuando es absolutamente necesario y en circunstancias muy específicas, a miembros de la misma especie. El daño que una persona causa a otra persona es una forma de torpeza evolutiva, de irresponsabilidad y de autodaño. El asesinato de un ser humano por otro ser humano es una forma de suicidio.
Cómo ocurrió que los seres humanos, las criaturas más sofisticadas, se comportaran desde el inicio de su existencia de una manera que contradice de forma tan burda leyes naturales primarias. Dónde perdimos el código esencial que permite a las personas sentir seguridad en la cercanía de otros seres humanos y que nos llevó a desconfiar unos de otros en lugar de apoyar nuestras necesidades grupales e individuales.
Si examinamos este fenómeno en relación con el amor propio, podemos identificar varios factores que explican cómo una persona puede llegar a un nivel tan bajo y a conductas que avergüenzan su sabiduría, su creatividad, su espíritu y sus acciones.
Un principio básico de la teoría psico creativa, que se apoya entre otras cosas en la comprensión del amor propio como un componente esencial de la calidad de vida humana, es que cuando no cultivamos en nosotros una cualidad determinada, su opuesto se instala en nuestro interior. Si no cultivamos suficientemente el optimismo, sufriremos de pesimismo, cinismo y desconfianza. Si no cultivamos nuestro entusiasmo, sufriremos de pesadez, falta de visión y dificultad para realizar ideas interesantes. Si no hacemos crecer el amor dentro de nosotros, habitarán en nosotros el miedo y las guerras internas entre distintas partes de nuestra personalidad.
Una persona que se ama a sí misma no es capaz de dañarse a sí misma ni a otros, y por supuesto no de manera intencional. Cuanto más crece el amor propio, más difícil le resulta a la persona dañar a otros, porque el amor propio no solo mejora la relación de la persona consigo misma, sino que también mejora su relación con el entorno. Cuanto más se ama una persona, más siente que el otro es parte de ella y que ella es parte del otro. Por eso le resulta claro que cualquier daño que cause a otra persona es en realidad un daño que se causa a sí misma.
De aquí podemos deducir que una persona que daña a otros, desea dañarlos o teme que otros la dañen, se encuentra en una carencia esencial de amor propio. El amor propio neutraliza las partes de la conciencia que se basan en la violencia, ya sea real o potencial. Cuanto más se ama una persona, menos inundada está por miedos exagerados, y más se aferra a la esperanza y a la conexión con otras personas, incluso con aquellas que en el pasado fueron consideradas peligrosas, enemigas o dañinas.
La palabra “paz” refleja la transformación y la sanación que una persona necesita realizar cuando desea alejarse de las zonas de violencia que existen en su interior y conectarse con contenidos de amor, conexión, esperanza y creación compartida.
La palabra “paz” está vinculada, según las reglas de nuestro recorrido, al amor propio mediante un lazo fuerte e inseparable. Mientras nos encontremos en un conflicto con características violentas con otra persona o con otro grupo, es señal de que carecemos de amor propio y estamos sometidos a lo que ocurre cuando este falta en nuestro interior.
Mientras estemos involucrados física o emocionalmente en un estado de hostilidad persistente, sospecha y miedo al encuentro con ciertas personas, es señal de que en ese punto existe una guerra interna entre partes nuestras y nuestra estructura emocional. Esa guerra interna refleja una carencia significativa de amor propio e incluso una adicción a ese estado, al roce incómodo con nosotros mismos, que luego se refleja como roce con las personas que nos rodean.
“Paz interior” es un concepto que quizá ya hayas escuchado. “La paz comienza dentro de mí” es un lema conocido. Estos conceptos adquieren significado solo cuando se vinculan y se conectan con la misión del amor propio, que es el compromiso más elevado del ser humano. Aquí podemos comprender por qué.
El precio que pagamos por la escasez de amor propio incluye también aquello que ni siquiera imaginamos, el daño de una persona hacia otra. Mientras no reconozcamos el camino del amor propio que más que nada nos ayudará a abandonar las opciones de daño mutuo y a buscar en su lugar caminos constructivos, valientes y creativos hacia el diálogo, los acuerdos, los consensos y el trabajo conjunto, no alcanzaremos la paz interior.
Siempre es posible culpar al otro y afirmar que es más dañino, más desconfiado o más violento. Siempre es posible decir que los otros comenzaron y que nosotros solo nos defendemos. Somos sofisticados e inteligentes y siempre encontraremos un argumento convincente que explique por qué no tenemos control sobre la violencia que nos rodea, y que si los otros reaccionaran de otra manera todo estaría bien. Esto es una mentira burda y una gran irresponsabilidad de nuestra parte.
Cuando hagamos crecer el amor propio y cuando más personas lo hagan, la conciencia humana rechazará de plano la opción de la guerra, porque las personas no querrán dañarse a sí mismas dañando a otros. Este es el mensaje claro que se envía desde mí, desde ti y desde muchas personas, cuando el amor propio crece dentro de nosotros. Terminemos la guerra con nosotros mismos y avancemos hacia una era nueva y más saludable, en la que también finalicen las guerras con todos nuestros hermanos y hermanas humanos, porque así es más correcto y mejor vivir.
Práctica
Lo que no amo de mí 1
No importa cuánto cultivemos el amor propio, habrá momentos, situaciones y períodos en los que sentiremos que hay cosas en nosotros que no nos gustan. Intentemos trabajar con ello. Busca las partes de ti que no te gustan y que están relacionadas con tu trabajo. Elabora una lista lo más detallada posible.
Lo que no amo de mí 2
Sin duda existen en ti aspectos que no te gustan en el ámbito emocional, romántico, parental, familiar y social. Intenta detallar lo más posible los factores que te gustaría que no existieran, que cambiaran o que se desarrollaran de otra manera en estos ámbitos.
Lo que no amo de mí 3
Ahora sonríe y decide que tienes la intención de amar de manera abundante y sin límites aquello que has mencionado en los dos apartados anteriores. Escribe todos los elementos en una columna, uno debajo del otro. Luego escribe para cada elemento una respuesta amorosa, como la respuesta de una madre que ve a su hijo no arreglárselas y se acerca a él con gran amor y con una sonrisa que transforma el problema en algo mucho más pequeño.
Capítulo 36: Entusiasmarse, experimentar, saltar del acantilado y disfrutar de la caída segura
Llegamos al final, pero en realidad no es un final completo. El último capítulo de este libro tiene como propósito despertar la conciencia respecto a la enorme importancia del amor propio y del trabajo necesario para cultivarlo. Este libro pertenece al tipo de libros que brindan conocimiento y herramientas por la “puerta trasera”, lo que significa que algo se transforma en el alma de la persona que lee y practica con los materiales del libro, sin que siempre sea plenamente consciente de ello.
El amor propio es un camino de vida y el compromiso más elevado. El amor propio es la cima de las emociones, así como la cima de las experiencias espirituales. A pesar de su importancia y de las consecuencias esenciales de su presencia o de su ausencia, el amor propio es muy accesible, práctico, claro y cercano al alcance de cualquier persona. Así como se nos exige cultivar toda relación que deseamos conservar, mediante acciones, iniciativas, atención, afrontamiento y actualizaciones constantes, así también debe ser la relación que una persona tiene consigo misma.
Las sonrisas frente al espejo no son un asunto menor. Son el recordatorio cotidiano del amor propio, un gesto simple y a la vez transformador de la realidad. Es necesario sonreír frente al espejo, porque si no lo hacemos, la imagen que vemos no transmite nada al mundo, y ciertamente no transmite amor ni algo parecido. Y no solo sonrisas frente al espejo, sino también la elección del amor propio, de la protección hacia uno mismo, del apoyo hacia uno mismo, del perdón hacia uno mismo, de la empatía hacia uno mismo y de la compasión hacia uno mismo. Todas estas expresiones y muchas más son los factores necesarios para sostener y fortalecer el amor propio. Este camino nunca termina, a menos que deseemos con fuerza deteriorarnos hacia lugares en los que olvidamos el sabor del amor verdadero y también nos enojamos con otros porque no nos lo brindan.
El amor propio nos da vida. Una vida sin entusiasmo es una vida muy parcial. Si no experimentas de vez en cuando entusiasmo por algo, es señal de que existen zonas apagadas en tu alma en las que no te permites la libertad de dejarte llevar y volar hacia lugares mejores y más valiosos. El amor propio es el combustible y la nutrición indispensables para que una persona se permita entusiasmarse y disfrutar de la intensidad de la experiencia en momentos en los que la adrenalina fluye y la energía se eleva.
Una vida sin experiencias, sin intentos y sin experimentación es una vida limitada, cerrada y poco satisfactoria. El rol del ser humano es experimentar una variedad de vivencias, aunque no esté obligado a experimentar todo lo que existe en el mundo. Gran parte del crecimiento personal, del aprendizaje y del desarrollo está directamente relacionada con la experiencia, con probar, con el ensayo y error, con los fracasos que siguen a intentos audaces, con el encuentro con lo diferente y lo extraño, y con caminar también por senderos que no todos transitan.
El amor propio es lo que otorga la legitimidad y el impulso para experimentar y probar. Cuando una persona sabe que existe dentro de sí apoyo y una red de seguridad que perdonará y acariciará incluso en casos de fracaso, entonces se atreverá a experimentar más, a estirar sus límites, a ampliar sus horizontes, a tener éxito y a fracasar, a destacarse y a ser promedio, a gastar y a ahorrar, a confundirse y a estar enfocada. El amor propio nos dará luz verde para todas las posibilidades y nos conducirá al reconocimiento de que la experiencia de todas estas cosas, y de muchas otras, más o menos agradables, es necesaria para nuestro crecimiento, para la sanación de nuestros dolores y para la realización de nuestros deseos manifiestos y ocultos.
Una persona que no experimenta lo suficiente se parece a alguien que decide no avanzar hacia la siguiente estación de un viaje. La experiencia permite a la persona comprenderse mejor a sí misma y a su vida. Nada reemplazará la experiencia directa en el mundo material, ni conferencias, ni libros, ni pantallas que ofrecen una realidad virtual. Nada reemplazará la emoción de la experiencia real. Nada se asemeja a los procesos emocionales y al afrontamiento directo cuando una persona experimenta, se encuentra, roza, se mezcla, se ensucia y se expone.
Para que todo lo mencionado aquí pueda existir, necesitamos una dosis cada vez mayor de amor propio. Todo aquello que no tomamos ni recibimos de la vida, aun cuando lo necesitábamos, permaneció lejos de nosotros porque no había suficiente amor propio dentro de nosotros para sostener el riesgo, la toma de decisiones y la salida al camino sin demorarnos en exceso. Cuando el amor propio está presente, sabemos que el riesgo no es tan grande como pensamos, porque siempre existe dentro de nosotros un hogar cálido al cual regresar, el hogar que construimos y fortalecemos a través de nuestro amor propio.
Y sí, a veces necesitamos saltar del acantilado. A veces debemos confiar en que cosas buenas ocurrirán como resultado de un acto audaz, incluso cuando no tenemos certeza plena respecto de los resultados que traerá. A veces debemos dejar a alguien o algo a pesar de la incomodidad. En ocasiones debemos decidir rápidamente sobre un viaje o sobre estudios, sin tener herramientas para evaluar las consecuencias de la elección. A veces debemos ser un poco más impulsivos, así como otras veces debemos ser un poco más prudentes. De vez en cuando debemos hacer algo pronto que la mayoría de las personas aún no es capaz de hacer, pero que en nosotros ya grita, incluso si no recibimos apoyo ni aprobación del entorno.
A veces debemos saltar del acantilado y descubrir después de algunos golpes que el paracaídas efectivamente se abrió y que una realidad mejor nos espera abajo. Pero si nunca saltamos, nunca lo sabremos. No podremos evaluar lo que sucederá solo observando desde arriba, y el futuro permanecerá incierto. Simplemente tendremos que saltar. Y si no saltamos, sufriremos la postergación, aunque mediante el amor propio podremos recibir nuevas oportunidades.
El amor propio está aquí para alentarnos a convertirnos en personas más sanas y mejores de acuerdo con nuestros objetivos internos. El amor propio no es solo el cultivo de una buena relación con nosotros mismos, sino un fundamento indispensable en el camino para convertirnos en aquello que solo soñamos ser. El potencial maravilloso que existe en nuestra genética solo puede realizarse si el amor propio está presente y nos permite experimentar, entusiasmarnos y saltar del acantilado cuando es necesario.
No existe ni existirá amor verdadero en ausencia de amor propio. En todo lugar donde falta el amor propio, la persona se daña a sí misma y cae en adicciones. En ausencia de amor propio, el miedo y las preocupaciones aumentan, los frenos se fortalecen y la ilusión de incapacidad, el pesimismo y la impotencia crecen. Cuando no hay amor propio, creemos que somos personas prácticas, normales, no excepcionales ni locas, pero en lo profundo llegamos a un lugar doloroso, estancado y mucho más complejo.
Esta es tu elección y esta es tu oportunidad. Cada gramo de amor propio te ahorrará cien gramos de dolor y sufrimiento. Cada gesto de consideración y de protección hacia ti misma te acercará a personas más profundas, más elevadas y más sanas emocionalmente. Junto a ellas crearemos poco a poco una comunidad basada en el amor más primario y más importante de todos, el amor propio, aquel que de manera natural fluye hacia afuera y transmite con alegría el mensaje de amor entre las personas.
Práctica
Sonrisas frente al espejo 7
Sí, esta herramienta fue mencionada aquí muchas veces. El gesto simbólico, inmediato y cotidiano que tanto determina la realidad es un medio al que vale la pena entregarse. Tal vez convenga llevar en el bolso un pequeño espejo de amor propio. Tal vez sea adecuado practicar cada noche un minuto continuo de sonrisa frente al espejo. Estas son decisiones que tomarás contigo misma.
Resumen del proceso
Cuanto más te entregaste al trabajo de este libro, más avanzaste en tu capacidad de amor propio. Recuerda que el progreso en este ámbito es infinito. Como quien escribe el camino que ha recorrido, escribe para ti misma lo que ocurrió aquí, lo que aprendiste, lo que cambiaste y lo que aún está lejos de ser satisfactorio. Escríbelo todo.
Regalo de cierre
Te lo mereces, lo ganaste con honestidad. Entrégate un regalo de cierre que refleje el respeto y la valoración hacia ti misma. Un regalo que te haga feliz. Tal vez quieras invitarte a una buena comida. Tal vez tengas ganas de consentirte y comprarte una prenda nueva. Marca este acontecimiento. Marca el crecimiento de tu amor propio.